En la primera parte de este artículo hablamos sobre la doble dependencia europea de fertilizantes minerales y gas natural, agravada por el cierre del Estrecho de Ormuz, y nos preguntábamos si las deyecciones ganaderas pueden reforzar la soberanía energética y fertilizante de la UE. Para responderlo hemos hablado con Xavier Flotats, doctor ingeniero industrial por la UPC y profesor emérito en ingeniería ambiental, con más de 40 años de experiencia en digestión anaerobia y biogás a partir de deyecciones ganaderas.
El potencial está en la eficiencia de la fertilización
Según explica Flotats a partir de datos de Eurostat, las deyecciones ganaderas de la UE contienen del orden de 8,5-9 millones de toneladas anuales de nitrógeno, una cifra considerable pero insuficiente para sustituir por sí sola el fertilizante mineral. “Si quisiéramos sustituir las unidades fertilizantes importadas habría que doblar la producción ganadera, lo cual no tiene sentido”, advierte. El margen de mejora está en otro lugar: la eficiencia.

Solo se aprovecha entre el 50 y el 60% del nitrógeno de las deyecciones, con pérdidas de hasta el 40-50% como amoníaco volatilizado.
Con el fósforo el planteamiento es distinto: al estar en proporción superior a la que necesitan los cultivos, la solución pasa por separarlo y almacenarlo, lo que permitiría ahorrar buena parte de sus importaciones.
La cuestión, por tanto, no es únicamente cuánto nitrógeno o fósforo contienen las deyecciones, sino cuánto somos capaces de hacer llegar efectivamente al cultivo.
El primer paso empieza debajo del slat
Si queremos aprovechar las deyecciones como materia prima, el primer cambio debe producirse antes incluso de hablar de plantas de tratamiento. “Lo primero es no perder el recurso que tenemos”, insiste Flotats.
El nitrógeno comienza a perderse en forma de amoníaco ya en los alojamientos. Por ello, una de las medidas fundamentales es retirar las deyecciones con la mayor frecuencia posible, antes de que la urea se hidrolice y aumenten las emisiones de amoníaco. Evitar las emisiones de amoníaco no es solamente una medida ambiental: estamos evitando perder un fertilizante que posteriormente tendremos que importar, producido además utilizando gas natural.
Una vez fuera de los alojamientos, la misma lógica debe mantenerse durante el almacenamiento y la aplicación: balsas cubiertas, reducción de pérdidas y técnicas de fertilización que permitan adaptar el aporte a las necesidades reales del cultivo.
Una separación sólido-líquido relativamente sencilla, por ejemplo, permite utilizar la fracción líquida mediante fertirrigación durante el crecimiento vegetal, cuando el cultivo demanda nutrientes, mientras que la fracción sólida puede utilizarse para aportar materia orgánica y fósforo. No siempre necesitamos empezar por tecnologías complejas. Parte del potencial está simplemente en gestionar mejor.
¿Y el biogás?
Aquí Flotats introduce otro matiz importante: el biogás no resuelve por sí mismo el problema de los nutrientes.
La digestión anaerobia produce metano y mineraliza parte de los nutrientes. El nitrógeno orgánico pasa en buena medida a formas amoniacales más disponibles para las plantas, facilitando su posterior aprovechamiento agronómico, pero también aumentando el riesgo de pérdidas de amoníaco si el digestato no se gestiona correctamente.
El biogás tiene, sin embargo, una función fundamental en el conjunto del sistema:
- Por un lado, permite recuperar una energía renovable que, de otro modo, puede acabar perdiéndose en forma de emisiones.
- Por otro, genera unos ingresos que pueden ayudar a financiar las inversiones necesarias para mejorar la gestión de las deyecciones.
Pero hay una condición: las deyecciones deben llegar frescas al digestor. Almacenar los purines durante meses debajo de los animales significa perder previamente parte del metano y del amoníaco que pretendemos recuperar. De ahí que Flotats vincule estrechamente el desarrollo del biogás con el rediseño de los alojamientos y el vaciado frecuente.

“Si no somos capaces de aplicar el vaciado frecuente, olvidemos el gas”, resume.
El ganadero debe formar parte del negocio
En zonas de elevada densidad ganadera aparece otro problema: los nutrientes no se producen necesariamente donde los cultivos los necesitan y transportar grandes volúmenes de purín, cuyo contenido en nutrientes es relativamente bajo, resulta caro e ineficiente. Como ejemplifica Flotats, para transportar unos 60 kg de nitrógeno contenidos en purín podemos tener que mover aproximadamente 10 toneladas de producto, mientras que esa misma cantidad de nitrógeno concentrado como fertilizante mineral cabría prácticamente en el maletero de un coche.
Ahí cobran sentido tecnologías de separación, concentración y recuperación de nutrientes, pero también las plantas colectivas de biogás y tratamiento.
Para Flotats, una planta colectiva no debería limitarse a producir biometano. Debería convertirse en una herramienta de gestión territorial, incorporando especialistas capaces de elaborar y supervisar planes de fertilización, utilizar herramientas digitales, decidir dónde y cuándo aplicar los nutrientes y medir su eficiencia. Y hay otro requisito: los ganaderos deben participar en el modelo de negocio. Los ingresos obtenidos mediante el biometano deberían contribuir a financiar las modificaciones necesarias en las granjas para retirar rápidamente las deyecciones, reducir emisiones, mejora del bienestar animal y aumentar su valor fertilizante. El modelo, advierte Flotats, no debería consistir simplemente en que un tercero compre el purín, extraiga su valor y concentre el beneficio. Una planta de biogás debería mejorar los indicadores ambientales del territorio: reducir emisiones de amoníaco y gases de efecto invernadero, mejorar la fertilización y disminuir el riesgo de contaminación por nitratos.
RENURE: una oportunidad que también exige cautela
La reciente evolución de la normativa europea sobre RENURE (REcovered Nitrogen from manURE) abre precisamente la posibilidad de recuperar nitrógeno de las deyecciones y transformarlo en productos con características que facilitan la sustitución de fertilizantes minerales. Para Flotats, supone una oportunidad, pero también requiere cautela.
La facilidad para utilizar productos nitrogenados recuperados no debería traducirse simplemente en aplicar más nitrógeno por hectárea. El objetivo debe seguir siendo aumentar la eficiencia: que la mayor proporción posible del nitrógeno aplicado termine realmente en el cultivo y no en la atmósfera o en las aguas.
RENURE, por tanto, no debería entenderse como una puerta para incrementar la carga de nutrientes en zonas ya excedentarias, sino como una herramienta para transformarlos, concentrarlos, transportarlos y utilizarlos mejor.
De residuo a recurso... aunque siempre lo fue
Las tensiones geopolíticas quizás estén acelerando un cambio de percepción, pero Flotats recuerda que las deyecciones no se han convertido de repente en un recurso. Siempre lo han sido. Durante siglos, ganadería y agricultura estuvieron estrechamente conectadas y los nutrientes de los animales retornaban al suelo. La especialización y concentración territorial de la producción ganadera rompieron en buena medida ese equilibrio. Recuperarlo hoy requiere tecnología, logística, inversión y conocimiento.
Europa no va a sustituir todo el fertilizante mineral ni todo el gas natural mediante las deyecciones ganaderas. Tampoco tendría sentido aumentar la cabaña ganadera para conseguirlo. La oportunidad está en aprovechar mejor aquello que ya producimos. “No perder amoníaco, no perder metano, no perder fósforo”, resume Flotats.
Quizás esa sea la principal respuesta a la pregunta con la que iniciábamos estos dos artículos. Las deyecciones no resolverán por sí solas la dependencia energética y fertilizante europea, pero pueden convertirse en una pieza de una estrategia mucho más amplia de autonomía. Para ello habrá que dejar de entender su gestión únicamente como la solución a un problema ambiental y empezar a verla también como la gestión de una materia prima estratégica.
Porque cada kilo de nitrógeno que conseguimos conservar y utilizar eficientemente es un kilo que no necesitamos importar. Y cada metro cúbico de metano que recuperamos es energía que no tenemos que buscar fuera.



