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26-jul-2021 (hace 1 meses 28 días)

Sostenibilidad medioambiental: la huella ecológica de la alimentación porcina.

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La clave reside en introducir un índice de conversión sostenible, además de utilizar ingredientes alternativos y una alimentación que permita reducir las emisiones.

Hendrix Genetics sube el listón en lo relativo a la sostenibilidad económica, social y, por supuesto, medioambiental. Además de las ventajas que el progreso genético reporta a la sostenibilidad medioambiental, hay otras esferas de actuación para reducir la huella ecológica del sector. La clave reside en introducir un índice de conversión sostenible, además de utilizar ingredientes alternativos y una alimentación que permita reducir las emisiones. Todo ello contribuirá a resolver el conflicto entre la producción de alimentos, piensos y combustibles.

La producción porcina causa cada vez mayor preocupación entre los consumidores, en concreto en torno al impacto ambiental de los sistemas actuales de producción. Los usos y efectos sobre el suelo y los terrenos, el aire, el agua y las emisiones de gases de efecto invernadero constituyen en su conjunto la huella ecológica de la producción porcina. Los principales retos a los que se enfrenta a día de hoy el sector de la producción porcina son la necesidad de satisfacer una demanda creciente de carne de cerdo, reducir los efectos de su producción sobre el medio ambiente, alcanzar mayores niveles de bienestar animal y, al mismo tiempo, garantizar la rentabilidad del sector. En este artículo abordaremos algunas cuestiones sobre cómo mejorar la sostenibilidad medioambiental de la producción porcina.

                                

La intensificación reduce la huella ecológica

Investigaciones realizadas en Estados Unidos muestran una clara tendencia a la baja de la huella ecológica de la producción porcina. Mediante el análisis del ciclo de vida de la cadena de valor del porcino y el modelado de la producción entre los años 1960 y 2015, estas investigaciones demuestran claramente una reducción del impacto ambiental por kg de carne de cerdo producido. En término medio, los valores de producción ponderada disminuyeron en las cuatro categorías analizadas durante todo el período de observación. La mayor disminución fue la observada en los usos del suelo (75,9 %), seguida de la del uso de agua (25,1 %), la del potencial de calentamiento global (7,7 %) y, en último lugar, la de consumo energético (7,0 %). La investigación concluyó que la intensificación de la producción porcina ha derivado en una enorme reducción de su huella ecológica a lo largo de las últimas décadas.

La clave es la alimentación

Se calcula que la producción de 1 kg (2.2 lb) de carne de cerdo genera el equivalente a 7,2 kg (15,9 lb) de emisiones de CO2. Casi la mitad de ese CO2 procede del pienso. La otra mitad se genera como consecuencia de los cambios de usos del suelo, los cambios en la biomasa y el carbono del suelo y los procesos agropecuarios (fertilizantes, estiércol y maquinaria agrícola). El resto de emisiones, sobre un 15 %, se producen en el transporte, transformación, envasado y distribución. Así pues, el ámbito en el que es evidente que hay que centrarse para reducir la huella ecológica de la producción porcina es el de la producción de pienso. Su impacto se vería tanto en términos de índice de conversión como de perspectivas de usos del suelo; esto es, si los animales son más eficientes, la necesidad de insumos es menor. Además, si logramos producir pienso a partir de otras fuentes alternativas, como los flujos de residuos de combustibles o alimentos, conseguiremos tener también un impacto en los usos del suelo. El índice de conversión lleva muchos años entre los objetivos de selección más importantes y, de hecho, se ha avanzado mucho en ello. No obstante, el proceso para lograr un mejor índice de conversión todavía no ha concluído ni de lejos.

Lee el artículo completo aquí.

                                                                              

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