En el oeste del estado brasileño de Paraná, una de las regiones con mayor producción porcina del país, el aumento de la producción porcina ha traído consigo un desafío proporcional: la gestión y la correcta valorización de las deyecciones.
La elevada concentración de granjas y la falta de superficie disponible para una adecuada aplicación de los purines limitaban la expansión de la actividad en la zona. En este contexto, la Cooperativa Agroindustrial Primato, en colaboración con MWM, filial de Tupy, desarrolló el proyecto Suíno Verde.

En las granjas de cebo, los animales pueden generar entre 3 y 15 litros de deyecciones al día, en función de su peso —desde aproximadamente 23 kg al inicio hasta 130 kg al final— en un ciclo medio de 100 días. Por su parte, las cerdas reproductoras, que mantienen un peso más constante, producen alrededor de 30 litros diarios por animal. En granjas con miles de cabezas, este volumen representa un importante pasivo ambiental.
De la granja a la planta de biogás: un ciclo circular
La cooperativa cuenta actualmente con 170 granjas integradas, de las cuales 28 son de reproductoras, 13 de transición y 129 de cebo. Para el proyecto, sin embargo, las deyecciones se recogen en 23 unidades.
El proceso comienza con la recogida de las deyecciones en las granjas. La gestión la realiza la planta, que organiza la retirada semanal en función de la fase productiva de los animales. En el caso de lechones, es necesario realizar una carga cada dos días; en la fase final, las recogidas pasan a ser diarias. La distancia media de recogida es de 10 km, pudiendo alcanzar un radio de hasta 22 km desde la planta de biogás.
Los camiones que recogen las deyecciones se abastecen con el propio biometano generado en el proceso, lo que reduce significativamente los costes frente al uso de gasóleo.
En la planta de biogás, situada en Ouro Verde do Oeste, las deyecciones pasan por una primera etapa de separación líquido/sólido y posterior envío a los biodigestores. Es allí donde se produce la digestión anaerobia —un proceso biológico en el que microorganismos descomponen la materia orgánica en ausencia de oxígeno—, dando lugar a la producción de biogás, compuesto principalmente por metano (CH₄) y dióxido de carbono (CO₂).

El biogás es captado y conducido a la estación de purificación. Una parte se utiliza para generar energía eléctrica y térmica. Otra fracción se somete a un proceso de refinado que elimina el CO₂ y aumenta la concentración de metano, dando lugar al biometano, utilizado para abastecer los camiones de la Flota Verde —actualmente, dos destinados a la recogida de deyecciones y tres a la distribución de pienso.
El CO₂ separado también se aprovecha, destinándose principalmente a la industria cárnica para el aturdimiento de los animales previo al sacrificio, y a la industria química para la producción de urea. Por su parte, el digestato, fracción resultante de la digestión anaeróbica, se transforma en biofertilizante, aplicado en cultivos como maíz, soja y trigo.
Estos insumos devuelven nutrientes esenciales al suelo de forma equilibrada, reduciendo la dependencia de fertilizantes minerales y mejorando la eficiencia en el uso de los recursos.
Resultados ambientales y económicos
Con la implantación del Proyecto Cerdo Verde y la posibilidad de retirar y tratar las deyecciones, las autoridades ambientales comenzaron a autorizar el aumento progresivo del censo porcino, desbloqueando el crecimiento del sector en la zona.
En el transporte, la sustitución del gasóleo por biometano reduce, de media, hasta 62 toneladas de CO₂ por camión y año. Con una flota de 10 vehículos, el potencial de mitigación supera las 490 toneladas anuales. Además de los beneficios ambientales, el uso de este combustible renovable genera un ahorro directo, reduciendo hasta en un 40% los costes operativos.

En las superficies agrícolas, el uso de fertilizantes orgánicos ha mejorado la estructura y la fertilidad del suelo, incrementando la productividad de los cultivos y reduciendo la dependencia de fertilizantes de síntesis.

Por otro lado, la digestión anaerobia elimina malos olores y reduce de forma drástica la presencia de insectos y patógenos.
Todos estos avances hacen que la actividad resulte más atractiva para las nuevas generaciones de productores.
La cooperación como motor de sostenibilidad
El proyecto Suíno Verde va más allá de la innovación tecnológica: consolida un modelo cooperativo de economía circular. La integración entre productores, industria y cooperativa genera un flujo continuo de valorización de las deyecciones y reparto de los beneficios obtenidos. Esta estructura colectiva permite realizar inversiones y asegurar que los resultados reviertan en el territorio.
La tecnología se ha adaptado a las características de la producción porcina regional, priorizando la simplicidad, la seguridad y la eficiencia energética. A Primato le corresponde estructurar la logística de recogida, transporte y destino final, garantizando la sostenibilidad económica del proceso. El equilibrio entre innovación y cooperación convierte este modelo en replicable en otras regiones, reforzando la integración entre bioenergía y producción animal.
Energía limpia y permanencia en el medio rural
De cara a la expansión del proyecto, Primato prevé construir dos nuevas plantas de producción de biogás antes de 2027. Con instalaciones ubicadas cada 20 km, la distancia máxima de recogida se reduciría a unos 10 km por planta, disminuyendo los costes logísticos y mejorando la eficiencia. El modelo contempla que el coste de recogida siga repartiéndose a partes iguales entre los tres actores —Primato, planta y productor porcino, con un 33% cada uno. Las nuevas unidades funcionarán íntegramente con biogás, reforzando la autonomía energética y acelerando la descarbonización de la actividad.

