Criar cerdos en México es un negocio gordo para EE.UU.

Miércoles 18 octubre 2000 (hace 16 años 1 meses 18 días)
Esta ciudad se está convirtiendo en un oasis para los inversionistas agroindustriales de Estados Unidos, que controlan los dos mayores conglomerados de cría de cerdos de México. A principios de este año, la mayor cooperativa de agricultores de EE.UU., Farmland Industries Inc., de Kansas City, Missouri, compró una participación del 50% en el Grupo Kowi SA., una operadora porcina en el estado de Sonora. Pocos meses después, el mayor productor estadounidense de cerdos, Smithfield Foods Inc., concretó un acuerdo para comprar al Grupo Alpro SA., otra compañía de Sonora. La operación de US$22 millones, junto con otras adquisiciones previas en tierras mexicanas, han convertido a Smithfield, empresa cuya sede se encuentra en Norfolk, Carolina del Norte, en el principal criador de puercos en México. "Así como vemos que General Motors y Ford Motor van a México, nosotros estamos haciendo lo mismo", comenta Tom David, vicepresidente de operaciones internacionales de Smithfield. "Vemos esto como una oportunidad para expandirnos internacionalmente". En todo esto, los criadores porcinos como Smithfield y Farmland también perciben otra ventaja adicional: una oportunidad para beneficiarse del aumento en el ingreso de los ciudadanos mexicanos en momentos en que los criadores locales son menos eficientes que sus contrapartes estadounidenses. Durante la década pasada, México experimentó un aumento del 30% en el consumo de cerdo. Adriana Martínez, una investigadora de Pig Improvement Co., compañía estadounidense de genética con operaciones en México, dice que a pesar del aumento en la demanda, sólo el 40% de los productores mexicanos están utilizando técnicas de cría de primera línea. Alrededor del 30% de la producción total de cerdo del país, añade Martínez, proviene de chiqueros caseros que crían uno o dos cerdos al año, alimentados con los despojos de las comidas del hogar y de la basura municipal. El resultado: el costo promedio de producción en EE.UU. es de US$0,32 por cada 0,5 kilos, mientras que en México es de US$0,52. Los productores estadounidenses ya se han aprovechado de esta brecha en la eficiencia. El Tratado de Libre Comercio, que redujo los aranceles sobre el cerdo proveniente de EE.UU., ha permitido a los productores de ese país conquistar un mayor pedazo del mercado mexicano. Las exportaciones de puerco desde EE.UU. a México, que totalizan cerca de 120.000 toneladas anuales, son casi dos veces superiores a las de hace cuatro años. Algunos criadores de cerdo de México han protestado fuertemente, acusando de dumping a sus contrapartes estadounidenses. Las compañías estadounidenses niegan que estén ejecutando prácticas comerciales desleales. De hecho, al modernizar las fincas porcinas en México, las empresas esperan apalancarse con el bajo costo de la mano de obra mexicana, así como con los bajos costos de la tierra, para a la larga poder exportar cerdos a EE.UU. Sin embargo, dados los rígidos requerimientos del Departamento de Agricultura estadounidense sobre las importaciones de cerdo, esa tarea no será fácil. Por el momento, Smithfield está concentrada en impulsar su participación en el mercado mexicano y en otros destinos como Japón. Sus operaciones en el valle de Perote, ubicado entre Ciudad de México y uno de los puertos más congestionados del país, muestran las cosas que Smithfield espera realizar. Las fincas de cerdos están separadas por sembrados de granos que están diseñados para erradicar enfermedades y fungir como salvaguardas sanitarios. Y cada vez que los trabajadores y visitantes entran a la finca deben bañarse y ponerse uniformes de trabajo. Igualmente, deben remojar sus botas en desinfectantes cada vez que se desplazan de un corral a otro. Víctor Ochoa, director de las instalaciones de Smithfield en Perote, admite que incluso con este tipo de precauciones, estas fincas pueden no estar listas para exportar la carne de sus animales hacia EE.UU. hasta bien entrada la próxima década. Pero a largo plazo, las granjas porcinas de Perote podrían reemplazar a algunas de las fincas que Smithfield tiene en EE.UU., las cuales están castigadas por rigurosas regulaciones ambientales y por una escasez de mano de obra."

Joel Millman/The Wall Street Journal. Martes 30 de noviembre de 1999./http://interactivo.wsj.com/articles/SB943923190531097754-fronthidden.html

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