Los cerdos presentan variaciones en el consumo, la tasa de crecimiento y la eficiencia en la utilización de nutrientes, influenciadas por factores genéticos, fisiológicos y ambientales. Los machos enteros, por ejemplo, presentan un menor consumo voluntario de pienso y una mayor eficiencia en la deposición de proteína y, en consecuencia, mayores requerimientos de lisina en comparación con las cerdas y los machos castrados (Figura 1; Tablas Brasileñas de Aves y Cerdos, 2024). Cuando estas diferencias no se consideran en el manejo de la alimentación, pueden producirse situaciones de subalimentación o sobrealimentación, lo que compromete el rendimiento productivo y económico del sistema de producción.

Figura 1. Necesidades de lisina digestible según categoría (70–100 kg). Fuente: Tablas Brasileñas de Aves y Cerdos, 2024

Como ya se ha comentado en diversas ocasiones, la alimentación de precisión se basa en el principio de que cada animal tiene unas necesidades nutricionales individuales, que varían a lo largo del tiempo en función del crecimiento, el estado fisiológico, la salud y el ambiente. En la práctica, esto significa ajustar diariamente el aporte de nutrientes a la demanda real del animal, evitando los excesos y deficiencias habituales del sistema de alimentación por fases.
La alimentación de precisión utiliza datos como el consumo individual, el peso corporal y la ganancia de peso para estimar diariamente las necesidades nutricionales de cada animal (Hauschild et al., 2010), lo que permite ajustar la dieta de forma continua y reducir la pérdida de nutrientes hacia el medio ambiente, especialmente de nitrógeno y fósforo. Los cerdos de engorde alimentados individualmente mediante sistemas de alimentación de precisión mostraron una reducción del 30% en la excreción de nitrógeno y en los costes de alimentación en comparación con aquellos mantenidos en sistemas de alimentación en grupo, sin afectar el rendimiento (Figura 2; Andretta et al., 2016). Este efecto se debe al ajuste más preciso del aporte de proteínas y minerales a las necesidades reales, reduciendo así el exceso que se excretaría en forma de nitrógeno urinario y fósforo fecal.

Figura 2. Alimentación de precisión individual frente a alimentación en grupo, sin comprometer el rendimiento de los animales. Fuente: Andretta et al., 2016.
Otro aspecto relevante es la variabilidad entre animales dentro de un mismo lote, derivada de factores como el historial sanitario, el estado inmunológico y la composición de la microbiota intestinal. Al considerar estas diferencias, la alimentación de precisión ajusta mejor el aporte de nutrientes a la demanda de cada individuo. En un lote de cerdos de engorde (30–60 kg) con un requerimiento medio estimado del 0,95% de lisina digestible, por ejemplo, los animales con mayor potencial de deposición proteica pueden requerir cerca del 1,05%, mientras que los de menor potencial necesitan solo un 0,85%, lo que supone una variación de ±10–15% respecto a la media (Hauschild et al., 2012). Sin embargo, en un sistema convencional, todos reciben la misma dieta única.
Tras la ingestión, los nutrientes absorbidos se destinan a múltiples funciones biológicas: crecimiento, deposición de tejidos, mantenimiento de la homeostasis y respuesta inmunitaria. En situaciones de estrés, como un desafío sanitario o térmico, se produce una priorización fisiológica de los nutrientes hacia el mantenimiento y la defensa del organismo en detrimento de las funciones productivas (crecimiento, producción de leche y reproducción), dado que la respuesta inmunitaria y los mecanismos de adaptación al estrés aumentan la demanda de energía y aminoácidos, además del coste energético de la termorregulación y la inflamación. Esta redistribución metabólica explica, en parte, la disminución del rendimiento cuando la dieta no se ajusta a las necesidades fisiológicas reales del animal, incluso manteniendo el mismo nivel de consumo de pienso.
Los aminoácidos desempeñan un papel fundamental en este proceso, ya que son componentes de las células de defensa y participan en la síntesis de inmunoglobulinas, citocinas y proteínas de fase aguda. Las dietas con un mayor aporte de aminoácidos tienden a ser más adecuadas para cerdos sometidos a un desafío sanitario: con niveles superiores a los requerimientos de triptófano, metionina y treonina, los animales suplementados mostraron una eficiencia alimentaria diferente respecto a los no suplementados (Figura 3; Valini et al., 2024). Sin embargo, esta respuesta no es uniforme entre animales y depende de la capacidad individual para hacer frente al desafío. Los animales más "resistentes", con mayor competencia inmunológica y metabólica, destinan los aminoácidos tanto a la respuesta inmunitaria como a las funciones productivas, mientras que los animales más comprometidos priorizan el mantenimiento y la defensa en detrimento de la producción.

Figura 3. Eficiencia alimentaria bajo desafío sanitario en animales suplementados con niveles de aminoácidos superiores a las necesidades de triptófano, metionina y treonina, y en animales no suplementados. Fuente: Valini et al., 2024.
En este contexto, la alimentación de precisión permite ajustar, de manera continua e individualizada, el aporte de nutrientes a las diferentes condiciones fisiológicas de los animales (Hauschild et al., 2010), haciendo que el suministro de pienso sea más preciso y económicamente viable, aunque la aplicación de este concepto en animales sometidos a desafíos todavía requiere de más estudios.
La asociación entre los mecanismos biológicos y fisiológicos de los animales y los sistemas de alimentación de precisión posibilita ajustes nutricionales más oportunos y alineados con las variaciones individuales, contribuyendo a una mayor eficiencia alimentaria, un mejor aprovechamiento de los recursos y una mayor sostenibilidad de los sistemas de producción.






