Esta práctica, implantada desde 2016, elimina la necesidad de la castración física y reduce el riesgo de olor sexual y de comportamientos agresivos. Gracias a un equipo específico y bien formado, los resultados han sido positivos tanto en términos de bienestar animal como de rendimiento productivo, con una mejor conversión alimenticia, canales más magras y un mayor valor añadido en el mercado.
Esta Buena Práctica fue seleccionada entre las Top 5 Buenas Prácticas del proyecto WelFarmers dentro del ámbito «AVOIDING PAIN IN CASTRATION» (Evitar el dolor en la castración).