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La paradoja de la rusticidad: ¿Por qué el calor sigue siendo un reto?

Aunque el cerdo ibérico gestiona mejor el calor ambiental que un cerdo convencional, su propia genética le puede jugar en contra en condiciones extremas: su tendencia natural a acumular grasa subcutánea puede actuar como un "abrigo" que dificulta la disipación del calor interno.

Sabemos que el cerdo ibérico es un auténtico "atleta" de nuestra dehesa. Su capacidad para adaptarse a entornos difíciles y su resistencia histórica a las altas temperaturas veraniegas lo diferencian claramente de las razas cosmopolitas (Rauw et al., 2020). Sin embargo, esta rusticidad lleva aparejada una desventaja que a menudo pasamos por alto en la gestión técnica de la granja.

Aunque el ibérico gestiona mejor el calor ambiental que un cerdo convencional, su propia genética le puede jugar en contra en condiciones extremas: su tendencia natural a acumular grasa subcutánea puede actuar como un "abrigo" que dificulta la disipación del calor interno (Daza et al., 2008). Estudios recientes indican que a partir de una temperatura ambiental de 28-30°C, el cerdo ibérico comienza a estar en una zona térmicamente poco confortable (la temperatura crítica superior) y empieza a activar mecanismos de defensa (Lachica et al., 2025), aunque hay que aclarar que este rango es considerablemente superior al de cerdos convencionales. Lo primero que hace el animal cuando se aproxima a esas temperaturas es disminuir su ingesta de alimento para no generar calor adicional con los procesos de digestión, absorción de nutrientes y metabolismo, lo que conlleva bajadas en la productividad y en la rentabilidad de la explotación.

La lactancia: el "cuello de botella" metabólico

Si hay un momento donde la cerda ibérica “lo da todo”, es en la maternidad. La lactancia es, fisiológicamente hablando, la fase de mayor esfuerzo metabólico para el animal. En esos momentos la cerda es una auténtica maquina biológica dedicada a producir leche, lo que le genera una enorme cantidad de calor interno.

Cuando sumamos el calor del verano al calor propio de la producción de leche, la cerda entra en una situación de "bloqueo” que puede conducir a una situación crítica:

  1. Caída del consumo de pienso: La cerda ibérica puede reducir la ingesta de pienso hasta en un 10% para no incrementar su temperatura corporal (García-Contreras et al., 2025a).
  2. Menos leche, peores lechones: Si la madre come menos, se produce leche de peor calidad. El resultado son camadas con menor peso al destete y una mayor heterogeneidad (García-Contreras et al., 2025a).
  3. El "peaje" reproductivo: Una cerda que sufre estrés térmico en lactancia saldrá más débil hacia la siguiente cubrición, aumentando el intervalo destete-celo y afectando a la fertilidad del siguiente ciclo.

A continuación, analizaremos los resultados más recientes obtenidos en ensayos con cerdas ibéricas durante el periodo de lactancia. Nuestros datos parecen indicar que, aunque sea una raza rústica, su respuesta a una nutrición de precisión bajo estrés térmico es clave para mantener la productividad.

Mucho más que calor: una pérdida directa de productividad

Durante el periodo de lactación pudimos observar una disminución en la ingesta diaria de las cerdas ibéricas sometidas a estrés por calor (Figura 1), así como cambios en la composición de la leche: El peso al nacimiento de los lechones fue menor, al igual que el peso al destete o la ganancia media diaria de las camadas. Esto implica menos kilos de lechón destetado por cerda y ciclo. Es llamativo que esto ocurra en cerdas de una raza adaptada a condiciones ambientales extremas.

Figura 1. Ingesta diaria de las cerdas durante periodos de estrés por calor y termoneutralidad (García-Contreras et al., 2025a). * p < 0.05.
Figura 1. Ingesta diaria de las cerdas durante periodos de estrés por calor y termoneutralidad (García-Contreras et al., 2025a). * p < 0.05.

La clave está en la leche (y en su energía)

Uno de los hallazgos más sólidos de nuestros ensayos es que el estrés por calor cambia la composición de la leche (García-Contreras et al., 2025a). Así, bajo condiciones de estrés por calor se observó:

  • Menor extracto seco
  • Menor contenido energético
  • Menor contenido graso
  • Mayor contenido de proteína, lactosa y minerales

Que traducido a efectos prácticos implica una leche menos energética, justo en el momento en el que el crecimiento del lechón depende al 100% de ella. Este hecho puede ser la causa de la menor ganancia de peso diaria observada en las camadas bajo estrés por calor. Y es que, no es solo se reduce la producción de leche durante periodos de temperaturas elevadas (Black et al., 1993; Renaudeau & Noblet, 2001), es que esa leche es de peor calidad.

La cerda también paga el precio: metabolismo y bienestar

Más allá de la producción de leche, el calor genera una situación fisiológica clara de estrés en la cerda ibérica en lactación, con niveles de estrés oxidativo elevados y una capacidad antioxidante reducida, según nos indican determinaciones en el plasma de los animales (Figura 2). Además, se observan aumentos en los niveles de creatina plasmática y bajada en los niveles de colesterol total y HDL (García-Contreras, et al., 2025b). Por tanto, parece que, en estas condiciones, se produce un mayor desgaste metabólico de la cerda durante la lactación, una recuperación más lenta y un aumento del riesgo de comprometer ciclos posteriores. Es decir, no es solo un problema puntual: puede afectar a la vida productiva de la cerda.

Figura 2. Estado oxidativo de la cerda ib&eacute;rica lactante sometida a estr&eacute;s por calor (EC) y bajo condiciones de termoneutralidad (NO-EC) determinado en plasma. A: representa estr&eacute;s oxidativo medido por la t&eacute;cnica de Sutancias Reactivas al &Aacute;cido Tiobarbit&uacute;rico (TBARs); B: representa capacidad antioxidante medido mediante la t&eacute;cnica del Poder Reductor Antioxidante del Hierro (FRAP)&nbsp;(Garc&iacute;a-Contreras et al., 2025b). * p&lt;0.001
Figura 2. Estado oxidativo de la cerda ibérica lactante sometida a estrés por calor (EC) y bajo condiciones de termoneutralidad (NO-EC) determinado en plasma. A: representa estrés oxidativo medido por la técnica de Sutancias Reactivas al Ácido Tiobarbitúrico (TBARs); B: representa capacidad antioxidante medido mediante la técnica del Poder Reductor Antioxidante del Hierro (FRAP) (García-Contreras et al., 2025b). * p<0.001

Conclusión

El estrés por calor en la raza ibérica no es algo que debamos tolerar simplemente porque sean animales rústicos. Una cerda que come menos y que tarda más en salir a celo es una pérdida de eficiencia y de productividad que el sector no puede permitirse. En la segunda parte de nuestro trabajo (“Estrategias nutricionales para mejorar la resiliencia de la cerda ibérica al calor”), abordaremos qué estrategias nutricionales nos ayudan a mejorar las condiciones fisiológicas de la cerda durante el verano.

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