Hace un mes comentábamos que agosto fue muy atípico, con enérgicas (y excepcionales) subidas del precio del cerdo como consecuencia del calor extremo en todo el continente. Ese calor excepcional pospuso las bajadas que siempre aparecen al final de verano. Se trató de un paréntesis en un contexto bastante negativo se mire como se mire.

En las dos primeras semanas de septiembre, la cotización española todavía pudo arañar al alza algunas décimas de céntimo de euro. El latigazo alemán del miércoles día 16 de setiembre (¡menos 15 céntimos por kilo en canal de una sola tacada!) precipitó las bajadas de nuestro entorno más próximo. En efecto, ese día la cotización alemana en su equivalencia en precio del vivo se situó alrededor de 1,11 euros / kilo en vivo, muy por debajo del precio español vigente entonces (1,365 euros / kilo en vivo). Una diferencia tan exagerada (más de 25 céntimos en aquel momento) no era sostenible en el seno de un mercado que se autodenomina único, la UE.
Las bajadas de los últimos mercados de septiembre obedecen a la lógica: con la suavización de las temperaturas los cerdos crecen rápido y los retrasados atrapan su retardo. De todos modos, la realidad es muy compleja: los pesos medios en canal, en España, no aumentan como sería de esperar en este momento y las bajadas obedecen a la reacción lógica ante el derrumbe teutón.
Sea como sea, el devenir del mercado parece claro: la cotización española descenderá hasta Navidades con mayor o menor ímpetu en función de las matanzas. El movimiento alemán ha arrastrado los precios de la carne; ese hecho horada y carcome los márgenes de los mataderos; si no existe margen en la actividad de sacrificio y despiece… entonces las matanzas se ajustarán a mínimos hasta que el precio sea atractivo.
Probablemente la “isla de excepción” que agosto ha representado servirá para eludir los precios de derribo que se auguraban para finales de diciembre. Está por ver dónde estará el precio mínimo de esta segunda mitad del año, pero pensamos que la bajada se detendrá bastante antes de llegar a 1,00 euro por kilo en vivo como experimentamos en febrero de este año.
La situación internacional continua apática y pesada. Los tres principales exportadores (EEUU, Canadá y Brasil) siguen con precios más baratos que España (EEUU) o bien completamente hundidos (Canadá y Brasil). El mercado chino sigue plano (con bajadas consecutivas en agosto e inicios de setiembre) y no va a proporcionarnos ningún tipo de alegrías.
La situación sanitaria parece mejorar paulatinamente, aunque sigue el goteo de nuevos casos de PPA en Catalunya (por ahora todos en jabalíes salvajes). Interpretamos como muy positivo que en las últimas semanas todos los casos detectados han sido en cadáveres en descomposición; ningún caso nuevo en jabalíes vivos… Hace falta tiempo y paciencia para recuperar la normalidad anterior a la aparición de la enfermedad.
Como hemos apuntado en anteriores comentarios pensamos que es necesario que sucedan varias cosas antes de que el mercado recupere su temple:
- La cabaña europea debe reducirse. Todo apunta a que será así y que los plazos ya se están cumpliendo. De entre los Estados Miembros de la UE, la reducción irá por barrios. El abanico de precios entre países es muy importante: la cotización danesa anda bajo tierra y Francia sigue en la cima.
- La creciente competencia mundial (con Rusia y, sobre todo, Brasil a la cabeza) forzará a los operadores españoles a vender más en la UE y otros países europeos en detrimento de los mercados asiáticos. Nos parece un axioma indiscutible.
- Las crecientes restricciones legislativas de la UE recortarán indefectiblemente la competitividad de la producción porcina en su seno: las reducciones que se avizoran serán irreversibles.
Toca nadar y guardar la ropa. 2026 será recordado como el año de la Gran Crisis. Por desgracia ha coincidido la aparición de la PPA en España con una situación mundial de excedentes en carne porcina. No hay mucho que se pueda hacer: esta tormenta pasará y podremos recordarla.
El futuro está por escribirse y, que nosotros sepamos, nadie posee la bola de cristal que permitiría adivinarlo. Podemos conjeturar, no obstante, acerca de lo que veremos:
- Menos operadores y más grandes (ya está sucediendo).
- Verticalización en la mayoría de las empresas significativas.
- Una profesionalización extrema en todos los eslabones de la cadena.
- Un mercado mundial cada vez más interrelacionado.
- La pervivencia de empresas artesanales (de pequeño tamaño o mediano a lo sumo) con buena implementación en su zona de influencia.
- La potente y creciente presencia en el comercio mundial de nuevos países con producción cerealista con Brasil y Rusia como ejemplos paradigmáticos.
En España vivimos, no hace tanto, un éxito rotundo en porcicultura; de sacrificar apenas 29.000.000 de cerdos en 1989 a sobrepasar los 58.000.000 de cabezas en el 2021. Tocará ahora defender con uñas y dientes lo conseguido (por lo menos una gran parte) en un entorno mundial muy competitivo y hostil a nuestros intereses.
En este momento no puede haber otra consigna que resistir a toda costa.
Terminaremos hoy con una cita de Andrew Zolly y Ann Marie Healy: “La resiliencia es la capacidad de un sistema, empresa o persona para mantener su propósito principal e integridad ante circunstancias radicalmente cambiantes”.
Guillem Burset



