El año 2025 se caracterizó por una fuerte expansión de la producción de carne de cerdo en la región. El rendimiento de los principales países ratificó esta tendencia con tasas de crecimiento positivas que consolidaron un volumen total superior a los 9,5 millones de toneladas (Mt), lo que representa un incremento del 4,6% frente a 2024. En cuanto al comercio internacional, las importaciones alcanzaron cerca de 2,3 Mt, con un crecimiento del 11,3% respecto al año anterior; por su parte, las exportaciones aumentaron un 7,1%, ubicándose en 1,9 Mt. El consumo aparente regional alcanzó los 10 Mt y estuvo compuesto en un 77% por producción interna y un 23% por producto importado.

Gráfico 1: Resultados y balance de las variables fundamentales del sector porcino latinoamericano en 2025, variaciones anuales.
Elaborado por el Departamento de Economía y Sostenibilidad de 333 Latinoamérica con datos de IBGE, SIAP, SAGyP, Porkcolombia y ODEPA
A continuación, se presenta el análisis técnico de los indicadores clave para los principales productores latinoamericanos, detallando los factores determinantes y las tendencias que marcaron el ritmo de la actividad en 2025:

Brasil: En 2025, la producción porcina brasileña experimentó un crecimiento excepcional, consolidándose como el tercer mayor exportador mundial tras alcanzar un récord histórico de exportaciones con 1,48 Mt, destinadas principalmente a mercados clave como Filipinas, China y Chile. Este dinamismo estuvo acompañado de una producción en firme expansión que llegó a 5,56 Mt. Asimismo, el mercado interno reafirmó su solidez con un incremento en el consumo aparente del 1,9%, y aunque las importaciones crecieron de manera importante, su volumen general siguió siendo muy marginal en comparación con el resto de la industria.
México: La producción porcina mexicana destacó en 2025, alcanzando un récord histórico de producción de 1,92 Mt y refiriendo un crecimiento sólido del 6,0% que superó a las carnes de ave y bovino. Paralelamente, el país enfrentó un flujo sin precedentes de importaciones (1,91 Mt), provenientes mayoritariamente de Estados Unidos y Canadá, destacando el sorprendente avance del 76,8% en las compras a Brasil. Por otra parte, ante la disminución de las exportaciones, el mercado operó con una oferta robusta que permitió que el consumo aparente creciera un 9,3%; posibilitando el ascenso del consumo per cápita a 23,5 kg/habitante.
Argentina: Durante 2025, la producción porcina argentina vivió una etapa de expansión marcada por una producción que superó las 810.000 toneladas (t). Este crecimiento fue impulsado por la fuerte demanda interna, que elevó el consumo aparente a más de 870.000 t y con el que se estimó un consumo per cápita promedio de 18,9 kg/habitante. En cuanto al comercio internacional, observamos que las exportaciones retrocedieron un 14,9% en volumen, mientras que las importaciones crecieron de manera importante, manteniendo así el déficit comercial característico de los últimos años y aumentando la presencia de producto importado en el mercado interno, el cual pasó a representar el 6,3% del consumo aparente.

Gráfico 2: Producción de carne de cerdo en 2025 para los principales países de Latinoamérica y total regional, variaciones anuales.
Elaborado por el Departamento de Economía y Sostenibilidad de 333 Latinoamérica con datos de IBGE, SIAP, SAGyP, Porkcolombia y ODEPA
Colombia: El sector cerró 2025 con un avance histórico y un dinamismo generalizado, impulsado principalmente por la fortaleza de la demanda. En ese sentido, la producción de carne de cerdo creció un 9,1%, superando las 660.000 t, en tanto que, el consumo aparente sobrepasó las 840.000 t, dando cuenta de un consumo per cápita de 15,8 kg/habitante. A pesar de que las importaciones aumentaron un 6,6%, la producción nacional mantuvo una participación del 79% en el consumo total.
Chile: El sector porcino chileno mostró una producción estable, caracterizado por un fortalecimiento del mercado interno pese a una ligera contracción en el comercio internacional. De hecho, se registraron incrementos moderados en la producción de carne de cerdo, que alcanzó cerca de 590.000 t. En contraste, tanto las importaciones como las exportaciones experimentaron leves caídas del 1,8% y 3,4%, respectivamente. Este escenario impulsó y ratificó una expansión sostenida de la demanda interna, llevando el consumo aparente a las casi 460.000 t, donde la producción nacional aumentó su cuota con un 71,9% de participación.
Proyecciones para 2026
Los resultados consolidados de 2025 reflejan un crecimiento estructural en la capacidad productiva de la región, el cual guarda una correlación directa con el fortalecimiento del consumo interno, a pesar del elevado flujo de importaciones. Este escenario, sumado a la trayectoria ascendente del sector porcino latinoamericano, establece una base sólida para proyectar la producción de carne de cerdo a corto y medio plazo.
De acuerdo con nuestros modelos econométricos para el cierre de 2026, las expectativas de producción para los principales mercados de la región continúan siendo muy positivas, con un volumen agregado para Latinoamérica proyectado en 9,85 Mt. A continuación, se detallan los indicadores y factores clave por país:

Gráfico 3: Proyecciones 333 LATAM para la producción de carne de cerdo en 2026 en los principales países de Latinoamérica y total regional. Cifras en toneladas y crecimiento porcentual estimado respecto a 2025.
Elaborado por el Departamento de Economía y Sostenibilidad de 333 Latinoamérica con datos propios
Brasil: Continuaría consolidándose como potencia productiva y exportadora a nivel global, alcanzando una producción estimada de 5,7 Mt. Se espera que el gigante sudamericano fortalezca su presencia en mercados estratégicos del Sudeste Asiático, lo que le permitiría compensar la menor demanda proyectada de China. Esta producción estaría respaldada por ventajas competitivas clave, como las excelentes previsiones para las cosechas de maíz y soja para la nueva campaña. Esto no solo mantendría estables los costes de producción, sino que garantizaría márgenes favorables para los productores.
México: La demanda interna seguiría actuando como el principal motor del sector, impulsando tanto la producción nacional (que se proyecta en 2,0 Mt) como las importaciones. No obstante, las compras externas podrían enfrentar un "freno" debido a recientes modificaciones en la política comercial, destacando las cuotas de importación libre de arancel para Brasil y la imposición de impuestos a países sin tratados de libre comercio (TLC). A esto se suman las investigaciones antidumping y antisubvenciones contra las importaciones de jamones y paletillas de Estados Unidos. Esta coyuntura podría incentivar un efecto sustitución de importaciones y dar un impulso adicional a la industria nacional, a pesar de la presión sanitaria que ejercen enfermedades endémicas como el PRRS.
Argentina: Las medidas gubernamentales orientadas al entorno macroeconómico y al comercio internacional mantendrían un impacto positivo, proyectando una producción de 876.000 t. La alta competitividad de la carne de cerdo frente a la bovino y ave (tanto en precio como en preferencia del consumidor) sugiere que el volumen de importaciones podría aumentar para cubrir la creciente demanda. Asimismo, tras lograr nuevas admisibilidades sanitarias en 2025, se prevé una recuperación en el volumen de exportaciones para este 2026.
Colombia: Se esperaría que el sector mantenga un crecimiento moderado, con una producción que alcanzaría las 686.000 t. No obstante, la atención se centra en la coyuntura de precios pagados al productor, la cual está presionando considerablemente los márgenes de ganancia de los productores y podría desequilibrar el mercado.
Chile: El panorama apunta a la estabilidad productiva, situándose en 600.000 t. Se estima que cerca del 40% de la producción se dirigiría al mercado internacional, mientras que las importaciones continuarían al alza para compensar la brecha de la demanda interna y así garantizar el abastecimiento del mercado local.
El complejo entorno geopolítico y sus riesgos de oferta
Si bien el panorama y proyecciones presentadas anteriormente vislumbra un horizonte positivo para la región, el escalamiento y prolongación del conflicto entre Estados Unidos e Irán en 2026 podría generar un choque de oferta crítico para la producción porcina latinoamericana, impulsado por la volatilidad en los precios de la energía y el encarecimiento de los recursos. De hecho, el incremento de los precios del petróleo y el gas natural tiene una relación directamente proporcional con el coste de los fertilizantes nitrogenados y el transporte en general, lo cual presionaría al alza el valor del maíz y la soja a pesar de la abundante disponibilidad global. Esta distorsión logística, se agravaría por la inestabilidad en las rutas comerciales marítimas clave como el Estrecho de Ormuz, lo que finalmente convergería en una caída de la rentabilidad del sector y por ende en una reducción significativa de los márgenes de utilidad de los productores regionales.

Asimismo, a nivel macroeconómico, la incertidumbre global generada por la guerra fortalece al dólar como activo de refugio, generando la devaluación de las monedas locales y encareciendo la importación de recursos clave para el sector como la genética, los núcleos nutricionales, la tecnología, entre muchos otros. Igualmente, las presiones inflacionarias derivadas del conflicto obligarían a los bancos centrales a mantener sus tasas de interés elevadas, lo que limitaría el acceso al crédito y frenaría los proyectos de inversión, como por ejemplo en infraestructura o ampliación del censo porcino. Esta combinación de factores configura un escenario muy difícil para el sector que exige una gestión técnica y financiera óptima que permita mantener la competitividad en tiempos de crisis.
A modo de conclusión
El balance de 2025 ratifica que la producción porcina latinoamericana atraviesa un ciclo de expansión estructural, impulsado por una producción sólida, una mayor participación en el mercado internacional y un consumo interno que crece sostenidamente. Este dinamismo ha permitido que la región absorba eficientemente mayores volúmenes de carne de cerdo (tanto de origen nacional como importada), ganando así una mayor participación dentro del mercado de la proteína animal, al tiempo que provee un producto de calidad a mercados tan exigentes como el sudeste asiático.
No obstante, aunque para 2026 la tendencia apunta a mantener y transitar por esta senda de crecimiento, la industria se enfrenta nuevamente a un panorama externo desafiante. Si bien, el escalamiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán introduce una volatilidad crítica en los costes de la energía y recursos que podrían encarecer, directa o indirectamente, la operación regional, la amenaza latente de la entrada de la PPA a Latinoamérica y la presión de enfermedades endémicas como el PRRS, podrían también limitar el potencial de expansión del sector.
En este contexto, el éxito de la industria para el presente año dependerá de su capacidad para gestionar estos choques externos. Así las cosas, la estabilidad del sector estará condicionada a una administración financiera rigurosa, a la búsqueda de índices óptimos de eficiencia en granja y a extremar las medidas de bioseguridad, elementos indispensables para mitigar la presión sobre los márgenes de utilidad y mantener la competitividad en un entorno global marcado por la incertidumbre.

