La temperatura fisiológica del cerdo es aproximadamente de 39,2°C. Los signos de estrés por calor pueden aparecer cuando la temperatura ambiente supera los 22°C, dependiendo de la edad del cerdo y la fase productiva. A primera vista, el estrés térmico se manifiesta principalmente a través de cambios de comportamiento, como la reducción del consumo de pienso, jadeo, aumento de la frecuencia respiratoria y menor actividad física.
Sin embargo, el estrés por calor también altera un amplio espectro de procesos fisiológicos que no son fácilmente observables y que tienen importantes consecuencias productivas y reproductivas. Las líneas genéticas modernas son significativamente más susceptibles al estrés térmico debido a su mayor tasa metabólica basal. Esto es especialmente crítico en líneas magras y en cerdas de alto rendimiento, donde la carga térmica puede provocar una disminución de la tasa de partos, un aumento del intervalo destete-celo y una peor calidad de la descendencia, fenómeno conocido como “infertilidad estacional” o “infertilidad estival”.

En este artículo se presenta una visión general de los efectos fisiológicos y reproductivos del estrés por calor en las cerdas y su descendencia.
Alteración de la salud intestinal y del sistema hormonal
¿Qué ocurre en el organismo de la cerda durante el estrés por calor? Como respuesta fisiológica, las cerdas redistribuyen el volumen sanguíneo desde los órganos viscerales hacia los tejidos periféricos, como la piel y las orejas, para facilitar la disipación del calor. Como consecuencia, se reduce el flujo sanguíneo hacia los órganos internos, especialmente hacia el tracto gastrointestinal. Tal y como se ha observado en diversos estudios, el estrés por calor compromete la integridad gastrointestinal y la homeostasis microbiana, incluyendo:
- Disminución de la eficiencia en la absorción de nutrientes
- Inducción de estrés oxidativo y activación de respuestas inmunitarias, que requieren mucha energía metabólica, desviando nutrientes del crecimiento y función reproductiva
- Alteración de la síntesis y secreción de mucinas, lo que aumenta la permeabilidad intestinal
- Cambios en la composición de la microbiota intestinal, reduciendo bacterias fermentadoras de fibra y la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC), mientras favorece patógenos oportunistas
A parte del tracto gastrointestinal, el estrés térmico también altera la regulación endocrina y la fisiología reproductiva. Estas alteraciones pueden modificar el momento de la pubertad y la expresión del celo, reducir la secreción de hormonas reproductivas clave y afectar negativamente a la producción de leche (Figura 1). Además, se ha observado que las cerdas sometidas a estrés por calor presentan una partos significativamente prolongados.

Figura 1 - Efectos del estrés térmico gestacional en la cerda gestante. Basado en Lucy y Safranski, 2017.
Impacto del estrés por calor durante la lactación
La lactación es la fase de mayor demanda energética en la vida de la cerda, y el estrés térmico intensifica considerablemente esta carga. A temperaturas elevadas, las cerdas reducen el consumo de pienso para limitar la producción de calor metabólico, lo que a su vez disminuye la producción de leche, ralentiza el crecimiento de los lechones y prolonga el intervalo destete-celo.
Un metaanálisis de Bjerg et al. (2020) muestra que por cada aumento de 1°C por encima de los 25°C, el consumo de pienso de la cerda disminuye aproximadamente 270 g/día, la producción de leche se reduce en 0,184 kg/día y la cerda experimenta una pérdida adicional de 1,5 kg de peso durante la lactación.
Además de estas pérdidas productivas, el estrés por calor compromete la integridad intestinal al aumentar la permeabilidad (“intestino permeable”) y la inflamación sistémica. En conjunto, estas tensiones fisiológicas incrementan la susceptibilidad a enfermedades y elevan significativamente el riesgo de mortalidad de las cerdas durante los meses de verano.
Desarrollo fetal en cerdas sometidas a estrés por calor
Las consecuencias del estrés térmico dependen en gran medida de la fase del ciclo reproductivo en el que se produce, comenzando incluso desde la cubrición. Diversos estudios han demostrado que las cerdas cubiertas durante el verano tienen una mayor proporción de lechones con un peso al nacer inferior a 1,1 kg y presentan un menor peso medio de la camada en comparación con las cerdas cubiertas en otoño.
Ciertas etapas de desarrollo son particularmente sensibles, sobre todo durante el desarrollo fetal. En las dos primeras semanas de gestación, el estrés térmico puede comprometer la capacidad de termorregulación del embrión, lo que afecta su desarrollo e incrementa el riesgo de pérdida embrionaria o fetal temprana. Durante la fase clave de desarrollo ovárico fetal (días 30-60 de gestación), el estrés por calor puede reducir el número total de ovocitos debido a un aumento de la apoptosis (muerte celular programada). Dado que las cerdas no pueden generar nuevos ovocitos después de esta etapa, este daño puede reducir permanentemente su potencial reproductivo.
En la fase final de la gestación, el estrés térmico incrementa el estrés oxidativo, causando daños en lípidos, proteínas y ADN de los tejidos reproductivos. Además, la redistribución del flujo sanguíneo hacia la superficie corporal para disipar el calor puede reducir el flujo sanguíneo uteroplacentario, afectando el desarrollo fetal o provocando pérdidas embrionarias.
Efectos del estrés por calor intrauterino en fases posteriores
Las investigaciones muestran que los cerdos sometidos a estrés por calor intrauterino (IUHS, por sus siglas en inglés) presentan diversos problemas a lo largo de su vida, incluyendo peor rendimiento del crecimiento y estado sanitario, menor rendimiento reproductivo y mayor sensibilidad al estrés.
- Peor rendimiento del crecimiento y estado sanitario
El estrés térmico materno afecta negativamente al crecimiento a lo largo de la vida del animal. Los estudios sugieren que el peso de los lechones se reduce aproximadamente un 18% y 17% a los 10 días y al destete, respectivamente. Además, los cerdos IUHS presentan peor eficiencia alimentaria debido a mayores requerimientos energéticos de mantenimiento. Asimismo, el IUHS puede alterar la composición corporal de la descendencia. Independientemente de las condiciones ambientales postnatales, se ha demostrado que el IUHS disminuye la tasa de deposición de proteína en aproximadamente un 16%, mientras que tiende a aumentar la tasa de deposición de lípidos en torno a un 33% (Figura 2).
Además, los cerdos con bajo peso al nacer, especialmente aquellos procedentes de cerdas cubiertas en verano, presentan un mayor espesor de grasa en canal al sacrificio, en comparación con los de peso normal al nacer.
También se ha asociado el IUHS con una función inmunitaria deficiente, caracterizada por concentraciones elevadas de cortisol y una mayor producción de citoquinas proinflamatorias.

Figura 2. El estrés por calor intrauterino altera la composición corporal de la descendencia, reduciendo la deposición de proteína e incrementando la de grasa. Peso inicial de los cerdos experimentales: 62,4 ± 0,7 kg. Fuente: Johnson, Sanz Fernandez, Patience, et al., 2015.
- Rendimiento reproductivo deficiente
El rendimiento reproductivo de las crías hembras puede verse afectado debido a un menor número de cuerpos lúteos y una reducción de la tasa de ovulación. Las primerizas IUHS producen menos lechones nacidos totales y nacidos vivos. Además, la mortalidad pre-destete aumenta significativamente (Figura 3) en las cerdas IUHS, lo que resulta en un lechón menos destetado por camada en comparación con las cerdas no expuestas a IUHS (9,9 vs. 10,9). En los machos IUHS, el recuento de espermatozoides se redujo en un 24% y la tasa de crecimiento testicular en un 35%, lo que indica un retraso en la pubertad.


Figura 3. Mortalidad predestete de primerizas expuestas a IUHS. Fuente: Safranski et al., 2015.
- Mayor sensibilidad al estrés y menor actividad
La descendencia IUHS muestra una mayor reactividad fisiológica al estrés. Específicamente, presenta concentraciones elevadas de hormona adrenocorticotropa (ACTH) y una mayor expresión de comportamientos asociados al estrés ante factores estresantes rutinarios en producción, como el destete y el transporte. Además, estos animales muestran un comportamiento más agresivo, menor actividad y letargia, asociados a un peor bienestar y mayor incidencia de enfermedad (Figura 4).

Figura 4. Los cerdos IUHS son más agresivos y menos activos. Fuente: Byrd et al., 2019.
Conclusión
El estrés por calor representa un importante factor de riesgo para la salud y el rendimiento de las cerdas, incluyendo una reducción de la fertilidad, mayor riesgo de enfermedades, partos más prolongados y menor producción de calostro y leche. Además, el estrés térmico en las cerdas induce estrés intrauterino en los fetos y provoca diversas alteraciones metabólicas postnatales, como un aumento de las pérdidas fetales, menor peso al nacer, cambios en la composición corporal, deterioro de la capacidad inmunitaria y mayor comportamiento asociado al estrés.
Los efectos negativos del IUHS sobre el rendimiento en fases posteriores, así como los mecanismos implicados y las etapas críticas de susceptibilidad, aún no se comprenden completamente. Mientras tanto, es fundamental mantener a las cerdas dentro de su zona de confort térmico durante la cubrición, gestación y parto, así como ajustar el equilibrio nutricional de la dieta para preservar la salud de la cerda y el desarrollo óptimo de los fetos.

