Situación actual tras la regulación del empleo de antibióticos como promotores del crecimiento

La posibilidad de adicionar antibióticos como promotores del crecimiento en alimentación animal se ha visto progresivamente reducida, desde la publicación en el año 1969 del denominado Informe Swann, en el que se indicaba que una causa probable de la resistencia bacteriana a los antibióticos, podía tener su origen en la utilización de los mismos en la producción animal. Aunque no existen datos concluyentes hasta el presente, que permitan caracterizar y/o evaluar con fiabilidad la presencia de ...
Martes 12 noviembre 2002 (hace 14 años 28 días)
La posibilidad de adicionar antibióticos como promotores del crecimiento en alimentación animal se ha visto progresivamente reducida, desde la publicación en el año 1969 del denominado Informe Swann, en el que se indicaba que una causa probable de la resistencia bacteriana a los antibióticos, podía tener su origen en la utilización de los mismos en la producción animal. Aunque no existen datos concluyentes hasta el presente, que permitan caracterizar y/o evaluar con fiabilidad la presencia de nuevas resistencias por esta causa, se ha indicado que una posible explicación de la misma, podría basarse en la presencia de bacterias resistentes en los tejidos animales, hecho que facilitaría la transmisión de información genética entre las cepas presentes en el intestino humano a través de la cadena alimentaria, existiendo en consecuencia un posible riesgo para la salud humana.

Hasta el año 1997, se podían emplear como promotores de crecimiento productos como: avoparcina, tilosina, espiramicina, bacitracina, virginamicina, monensina, salinomicina, flavofosfolipol y avilamicina. A partir de ese año, la Unión Europea prohibió la avoparcina y posteriormente (1 de julio de 1999), la prohibición se extendió a la espiramicina, la bacitracina, la tilosina y la virginamicina. Las justificaciones para adoptar estas medidas eran diversas: los dos primeros productos, se prohibieron por tener uso terapéutico en medicina humana, la tilosina por su empleo también en veterinaria, y en cuanto a la virginamicina, por problemas de resistencias cruzadas con otros antibióticos.

Actualmente se admite el empleo de monensina, salinomicina, flavofosfolipol y avilamicina hasta su desaparición total en el año 2006, según prevé la Unión Europea. Algunos sectores, sin embargo critican, el empleo de avilamicina ya que pertenece al mismo grupo que la everninomicina, antibiótico de reserva para medicina humana y el uso de la flavomicina por ser un producto muy similar a otros antibióticos, aunque no utilizados actualmente. Por el contrario la monensina y la salinomicina no presentan problemas ya que no se emplean con fines terapéuticos ni en medicina humana ni veterinaria.

Los cuatro antibióticos permitidos, favorecen el control de bacterias patógenas que pueden colonizar el intestino de los animales y facilitar la absorción y el mejor aprovechamiento de nutrientes por parte de los animales tratados. En consecuencia se observa, en los animales, un crecimiento equilibrado y en el caso de explotaciones ganaderas de sistema intensivo, esta práctica facilita la producción de animales sanos, el control de la zoonosis y la garantía de una producción de alimentos más seguros.

Los antibióticos autorizados para promover el crecimiento animal se consideran como aditivos y se hallan regulados por las Directivas comunitarias y los Reales Decretos correspondientes.

Algunos ejemplos que se conocen actualmente acerca de la utilidad de la medida de regulación, adoptada desde hace más tiempo en otros países, permite indicar que, por ejemplo, en Dinamarca, en donde los antibióticos como promotores de crecimiento se empezaron a prohibir en 1995 y según un estudio reciente, realizado en Copenhague, se ha podido constatar la disminución de la resistencia bacteriana en determinados microorganismos. El estudio indica que en el caso de Broilers, la resistencia de Enterococcus faecium a la avoparcina fue de un 6% en el año 2001 frente al 73% que se detectaba en 1995. La resistencia a la virginamicina, prohibida en el año 1998, se redujo al 50% entre los años 1997 y 2000 y asimismo en cerdos, la resistencia de Enterococcus faecalis a la tilosina cayó del 94% en 1995 a un 28% en el año 2000.

La eficacia de estas medidas legales de control, es objeto de numerosas contradicciones y la prohibición o no de antibióticos como promotores del crecimiento sigue teniendo defensores y detractores. Analizar la eficacia de las decisiones tomadas es aún muy difícil dado que se precisan períodos de tiempo más prolongados, para poder evidenciar los efectos reales de estos controles sobre la microbiota presente en los animales y en el medio ambiente así como sobre la capacidad de resistencia de las bacterias a los antibióticos. Un aspecto que podríamos considerar positivo de estas decisiones, podríamos centrarlo en las nuevas estrategias de manejo que deben instaurarse en los sistemas de producción animal, con el fin de que no disminuya el nivel productivo. En este sentido, podemos indicar que es necesario prevenir o reducir el estrés al que se ven sometidos los animales, se debe optimizar la nutrición para mejorar su estado general, es preciso erradicar en la medida de lo posible las enfermedades y además se hace necesaria una adecuada selección genética de animales resistentes a enfermedades. La sustitución de los antibióticos promotores de crecimiento por otros productos debe también seguir siendo considerada como una posible y eficaz alternativa, en la mayoría de los casos.

Mª de los Angeles Calvo Torras. Facultad de Veterinaria. Universitat Autónoma de Barcelona. España.

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