¿Puede el apoyo a la salud intestinal ayudar a los cerdos a afrontar el estrés por calor?
En nuestro artículo anterior, nos centramos en cómo el estrés por calor afecta al tracto gastrointestinal de los cerdos: reducción del flujo sanguíneo hacia el intestino, deterioro de la función de barrera intestinal, cambios en la microbiota y un aumento de la presión inflamatoria.
Las olas de calor registradas en toda Europa durante junio de 2026 nos recuerdan que el estrés por calor no es simplemente un riesgo teórico para la producción porcina. En el oeste de Francia, por ejemplo, la ola de calor tuvo un impacto significativo en la producción, con más de 1.000 explotaciones afectadas y pérdidas de cerdas estimadas entre el 3 y el 5 % del censo de reproductoras de Bretaña. Las consecuencias van más allá de la mortalidad inmediata de las cerdas: la reducción del crecimiento, reducción de productividad en el próximo ciclo en las granjas de madres y la presión sobre la logística de las granjas ponen de manifiesto que el estrés por calor se ha convertido en un reto estratégico para el sector. Dado que el estrés por calor afecta al intestino, una estrategia prometedora consiste en reforzar la resiliencia intestinal mediante la gestión del microbioma.
El estrés por calor no solo hace que los cerdos coman menos. También activa respuestas fisiológicas al estrés y puede comprometer la integridad intestinal. Dos indicadores útiles para comprender mejor estos efectos son el cortisol y la D-lactato deshidrogenasa (D-LDH).
El cortisol se describe comúnmente como una hormona del estrés. Cuando los cerdos se enfrentan a condiciones desafiantes, incluido el calor, los niveles de cortisol pueden aumentar como parte de la respuesta endocrina del animal. Aunque esta respuesta es útil a corto plazo, un estrés prolongado o excesivo puede desviar energía del crecimiento, la inmunidad y la recuperación. La D-LDH también es relevante en el contexto del estrés por calor, ya que está relacionada con el metabolismo del D-lactato y se utilizó en un estudio reciente como indicador asociado a alteraciones de la barrera intestinal. En estudios científicos, se ha observado que el D-lactato aumenta durante los episodios de estrés por calor y suele considerarse un marcador sanguíneo relacionado con la permeabilidad intestinal.
Un estudio reciente (2025), realizado en una granja comercial en Grecia evaluó la suplementación con Bacillus velezensis PB6 (CLOSAT®, Kemin Europa NV) en cerdos en fase de crecimiento sometidos a temperaturas elevadas. El probiótico está disponible para su aplicación tanto en el pienso como en el agua de bebida, y en este estudio se administró a través del pienso. El estudio incluyó 700 cerdos de 13 semanas de edad, distribuidos en un grupo control y un grupo probiótico. El grupo probiótico recibió pienso suplementado con PB6 y los animales fueron monitorizados desde las 13 hasta las 18 semanas bajo condiciones cálidas de campo, con temperaturas cercanas a los 29 °C y una humedad relativa del 40–44 %. Se tomaron muestras de sangre de 60 animales por grupo para evaluar indicadores fisiológicos de estrés.

Figura 1. Concentraciones séricas de D-lactato deshidrogenasa (D-LDH) en los grupos control y tratamiento a las 18 semanas de edad.
A las 18 semanas de edad, los cerdos que recibieron PB6 mostraron niveles séricos de cortisol más bajos que los del grupo control: 154,60 ± 75,7 ng/mL frente a 220,70 ± 104,9 ng/mL. A la misma edad, la concentración de D-LDH también fue inferior en el grupo suplementado: 15,54 ± 7,41 ng/mL frente a 19,22 ± 7,35 ng/mL en el grupo control. Estos resultados sugieren que la suplementación con PB6 se asoció con una menor respuesta fisiológica al estrés y con un perfil de marcadores más favorable relacionado con la integridad intestinal durante el periodo de estrés por calor.
Para el sector, el mensaje es claro: la refrigeración, la ventilación, el acceso al agua y un adecuado manejo de la alimentación siguen siendo fundamentales, pero pueden no ser suficientes. Durante los episodios de estrés por calor, el intestino se convierte en un punto central de vulnerabilidad. Apoyar la microbiota mediante una cepa probiótica con respaldo científico, como B. velezensis PB6, puede ayudar a los cerdos a mantener un mejor equilibrio fisiológico y una mayor resiliencia intestinal cuando las condiciones ambientales se vuelven adversas.
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