El triple desafío nutricional del lechón posdestete

19-oct-2026
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La transición de la leche de la cerda al alimento sólido es uno de los periodos más críticos en la vida del lechón. El destete combina cambios bruscos en la dieta, el entorno y el comportamiento social que suelen reducir el consumo de alimento, alterar la función intestinal y comprometer la digestión. Durante este periodo de adaptación, los lechones recién destetados deben digerir y absorber de forma eficiente las tres principales fracciones nutricionales que impulsan el crecimiento: proteína bruta, almidón y lípidos.

La proteína bruta (PB) supone un desafío particular durante la fase de transición. El sistema digestivo inmaduro limita la secreción y actividad de las enzimas endógenas, reduciendo la eficiencia de la digestión proteica. Como resultado, parte de la proteína de la dieta puede escapar a la digestión en el intestino delgado y alcanzar el intestino posterior, donde la fermentación microbiana produce metabolitos como ácidos grasos de cadena corta, compuestos sulfurados, compuestos aromáticos, poliaminas y amoníaco (Wang et al., 2018). Un exceso de amoníaco puede aumentar el pH intestinal y favorecer la proliferación de bacterias potencialmente patógenas asociadas con diarrea posdestete (Bhandari et al., 2010). Desde el punto de vista nutricional, la proteína no digerida también representa una pérdida de aminoácidos que podrían contribuir a la deposición de tejido magro y al crecimiento.

La digestión del almidón también se ve afectada. Tras el destete, la actividad de la amilasa endógena disminuye antes de adaptarse gradualmente a la dieta basada en cereales. Esta limitación temporal puede reducir la hidrólisis del almidón, disminuyendo la disponibilidad de glucosa para su absorción y metabolismo energético. La caída temprana del consumo de alimento tras el destete agrava este problema, ya que el desarrollo intestinal y la secreción enzimática están estrechamente relacionados con el consumo de nutrientes.

La utilización de los lípidos representa el tercer obstáculo. Aunque las grasas son fuentes concentradas de energía, su digestión depende de la emulsificación, la actividad de la lipasa, la formación de micelas y la absorción intestinal. En lechones jóvenes, la producción de sales biliares y las secreciones digestivas aún están en desarrollo, lo que puede limitar la digestión de las grasas y reducir la contribución energética real de los lípidos de la dieta.

La digestión y la absorción están estrechamente interconectadas. Incluso cuando los nutrientes se digieren adecuadamente, los cambios posdestete en la morfología intestinal, incluyendo la atrofia de las vellosidades y la reducción de la superficie absortiva, pueden comprometer la captación de nutrientes. Por ello, las estrategias nutricionales para dietas de transición deberían abordar no solo la digestibilidad, sino también la absorción y la utilización de nutrientes.

Por este motivo, los nutricionistas evalúan cada vez más herramientas que apoyen tanto las funciones digestivas como absortivas. Las enzimas exógenas, como proteasas y amilasas, pueden ayudar a compensar déficits temporales en la producción de enzimas endógenas, mientras que las tecnologías que favorecen la digestión de lípidos y la absorción de nutrientes pueden mejorar la recuperación nutricional de la dieta. Superar este triple desafío sigue siendo clave para apoyar la salud intestinal, la eficiencia alimentaria y el crecimiento tras el destete.

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