Durante tres meses, visité granjas porcinas de diferentes regiones de Brasil, observando las prácticas de producción, la organización del trabajo y el manejo de los animales. De ello ha surgido una comparativa directa y concreta, alejada de estereotipos: no se trata de un análisis «neutral», sino de una lectura comparativa, filtrada por mi experiencia profesional adquirida entre Italia y el norte de Europa.
Soy una zootécnista italiana con más de diez años de experiencia en granjas, desde cadenas de producción nacionales con Denominación de Origen Protegida (DOP) hasta casi dos años en Dinamarca, uno de los sistemas más avanzados de Europa en eficiencia productiva, bioseguridad y organización empresarial. Llegar a Brasil supuso enfrentarme a una realidad profundamente diferente en escala, clima y contexto, pero sorprendentemente similar en objetivos y desafíos.

Los cerdos son los mismos en todas partes. Los modelos cambian, no los desafíos.
Un gigante productivo a menudo descrito de manera superficial
En 2024, Brasil produjo aproximadamente 5,3 millones de toneladas de carne de cerdo, exportando 1,3 millones a 89 países, principalmente en Asia Oriental y América. Estas cifras sitúan al país entre los principales productores del mercado global.
Sin embargo, en Europa, la producción porcina brasileña suele describirse de forma simplificada: grandes volúmenes, bajos costes y normativas menos estrictas. Experimentar los sistemas de producción desde dentro ofrece una perspectiva mucho más compleja y, sin duda, más interesante.
Dónde y cómo se produce: territorios, empresas, escala
Durante mi estancia visité granjas en los estados de São Paulo, Paraná, Minas Gerais y Goiás (Distrito Federal), con realidades muy diferentes en tamaño, nivel tecnológico y organización.
Los principales centros de producción se concentran en el sur, sudeste y centro del país. Observé siete grupos productivos independientes, con sistemas tanto de ciclo cerrado como abierto, con tamaños que oscilaban entre 1.000 y más de 22.000 cerdas.
La escala es uno de los aspectos que más impresiona a quienes vienen de Europa, junto con la gran flexibilidad de gestión, a menudo posible gracias a la disponibilidad de espacio y recursos difícilmente replicables en el contexto europeo.

Producir en los trópicos: cuando el clima marca las reglas
El clima cálido y húmedo representa una de las principales diferencias respecto a Europa. Las altas temperaturas y las bruscas variaciones térmicas afectan al consumo, la fertilidad y el crecimiento, lo que exige un manejo muy preciso de la ventilación, el agua y la alimentación.

Las instalaciones están diseñadas para adaptarse al clima: granjas abiertas lateralmente, cortinas regulables y telas pajareras, que favorecen la dispersión de gases y reducen las concentraciones de amoníaco. El resultado suele ser un entorno más saludable y una menor percepción de olores en comparación con muchas instalaciones cerradas europeas.

Los sistemas automáticos de ventilación y calefacción están muy extendidos en las salas de maternidad y transición, así como los sistemas de refrigeración por nebulización y los controles frecuentes de la calidad del agua.


Uno de los grandes puntos fuertes del sistema brasileño es la disponibilidad de materias primas. La mayoría de las granjas disponen de fábrica de pienso propia, con raciones formuladas a medida por nutrólogos y veterinarios.

La alimentación está totalmente automatizada; en las salas de maternidad hay dosificadores individuales y en la gestación en grupo se utilizan sistemas de alimentación automáticos.
Contrariamente a la creencia popular, el uso responsable de medicamentos es un aspecto central. En las grandes explotaciones, el uso de antibióticos está disminuyendo progresivamente, sustituyéndose por vacunas, probióticos y estrategias preventivas; en las granjas más pequeñas, el proceso está en plena evolución.
Bienestar animal: un cambio real, no solo normativo
La Normativa 113 (2020) transformó el sector siendo la primera legislación nacional específica sobre bienestar porcino. El cambio ya es visible en campo.
La gestación en grupo está cada vez más extendida, así como las parideras de jaula regulable o la reconversión de instalaciones mediante camas permanentes de eucalipto.
En los sistemas de engorde predominan los suelos de hormigón con lámina de agua, densidades controladas y enriquecimiento ambiental para reducir el estrés y los comportamientos anómalos.
También se observan:
- Destetes más tardíos (24-28 días),
- Mayor uso de la inmunocastración,
- Abandono del corte de dientes,
- Técnicas como “Cubrir y Soltar”, que elimina las jaulas en gestación y aloja a las cerdas en grupo inmediatamente tras la cubrición.
Genética y bioseguridad: una ventaja sanitaria estratégica
Cinco de las granjas visitadas participaban en programas genéticos de abuelas (GP) y bisabuelas (GGP); tres contaban con un centro propio de verracos con laboratorio para la producción de dosis. Las reproductoras proceden de algunas de las empresas de genética más comunes en Europa, siendo Duroc la línea de finalizador utilizada.
Desde el punto de vista sanitario, Brasil es libre de PRRS y PPA.
Las estrictas cuarentenas para el material genético, el menor movimiento de animales y la baja densidad de población contribuyen a mantener altos estándares de bioseguridad.

Las instalaciones más modernas cuentan con duchas obligatorias, circuitos separados y desinfección de vehículos; en las instalaciones más antiguas, la clave reside en la formación del personal y el estricto cumplimiento de los procedimientos.
Personas antes que tecnología: el valor de la mano de obra
Uno de los aspectos más relevantes es el papel central del operario.
La relación personal/animales es 2-3 veces superior a la europea. Si bien los salarios son más bajos, el peso de la mano de obra en el coste por kilo de carne es similar al de Europa o Estados Unidos (6–10%).
La diferencia radica en la capacidad de transformar la presencia humana en valor productivo: más observación, intervenciones más tempranas y mayor recogida de datos. Esto facilita alcanzar un alto rendimiento.
Medio ambiente y sostenibilidad: oportunidades en lugar de obligaciones
La gestión ambiental está evolucionando rápidamente. Muchas granjas invierten en:
- Separación sólido-líquido,
- Almacenamiento estructurado,
- Biodigestores para la producción de energía.
El proceso suele estar impulsado más por oportunidades económicas que por requisitos normativos. Los purines se utilizan para fertilización y fertirrigación de cultivos destinados a la alimentación animal, así como para producciones como naranjas y café, dentro de un enfoque de economía circular.
Mismos cerdos, mismos desafíos
A pesar de las diferencias en clima, organización y contexto socioeconómico, queda claro que los retos de la producción porcina son globales: bienestar animal, reducción del uso de antibióticos, bioseguridad, sostenibilidad y gestión del personal.

En Europa, a menudo se percibe la competencia extranjera con temor, imaginando que en otros lugares "todo es más fácil". Sin embargo, la experiencia directa muestra una realidad distinta: en Brasil, la complejidad del sector es igualmente elevada y las responsabilidades son las mismas.

Los sistemas productivos son hoy mucho más homogéneos de lo que se cree. Los estándares se están alineando y, en algunos aspectos, la experiencia brasileña demuestra que se puede trabajar de forma igual de eficiente —e incluso más— que en Europa, especialmente cuando el foco se pone en el animal y en la organización del trabajo.
Es precisamente de la comparación entre distintos sistemas donde surgen las verdaderas oportunidades de crecimiento para todo el sector.

