El balance energético negativo en la cerda lactante: causas, consecuencias y desafíos

28-abr-2026
X
XLinkedinWhatsAppTelegramTelegram
Balance energético negativo en cerdas lactantes: causas, impacto reproductivo y estrategias clave para mejorar la eficiencia productiva.

La mejora genética y los avances tecnológicos en producción porcina han permitido alcanzar niveles de prolificidad y producción de leche sin precedentes en las últimas décadas. Las cerdas modernas pueden destetar camadas de 14 a 16 lechones con pesos superiores a 6-7 kg por lechón, lo que representa hasta 20 litros/cerda/día de producción láctea.  Sin embargo, estos avances han generado nuevos desafíos metabólicos que comprometen la eficiencia reproductiva del plantel. El balance energético negativo (BEN) durante la lactancia se ha consolidado como uno de los factores centrales que afectan la fertilidad, la longevidad productiva y la rentabilidad de las explotaciones porcinas. Comprender los mecanismos que lo desencadenan, sus consecuencias reproductivas y las estrategias para minimizarlo es fundamental para mantener la competitividad en sistemas de alta producción.

¿Qué es el balance energético negativo?

El balance energético negativo (BEN) es un estado metabólico en el cual las demandas totales de energía y nutrientes de la cerda lactante superan la ingesta real que obtiene a través del alimento. Esta situación obliga al organismo a recurrir a las reservas corporales almacenadas para sostener las funciones vitales y la producción de leche.

El BEN se manifiesta clínicamente como una pérdida progresiva de peso corporal, una reducción del espesor de grasa dorsal medido por ultrasonografía y, en casos severos, una movilización significativa de masa muscular. Cuando la pérdida de peso corporal supera el 10-12% del peso registrado al parto, el BEN se considera crítico y sus efectos sobre la fertilidad y el desempeño reproductivo posterior se tornan especialmente graves.

Este fenómeno es prácticamente inevitable en sistemas modernos de alta producción debido a la magnitud de las demandas energéticas de la lactancia, sobre todo en hembras de primera parición.

Estudios recientes nos muestran las diferentes dinámicas que ocurren, dependientes principalmente del orden de parición.

Principales causas del balance energético negativo en lactancia

El balance energético negativo durante la lactancia surge de múltiples factores interrelacionados que afectan la capacidad metabólica de la cerda. A continuación, se presentan las causas principales que explican este fenómeno:

Alta demanda energética de la producción láctea: La lactancia representa el proceso fisiológico de mayor exigencia energética en la vida productiva de la cerda, alcanzando su pico máximo entre la tercera y cuarta semana de lactancia.

Limitación en la capacidad de ingestión: El consumo voluntario de alimento resulta insuficiente para cubrir las necesidades energéticas, enfrentando además un límite físico de ingestión impuesto por la capacidad del tracto digestivo.

Impacto de la selección genética: La selección genética ha generado cerdas hiperprolíficas cada vez más magras, con menores reservas corporales de grasa y un apetito voluntario reducido en comparación con genotipos menos seleccionados.

Mayor susceptibilidad en cerdas primíparas: Las cerdas primíparas presentan una mayor susceptibilidad al BEN porque no han completado su desarrollo corporal, por lo que los nutrientes deben distribuirse simultáneamente entre la producción de leche, el mantenimiento de funciones vitales y su propio crecimiento estructural, creando una competencia metabólica particularmente intensa.

Estos factores operan de manera simultánea y sinérgica, intensificando el desequilibrio metabólico que caracteriza al balance energético negativo en cerdas lactantes modernas.

Mecanismo de compensación: movilización de reservas corporales

Cuando la ingesta alimentaria no logra cubrir las demandas energéticas y proteicas de la lactancia, el organismo de la cerda activa mecanismos de compensación metabólica mediante la movilización de lípidos y proteínas corporales almacenadas. Este proceso permite sostener la producción de leche y las funciones vitales a expensas de las reservas tisulares acumuladas durante la gestación y el período previo al parto. La movilización de tejido adiposo libera ácidos grasos que se utilizan como fuente energética alternativa a la glucosa, mientras que la movilización de proteínas musculares proporciona aminoácidos para la síntesis de proteínas lácteas y el mantenimiento de funciones metabólicas esenciales. Como se mencionó previamente, se considera que el BEN alcanza un nivel crítico cuando la pérdida de peso corporal supera el 10-12 % del peso registrado al momento del parto, punto a partir del cual los efectos negativos sobre la fertilidad y el desempeño reproductivo posterior se intensifican significativamente.

Sin embargo, observaciones recientes, sobre todo en primíparas, muestran efectos negativos con movilizaciones corporales por debajo del 10 %.

Consecuencias reproductivas del balance energético negativo

El deterioro de la calidad ovárica y de los óvulos representa una de las consecuencias más graves del BEN. Las cerdas que experimentan un balance energético negativo severo desarrollan folículos de menor tamaño al momento del destete, presentan menores concentraciones circulantes de IGF-1 (factor de crecimiento insulínico tipo 1) y esteroides reproductivos, producen ovocitos con maduración nuclear y citoplasmática incompleta, y muestran una mayor incidencia de polispermia durante la fertilización.

El retraso en el retorno al celo es otra manifestación frecuente, ya que el BEN prolonga el intervalo destete-celo debido a la inhibición de la pulsatilidad de la hormona luteinizante (LH), hormona crucial para la maduración folicular y la ovulación.

El impacto en la camada siguiente incluye una reducción en el tamaño de camada conocida como 'drop de segunda camada', un peor desarrollo embrionario durante las primeras semanas de gestación, camadas menos uniformes con mayor variabilidad de peso al nacimiento, y una disminución en la tasa de concepción. Es importante destacar que el tipo de reserva movilizada condiciona la magnitud del impacto reproductivo: la movilización excesiva de masa magra (proteína muscular) tiene un efecto más perjudicial sobre la fertilidad que la pérdida equivalente de tejido adiposo.

  

  

Implicancias prácticas y estrategias de manejo

Minimizar el balance energético negativo durante la lactancia constituye uno de los objetivos centrales de la gestión reproductiva en sistemas porcinos modernos.

Las principales líneas de acción incluyen:

• optimización del consumo voluntario de alimento mediante el manejo ambiental y el confort térmico en las salas de maternidad;

• ajuste de la frecuencia y horarios de suministro de alimento para estimular la ingesta;

• incremento de la densidad energética y nutricional de las dietas de lactancia mediante fuentes de grasa de alta digestibilidad y aminoácidos sintéticos. Utilización de aditivos que mejoren la digestibilidad y aprovechamiento de nutrientes; palatabilizantes que aumenten el consumo y aportes en dietas que permitan cubrir el perfil completo de nutrientes requeridos (macro y micronutrientes);

• implementación de estrategias de alimentación de precisión según el número de lechones amamantados, número de parto y condición corporal individual.

• atención especial a las cerdas primíparas debido a su mayor susceptibilidad metabólica, con programas de alimentación diferenciados y destetes ajustados cuando sea necesario;

• monitoreo sistemático de la condición corporal mediante ultrasonografía, cáliper o balanza; y

• control de las pérdidas de peso durante la lactancia para detectar situaciones de riesgo y ajustar las estrategias nutricionales de forma oportuna.

La implementación exitosa de estas estrategias requiere un enfoque integrado que considere tanto los aspectos nutricionales como los factores ambientales y de manejo, adaptándose a las características específicas de cada sistema productivo y las condiciones individuales de cada cerda.

Conclusiones

El balance energético negativo durante la lactancia es una consecuencia casi inevitable de los sistemas modernos de alta producción porcina, donde cerdas genéticamente superiores enfrentan demandas metabólicas extremas para sostener camadas numerosas y productivas. Sin embargo, la magnitud y duración del BEN pueden y deben ser gestionadas mediante estrategias nutricionales, ambientales y de manejo reproductivo basadas en evidencia científica. Comprender los mecanismos fisiológicos que desencadenan el BEN y sus efectos sobre la calidad ovárica, el retorno al celo y el desempeño reproductivo posterior permite diseñar intervenciones efectivas para proteger la fertilidad, la longevidad productiva y la rentabilidad del plantel. La clave del éxito no radica en eliminar completamente el BEN, sino en mantenerlo dentro de límites fisiológicos compatibles con una alta eficiencia reproductiva y productiva a largo plazo. Esta gestión integrada representa un desafío técnico permanente que requiere formación continua, monitoreo sistemático y capacidad de adaptación a las características específicas de cada sistema productivo.

                                                                   

Referencias bibliográficas

  1. Spinler, M. S., Woodworth, J. C., Tokach, M. D., Goodband, R. D., DeRouchey, J. M., Frobose, H. L., Uitermarkt, A., & Gebhardt, J. T. (2024). Evaluation of precision feeding standardized ileal digestible lysine and other amino acids to determine and meet the lactating sow’s requirement estimates. Journal of Animal Science, 102, skae285.
  2. Bruun, T. S., Eskildsen, M., Hojgaard, C. K., Nørskov, N. P., Knudsen, K. E. B., Theil, P. K., & Feyera, T. (2023). Feeding level during the last week of gestation can influence performance of sows and their litters in the subsequent lactation. Journal of Animal Science, 101, 1–11.
  3. Humphrey, D. C., Haydon, K. D., & Greiner, L. L. (2024). Effect of branched-chain amino acids on lactating sow and piglet performance. Journal of Animal Science, 102 (Suppl. S2), 64.
  4. Costermans, N. G. J., Teerds, K. J., Middelkoop, A., Roelen, B. A. J., Schoevers, E. J., van Tol, H. T. A., Laurenssen, B., Koopmanschap, R. E., Zhao, Y., Blokland, M., van Tricht, F., Zak, L., Keijer, J., Kemp, B., & Soede, N. M. (2020). Consequences of negative energy balance on follicular development and oocyte quality in primiparous sows. Biology of Reproduction, 102(2), 388–398.
  5. Strathe, A. V., Bruun, T. S., & Hansen, C. F. (2017). Sows with high milk production had both a high feed intake and high body mobilization. Animal, 11(11), 1913–1921.
  6. Knauer, M. (2022). Technology to Efficiently and Effectively Evaluate Body Condition. Journal of Animal Science, 100 (Suppl. S2), 8.
  7. Strathe, A. V., Strathe, A. B., Theil, P. K., Hansen, C. F., & Kebreab, E. (2015). Determination of protein and amino acid requirements of lactating sows using a population-based factorial approach. Animal, 9(8), 1319–1328.
  8. Calderón Díaz, J. A., Vallet, J. L., Lents, C. A., Nonneman, D. J., Miles, J. R., Wright, E. C., Rempel, L. A., Cushman, R. A., Freking, B. A., Rohrer, G. A., Phillips, C., DeDecker, A., Foxcroft, G., & Stalder, K. (2015). Age at puberty, ovulation rate, and uterine length of developing gilts fed two lysine and three metabolizable energy concentrations from 100 to 260 d of age. Journal of Animal Science, 93, 3521–3527.
  9. Liu, B., Zhou, Y., Xia, X., Wang, C., Wei, H., & Peng, J. (2020). Effects of Dietary Lysine Levels on Production Performance and Milk Composition of High-Producing Sows during Lactation. Animals, 10, 1947.
  10. Manjarin, R., Bequette, B. J., Wu, G., & Trottier, N. L. (2014). Linking our understanding of mammary gland metabolism to amino acid nutrition. Amino Acids, 46, 2447–2462.
  11. Hurley, W. L., & Bryson, J. M. Mammary Gland Metabolism of Amino Acids in the Lactating Sow: An In Vitro Study.
  12. Pangeni, D. P. (2014). Phase feeding of sows in gestation and lactation. University of Minnesota.
  13. Silva, G., Thompson, R., Knopf, B., Greiner, L. L., Soto, J. A., Vier, C., Lu, N., & Orlando, U. (2020). Effects of metabolizable energy and standardized ileal digestible lysine levels on lactating sow and litter performance. Journal of Animal Science, 98 (Suppl. S3), 95.
  14. Hojgaard, C. K., Bruun, T. S., & Theil, P. K. (2019). Optimal crude protein in diets supplemented with crystalline amino acids fed to high-yielding lactating sows. Journal of Animal Science, 97(1), 779–793.
  15. Cooper, D. R., Patience, J. F., Zijlstra, R. T., & Rademacher, M. (2001). Effect of nutrient intake in lactation on sow performance: Determining the threonine requirement of the high-producing lactating sow. Journal of Animal Science, 79, 2378–2387.
  16. Estrada, J., Johnson, D. C., Kyle, K. L., Perez, J., Parr, E., Welch, M. W., Neill, C., Peterson, B. A., & Boler, D. D. (2024). Characterizing sow feed intake during lactation to explain litter and subsequent farrowing performance. Journal of Animal Science, 102, skae093.
  17. Watzeck, M. C., & Huber, L. (2024). The standardized ileal digestible lysine-to-net energy ratio in the diets of sows to optimize milk nitrogen retention is dynamic during lactation. Journal of Animal Science, 102, skae094.
  18. Yang, H., Eastham, P. R., Phillips, P., & Whittemore, C. T. (1989). Reproductive performance, body weight and body condition of breeding sows with differing body fatness at parturition, differing nutrition during lactation, and differing litter size. Animal Production, 48, 181–201.

 

X
XLinkedinWhatsAppTelegramTelegram
me gustacomentaMis favoritos

Contacto:

Contacta con nosotros a través del siguiente formulario.