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La industria de los piensos compuestos es una de las partes implicadas en la reducción
del impacto medioambiental, al tiempo que debe satisfacer la demanda de productos
competitivos y de alta calidad. Es importante encontrar el equilibrio adecuado
entre la huella de carbono vinculada a la producción de piensos y el impacto
ambiental vinculado a su consumo en la granja.
La actividad agrícola es una importante generadora de gases de efecto invernadero
que contribuyen al cambio climático. Estos son el dióxido de carbono
procedente del consumo de energía, el metano procedente de la ganadería
y el óxido nitroso procedente de tierras de cultivo y abonos orgánicos.
Según el informe “Livestock’s Long Shadow” (FAO, 2006)
la producción ganadera es responsable, a nivel mundial, del 18% de las
emisiones de gases de efecto invernadero. De esos, el 13% provienen de sistemas
extensivos (vacuno de carne, ovino y caprino) y el 5% de los sistemas intensivos
(porcino, aves de corral y vacuno de leche). En un sistema intensivo, la contribución
de cada eslabón de la cadena de producción se cuantifica como: 56%
procede de los cultivos, 0,05% del transporte, 0,5-2,4% de la transformación
industrial y el 42% de la producción animal. Por lo tanto, el transporte
y la transformación industrial son mucho menos importantes que los cultivos
y la producción animal. Sin embargo, además de las emisiones directas
de la fabricación del pienso, la industria de los piensos también
puede reducir las emisiones de la producción animal mediante la mejora
del índice de conversión y la reducción de las emisiones
de metano.

Emisiones durante la fabricación
Las emisiones están casi exclusivamente relacionadas con el uso de la
energía. No existe un método, ni cálculo estandarizado,
ni referencias para evaluar la huella de carbono de un pienso. Por lo tanto,
diferentes asociaciones nacionales de fabricantes de piensos están llevando
a cabo estudios en colaboración para establecer normas comunes para estimar
los parámetros principales (FEFAC, 2009).
La clave es el desarrollo de tecnologías realistas que conduzcan a una
producción sostenible. Una implantación sólida y rápida
es factible si los avances tecnológicos tienen en cuenta un uso eficiente
de la energía, es decir, una reducción del costo de producción.
La fabricación de piensos requiere energía principalmente para
la molienda y la granulación. El ahorro de energía es un factor
fundamental para aumentar la competitividad, y por lo tanto ha sido un objetivo
durante años. Por otro lado, algunos procesos que requieren aportaciones
elevadas de energía (extrusión y tratamientos térmicos),
conllevan beneficios fisiológicos, mejor conversión, mejor seguridad
de los piensos y reducción del impacto ambiental de la explotación.
Por lo tanto, el margen de reducción del consumo de energía en
el proceso de fabricación es bastante limitado.
Algunas áreas potenciales son la especialización de las plantas
por especies, el transporte más eficiente de las materias primas aumentando
el transporte por ferrocarril, y el cambio a materias primas producidas localmente
siempre que el precio lo justifique.
Emisiones del animal
La producción ganadera genera una serie de emisiones a la atmósfera
(metano, amoniaco y óxido nitroso) o al suelo (nitratos, fosfatos y metales
pesados). Esa es una cuestión clave en ciertas áreas con una alta
densidad de población humana y animal, que repercute en la legislación
y en la aceptación pública de la producción ganadera. La
composición del pienso tiene un efecto significativo sobre la composición
de las emisiones.
Para reducir la emisión de contaminantes existen diferentes estrategias
alimentarias, algunas de las cuales ya están implementadas porque contribuyen
a la reducción de costes. Las más importantes son:
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- El uso de dietas
bajas en proteínas suplementadas con aminoácidos sintéticos.
- El uso de energía neta y aminoácidos digestibles en la formulación
de los piensos.
- El uso de proteína ideal.
- Los programas de alimentación adecuados a la productividad, estirpe
y sexo.
- La alimentación multi-fase.
- El uso de niveles bajos de fósforo digestible (P).
- El uso de fuentes inorgánicas de P con alta digestibilidad.
- La adición de fitasas.
- El uso de aditivos específicos. |
El uso de dietas bajas en proteínas es probablemente la estrategia nutricional
más efectiva para la situación ambiental actual, en la que el
nitrógeno (N) recibe gran parte de la atención. La alimentación
multi-fase también tiene beneficios importantes desde el punto de vista
económico y ambiental. El uso de dietas bajas en proteínas, en
combinación con la alimentación multi-fase adecuada a la productividad,
estirpe, sexo y peso de los animales, están reconocidos como procedimientos
muy eficaces en la reducción de N y P del purín. En el documento
BREF (2003) se recomiendan estas estrategias como las Mejores Técnicas
Disponibles (MTD's) para una prevención y control integrados de la contaminación
en la cría intensiva de aves de corral y cerdos.
Las estrategias nutricionales también son eficaces para reducir las
emisiones aéreas. La reducción de amoníaco en el purín
reduce las emisiones. Las dietas bajas en proteína bruta no sólo
son eficaces para reducir las emisiones de N sino también para reducir
los componentes aromáticos ricos en azufre (mercaptanos / H2S). La acidificación
de la orina también contribuye a minimizar las emisiones de amoníaco
a la atmósfera. Cada 0,1 puntos de pH reducen la emisión entre
el 5 y 20%. La orina puede ser acidificada a través de cambios en el
equilibrio de electrolitos de la dieta o mediante el uso de sales ácidas
en el pienso. El uso de la fibra y de aditivos como los prebióticos (FOS)
también son útiles para reducir la emisión de amoníaco
y los problemas de olor.
Aparte de estas estrategias nutricionales específicas, una de las formas
más eficientes de reducir las emisiones totales es aumentar la eficiencia
de los piensos. Al mejorar la eficiencia alimentaria se reduce el consumo de pienso,
se reducen los costes de producción y disminuye la cantidad de estiércol
(emisiones de N y P) por animal. La eficiencia alimenticia se puede mejorar mediante
la aplicación de diferentes procedimientos durante la fabricación
de piensos:
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- Granulación
de los piensos: la mejor conversión de un pienso granulado reduce
en un 5% la excreción de nutrientes en comparación con la
harina.
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- Minimizar el desperdicio del pienso durante la fabricación, el
transporte, el almacenaje en silos y la distribución en la granja.
La cantidad de pienso que se desperdicia en una granja puede ser muy variable,
siendo en el mejor de los casos un 5%. Los puntos críticos más
importantes son la reducción de polvo generado en la granja que puede
representar una pérdida directa de un 1%, el control de entradas
de agua al silo, sea por fisuras, tapas mal cerradas, o por la simple condensación
tiene un efecto nefasto debido a los crecimientos fúngicos, bacterianos
y presencia de micotoxinas, el correcto mantenimiento del sistema de distribución
y un diseño de tolvas que permita una regulación fácil,
así como un buen control de roedores y pájaros.
- Utilización eficiente del agua de la granja para reducir el volumen
de purín generado. |
En definitiva, los detalles más prácticos de la producción
ganadera son de vital importancia para el cálculo real y mejora de la huella
de carbono de los productos cárnicos.
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