Las micotoxinas, los ladrones ocultos
Las micotoxinas siguen siendo uno de los desafíos más persistentes e infravalorados a los que se enfrenta la producción ganadera moderna. Producidas por hongos que contaminan los cereales y los piensos, estas toxinas están presentes en prácticamente todas las regiones agrícolas del mundo y pueden afectar a la salud animal mucho antes de que aparezcan signos clínicos visibles. Las micotoxinas son capaces de provocar estrés oxidativo, inmunosupresión y daños orgánicos, comprometiendo en última instancia la productividad, la reproducción y la rentabilidad.
Las micotoxinas pueden ser producidas por hongos durante la fase previa a la cosecha de las materias primas para alimentación animal. Una de ellas es, por ejemplo, la zearalenona, asociada a problemas muy importantes en porcino, especialmente trastornos reproductivos. Otras micotoxinas son producidas por hongos durante el periodo de almacenamiento, cuando los cereales se almacenan o transportan durante determinados periodos de tiempo y las condiciones ambientales favorecen la producción de estas toxinas.
El impacto que las micotoxinas pueden tener sobre la salud y el rendimiento de los cerdos está estrechamente relacionado con la duración de la exposición o ingestión, el nivel de contaminación del pienso y el tipo de micotoxina presente. Además, la co-contaminación, es decir, la presencia simultánea de múltiples micotoxinas en una misma materia prima o pienso, incrementa la toxicidad. Los análisis de micotoxinas realizados por Kemin Customer Laboratory Services entre el 1 de julio de 2025 y el 31 de diciembre de 2025 mostraron que el 28 % de las muestras estaban contaminadas con más de tres micotoxinas y que el 14 % de las muestras analizadas contenían exactamente tres micotoxinas. No obstante, es importante destacar que los cerdos son especialmente sensibles a las micotoxinas, siendo los lechones jóvenes y los animales reproductores los más vulnerables.
Las lesiones y los signos clínicos pueden variar en función de la micotoxina implicada. Las aflatoxinas, por ejemplo, son hepatotóxicas, reducen la productividad y provocan inmunosupresión. Las tricotecenas, como el deoxinivalenol (DON o vomitoxina), están asociadas a lesiones cutáneas, daños en las mucosas, inmunosupresión, rechazo del alimento y, en algunos casos, vómitos (de ahí su nombre). Con mayor frecuencia, provocan una disminución del rendimiento productivo.
Las fumonisinas también están relacionadas con la inmunosupresión y, cuando los cerdos consumen piensos con altas concentraciones de esta micotoxina, puede producirse edema pulmonar, además de daños hepáticos.
La ocratoxina es nefrotóxica (tóxica para los riñones) y provoca un aumento del consumo de agua y de la micción, así como lesiones renales que también pueden observarse en el matadero. Al igual que ocurre con otras micotoxinas, una consecuencia habitual es la disminución del rendimiento productivo junto con la inmunosupresión.
Entre las principales micotoxinas que se encuentran en los piensos para animales, la zearalenona (ZEA) merece una atención especial. Producida principalmente por especies del género Fusarium, la zearalenona posee una potente actividad estrogénica y es especialmente problemática en el ganado porcino, donde puede observarse inflamación vulvar en las hembras. También puede afectar a las primerizas recién nacidas, provocar fallos reproductivos y perjudicar el rendimiento reproductivo de los machos debido a su capacidad para imitar la acción de los estrógenos.
La evaluación de la presencia de micotoxinas en los piensos es fundamental para minimizar sus efectos sobre los animales. Para ello, es esencial aplicar protocolos de muestreo representativos tanto de los piensos como de las materias primas, evitando interpretaciones erróneas de los resultados analíticos.
En resumen, las micotoxinas son especialmente importantes en porcino debido a la elevada sensibilidad de esta especie. Además, el carácter inespecífico de los signos clínicos asociados a las micotoxinas puede dificultar el diagnóstico de la causa real de una disminución del rendimiento productivo o de una respuesta insuficiente a los programas de vacunación, debido a la inmunosupresión que provocan.
Para el control de las micotoxinas pueden aplicarse diversas intervenciones tanto antes de la cosecha como durante el almacenamiento. Sin embargo, no todas las estrategias ofrecen los mismos resultados, ya que algunas micotoxinas son más difíciles de controlar y de impedir que lleguen a estar disponibles para su absorción por parte de los animales.
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