Básicamente, porque no pueden sudar. Al no tener glándulas sudoríparas, su única forma de enfriarse es pegándose al suelo frío o mediante la respiración. ¡Y cuanto más grandes son, más difícil les resulta!
Cuando el termómetro supera los 25 ºC, el estrés por calor se dispara y:
Se reduce drásticamente su apetito e ingesta de pienso.
Disminuye la producción de leche, afectando el crecimiento de los lechones.
Aumentan los días no productivos debido a la aparición de anoestros.¿La solución? Adaptarnos a su ritmo.
Durante el verano, las cerdas prefieren comer de noche (más del 50% de su ración). Sistemas de alimentación de precisión, como Gestal, permiten programar estas comidas nocturnas de forma automática, asegurando que se alimenten en las horas más frescas sin necesidad de personal en la granja.

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