Carlos Piñeiro: “Las medidas de bioseguridad en granja son la clave para evitar pérdidas millonarias en la producción ganadera”
Las enfermedades animales suponen uno de los principales desafíos para la ganadería a nivel global. Cada año, provocan la pérdida de alrededor del 20% de la producción ganadera mundial, lo que se traduce en una menor disponibilidad de alimentos y un impacto directo sobre la rentabilidad de las granjas, según estimaciones de la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH).
De acuerdo con un análisis elaborado por Oxford Analytics para Health for Animals, estas enfermedades son responsables de la pérdida de, aproximadamente, 80 millones de toneladas de carne y 180 millones de toneladas de productos lácteos cada año. En términos económicos, el coste alcanza los 358.000 millones de dólares anuales, además de algunos costes indirectos como tratamientos veterinarios.
Estas pérdidas se deben principalmente a la reducción de la productividad de los animales o a su mortalidad, lo que afecta directamente a la eficiencia de las granjas y genera una mayor presión sobre el sistema alimentario global.
En este escenario, la bioseguridad se posiciona como una de las herramientas más eficaces para prevenir la entrada y propagación de enfermedades, mediante medidas como el control de accesos, la higiene en instalaciones o la gestión sanitaria de animales y vehículos cuyo cumplimiento es, en gran medida, frecuentemente desconocido. Un resultado que evita pérdidas económicas en las instalaciones ganaderas.
Carlos Piñeiro, director general de ADA, empresa con más de 20 años de experiencia en la implantación de sistemas de bioseguridad en instalaciones ganaderas destaca “la bioseguridad moderna se basa en identificar con claridad los pequeños errores que no se ven, pero están ahí, en la operativa diaria de una granja. Eso permite anticiparse a los problemas y evita situaciones indeseadas, interrupciones operativas y pérdidas económicas”.
Piñeiro resalta que tanto a nivel internacional como en España “las pérdidas por enfermedades animales son millonarias cada año debido a que muchas granjas e instalaciones ganaderas no pueden asegurar que se cumplen las normas y protocolos de bioseguridad debido a la falta de datos objetivos sobre su cumplimiento”.
En esa dirección, ADA ha presentado recientemente Biorisk, una herramienta de prevención activa de riesgos de bioseguridad en instalaciones ganaderas que normalmente pasan desapercibidos en los sistemas de control tradicionales. Con un sencillo registro mediante códigos QR el sistema analiza la operativa diaria de la granja, capta cualquier posible desviación de los protocolos, accesos no autorizados o recorridos indebidos entre zonas, y convierte el control de accesos en una herramienta clave para la prevención de riesgos sanitarios.
Con esta herramienta, ADA refuerza su apuesta por la digitalización del sector ganadero y por el uso de la información como base para mejorar la sanidad animal y la sostenibilidad de las explotaciones.
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