Más allá de la reducción del consumo de alimento, el estrés térmico provoca alteraciones fisiológicas, metabólicas e inmunológicas que impactan directamente sobre el rendimiento productivo. Durante los episodios de calor, el tracto gastrointestinal recibe menos oxígeno y nutrientes, generándose una situación de hipoxia intestinal que compromete la funcionalidad de la mucosa digestiva.
Esta situación provoca deterioro de las uniones estrechas, incremento de la permeabilidad intestinal, menor capacidad de absorción de nutrientes y mayor translocación de endotoxinas bacterianas hacia la circulación sanguínea, desencadenando una respuesta inflamatoria sistémica y estrés oxidativo.
Los compuestos bioactivos de origen vegetal han despertado un creciente interés como herramientas para mejorar la resiliencia de los animales frente al estrés térmico. Entre ellos destacan los polifenoles procedentes del extracto de uva y la capsaicina, que ayudan a reducir el estrés oxidativo, modular la inflamación, proteger la integridad intestinal y favorecer la termorregulación y la disipación del calor.
En este contexto, las estrategias nutricionales adquieren un papel clave para complementar las medidas de manejo, ayudando a mantener el bienestar animal, preservar la productividad y reducir las pérdidas económicas asociadas al calor.

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