
La paradoja de la rusticidad: ¿Por qué el calor sigue siendo un reto?
Aunque el cerdo ibérico gestiona mejor el calor ambiental que un cerdo convencional, su propia genética le puede jugar en contra en condiciones extremas: su tendencia natural a acumular grasa subcutánea puede actuar como un "abrigo" que dificulta la disipación del calor interno.




































































































