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El futuro de la rentabilidad en la producción porcina: Parte 1 – El principio de la hucha

Si queremos lograr una mayor resiliencia económica en tiempos difíciles, debemos dejar de reducir costes y centrarnos en superar los desafíos futuros.

Para la mayoría, la clásica hucha de cerdito suele verse como poco más que un objeto decorativo. Pero en el sector porcino, puede convertirse en un símbolo poderoso: cuando rompes la hucha, solo sacas lo que en algún momento metiste. Lo mismo ocurre con los cerdos de verdad. Cuando los enviamos al matadero, el rendimiento refleja cada gramo de tiempo, esfuerzo e inversión dedicados a su crecimiento. En este sentido, los cerdos son como huchas, y esta comparación ofrece más información de la que se percibe a simple vista.

Una de las realidades inevitables en producción porcina es que los mercados se vuelven eventualmente en nuestra contra. Los precios bajan, los márgenes de beneficio desaparecen y la presión para reducir costes se vuelve casi irresistible.

Recortar gastos da sensación de control: es tangible y ofrece resultados inmediatos. Sin embargo, el peligro reside en que, a menos de que el recorte sea verdaderamente en un gasto innecesario, cada recorte elimina algo que contribuía a la productividad y al rendimiento.

En nuestro intento por ahorrar, es posible que estemos sacando más de nuestra "hucha" de lo que podemos permitirnos, comprometiendo la rentabilidad a largo plazo por un alivio temporal.

Aquí es donde el principio de la hucha cobra importancia. Cuando ahorramos dinero, lo hacemos en épocas de bonanza para poder usarlo cuando más lo necesitemos. Del mismo modo, si queremos una mayor resiliencia económica en tiempos difíciles, nuestro enfoque debe pasar de reducir costes a centrarnos en superar los desafíos futuros. La rentabilidad futura depende de lo que invirtamos hoy.

Históricamente, los mayores avances en la agricultura no han venido de recortes constantes, sino de inversiones estratégicas: la predisposición a guardar más recursos en la "hucha". Durante gran parte de la era moderna, la vía de inversión más obvia ha sido a través de las economías de escala. Granjas más grandes, integración vertical y mejor acceso a los mercados globales han permitido a los productores criar más cerdos a un menor coste por cabeza. Esta inversión en eficiencia ha construido los cimientos para la resiliencia del sector, permitiendo a los productores sobrellevar las crisis y aprovechar nuevas oportunidades cuando el mercado se recuperaba.

Sin embargo, en muchas regiones productoras de porcino, los beneficios marginales derivados de la escala están comenzando a estabilizarse. Muchas granjas ya operan cerca de sus límites técnicos y logísticos. Esta realidad plantea una nueva pregunta: ¿Hacia dónde debe dirigirse la próxima ola de inversión para mantener la rentabilidad y la resiliencia?

La respuesta emergente es la producción de precisión

Los modelos tradicionales de producción basados en grupos, trabajan con promedios. La formulación de piensos, los protocolos sanitarios y las prácticas de manejo se optimizan para el “cerdo promedio”. Pero, como todo productor sabe, pocos cerdos son realmente “promedios”. Algunos necesitan más, otros menos. El resultado es una población con gran variabilidad en tasas de crecimiento, composición corporal y características de la canal. Esta variabilidad genera retos para el matadero, procesadores y compradores, que deben procesar cerdos que difieren en lo previsto o deseado (Figura 1).

La producción de precisión representa cambiar de manejar poblaciones a manejar individuos. Su objetivo es simple, pero significativo: garantizar que cada cerdo producido sea el cerdo previsto.

Figura 1. A nivel minorista, los productos cárnicos porcinos son muy homogéneos. Sin embargo, en un lote de animales a matadero, pocos cerdos cumplen estos altos estándares de uniformidad, lo que requiere un procesamiento adicional para los cerdos “fuera de objetivo”, reduciendo los márgenes de beneficio.

Figura 1. A nivel minorista, los productos cárnicos porcinos son muy homogéneos. Sin embargo, en un lote de animales a matadero, pocos cerdos cumplen estos altos estándares de uniformidad, lo que requiere un procesamiento adicional para los cerdos “fuera de objetivo”, reduciendo los márgenes de beneficio.

Al adaptar el manejo a las necesidades individuales, podemos dirigir mejor los recursos (alimentación, intervenciones sanitarias, ajustes ambientales) solamente allí donde realmente sean necesarios para lograr el resultado deseado (Figura 2). En esencia, la producción de precisión consiste en invertir con inteligencia, no necesariamente más.

Figura 3: Distribución del rendimiento específico por nº de parto.

Figura 3: Distribución del rendimiento específico por nº de parto.

Los agricultores ya han demostrado el poder de este enfoque. Las tecnologías de agricultura de precisión (aplicación de dosis variables, mapeo del suelo y monitorización del rendimiento) han impulsado mejoras drásticas tanto en la eficiencia como en la producción. Los sistemas de producción porcina se encuentran ahora en el umbral de una transformación similar. La capacidad de identificar, medir y responder a la variación individual dentro de las granjas definirá la próxima generación de rentabilidad en la producción.

La primera inversión en producción de precisión es la capacidad de medir la variación

Antes de poder gestionar a los cerdos como individuos, debemos reconocerlos como tales en nuestros datos. Métricas como la desviación estándar describen cuánto difieren los cerdos individuales del promedio del grupo.

Las medidas de asimetría o cuartiles revelan si los cerdos están distribuidos uniformemente o agrupados en un extremo del espectro productivo. Y nunca subestimes el poder de la visualización: las tablas, los gráficos y los paneles de datos pueden visibilizar patrones que los números por sí solos podrían ocultar. El ojo humano es, después de todo, una herramienta extraordinaria para detectar tendencias y valores atípicos.

Una vez medida la variación, comienzan a surgir oportunidades. Es posible identificar las cerdas de bajo rendimiento para actuar sobre ellas, desviejarlas (Figura 2) o detectar con precisión las características que hacen que ciertas primerizas sean excepcionalmente productivas.

Las estrategias de comercialización pueden perfeccionarse para agrupar cerdos más uniformes para la venta. El impacto de las enfermedades subclínicas puede detectarse con mayor antelación, antes de que afecten el rendimiento de la granja. Cada uno de estos avances se deriva de la misma inversión: mejorar nuestra capacidad para medir y comprender la variación.

En definitiva, el principio de la hucha nos recuerda que la resiliencia y la rentabilidad se construyen con el tiempo mediante contribuciones constantes y meditadas. Reducir costes puede ofrecer un alivio temporal, pero el éxito a largo plazo reside en la voluntad de invertir. La producción de precisión ofrece una nueva forma de hacer que esas aportaciones cuenten, asegurando que cada recurso invertido en el cerdo se traduzca en un valor medible que se obtiene a cambio.

Al mirar hacia el futuro de la producción porcina, la hucha sigue siendo un símbolo apropiado. Lo que incorporemos a nuestros sistemas hoy, determinará de que podremos disponer mañana. En la Parte 2, exploraremos cómo la magnitud de estas inversiones puede transformar la rentabilidad en toda la cadena de producción.

Figura 2: Los protocolos y prácticas basados ​​en promedios de grupo no son adecuados para la mayoría de los cerdos. Esto puede provocar un empeoramiento del rendimiento en los cerdos más alejados del promedio, lo que agrava el problema de la variabilidad.

Figura 2: Los protocolos y prácticas basados ​​en promedios de grupo no son adecuados para la mayoría de los cerdos. Esto puede provocar un empeoramiento del rendimiento en los cerdos más alejados del promedio, lo que agrava el problema de la variabilidad.

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