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Espesor de grasa dorsal de primíparas al final de la gestación, desarrollo mamario y crecimiento del lechón

¿Las primíparas con mayor espesor de tocino dorsal producen más leche?

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Comparative study on the relations between backfat thickness in late-pregnant gilts, mammary development and piglet growth. C. Farmer, J.-P. Martineau, S. Méthot and D. Bussières. Transl. Anim. Sci. 2017.1:154–159 doi:10.2527/tas2017.0018

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Comentario

El espesor de grasa dorsal (EGD) es un parámetro de registro habitual en muchas granjas de madres y el seguimiento de su evolución a lo largo del ciclo productivo se interpreta como un índice de la movilización y reposición de reservas corporales. Comúnmente, el EGD suele medirse como mínimo al destete/cubrición, tras el diagnóstico de gestación y a la entrada a parideras.

Es conocido que cerdas que finalizan la lactación con un EGD muy bajo o muy alto pueden presentar problemas reproductivos y estas últimas, además, suelen ser las cerdas que han destetado camadas de menor peso.

El valor de EGD tras el diagnóstico positivo de gestación es especialmente importante para confeccionar los grupos de cerdas en aquellas granjas donde no se pueda alimentar individualmente durante el resto de la gestación.

El EGD al final de la gestación, si es excesivo, puede afectar al parto y reducir tanto la ingestión de pienso como el crecimiento de la camada durante la lactación. Además, es especialmente importante en las primerizas al estar relacionado con la longevidad de la cerda; las cerdas jóvenes con un determinado rango de EGD realizan más ciclos productivos. Algunos autores sugieren que el rango ideal de EGD de las primerizas estaría entre 16 y 20mm aunque este margen puede variar y está claramente influenciado por la genética de la cerda. Por otra parte, el EGD al parto parece estar relacionado con el desarrollo mamario y el potencial de producción de leche, muy especialmente en cerdas primerizas.

El trabajo es un estudio observacional que incluye más de 350 cerdas primíparas (LDxLW, inseminadas con semen Duroc), 182 provenientes de una granja comercial (rendimientos productivos durante la lactación) y 171 de ensayos experimentales realizados en un centro de investigación (desarrollo mamario).

Los resultados indican que un mayor EGD al final de la gestación de las primerizas tiende a aumentar la ganancia de peso de la camada, debido a una mayor producción de leche relacionada, posiblemente, con un mejor desarrollo y preparación de la glándula mamaria. Sin embargo, dado que la mejora del aumento de peso del lechón es modesta (8,5%), que las cerdas más gordas pierden mayor EGD para el mismo peso vivo y que la mejor correlación entre el EGD y los parámetros medidos en la ubre se da con el tejido no parenquimatoso; los autores recomiendan mantener las primerizas al final de la gestación en un rango de EGD entre >15 y <26.

En la práctica, alcanzar la máxima productividad requiere optimizar la capacidad de las cerdas actuales para salir en celo después del destete. Cuanto mayor es la producción de leche, mayor es el crecimiento de la camada, mejor es el bloqueo de la actividad ovárica durante la lactación y mejor es la ovulación y salida en celo después del destete. Cuánto mejor es la ovulación y salida en celo más fácil es conseguir una buena cubrición y se obtienen más lechones al siguiente parto. Aceptando esta tesis, la clave para conseguir buenos niveles productivos es maximizar la producción de leche. Entre las especies ganaderas comunes, la cabra presenta una ubre ideal con poca grasa asociada a una muy alta producción de leche y una condición corporal extremadamente magra. De ello, y de la evolución experimentada por las cerdas en los últimos decenios, podría inferirse que las más magras son más productivas. Sin embargo, para las cerdas muy magras el margen de error en la movilización de reservas durante la lactación es muy pequeño y el riesgo de una pérdida excesiva de tejido puede perjudicar la salida en celo tras el destete e incluso su vida productiva. Sin duda, en las cerdas actuales el EGD (utilizado como índice de su balance energético) ha perdido importancia como predictor del estado de reservas corporales de la cerda en beneficio del tejido magro que se representa mejor por el PV de la cerda. Sin embargo, para todo el rebaño y muy especialmente para las primerizas, el EGD todavía resulta un parámetro importante y de gran utilidad para evaluar el estado de reservas corporales; entre otras razones porqué, a día de hoy, en condiciones comerciales resulta más fácil de medir que el PV.

Resumen del artículo comentado

Comparative study on the relations between backfat thickness in late-pregnant gilts, mammary development and piglet growth. C. Farmer, J.-P. Martineau, S. Méthot and D. Bussières. Transl. Anim. Sci. 2017.1:154–159 doi:10.2527/tas2017.0018

Antecedentes y métodos: Se estudió la posible relación entre la condición corporal a final de la gestación de las cerdas primerizas y el aumento del peso corporal de su camada, así como el desarrollo mamario. Para ello se utilizaron dos grupos de datos. Se utilizaron primerizas de una granja comercial (Parte 1, n = 182) o de una serie de experimentos sobre el desarrollo mamario (Parte 2, n = 172), que fueron separadas en 3 grupos según el espesor de su grasa dorsal (EGD) el día 110 de gestación. La categorización de los grupos fue similar en las partes 1 y 2 del estudio: espesor bajo (LOW), 13,6 ± 1,6 mm (media ± SD); medio (MED), 17,6 ± 1,0 mm (media ± SD); y alto (HIGH), 21,8 ± 1,8 mm (media ± SD) en la Parte 1, y LOW, 14,2 ± 1,3 mm (media ± SD); MED, 18,1 ± 1,0 mm (media ± SD) y HIGH 23,4 ± 2,6 mm (media ± SD) en la Parte 2. Mediante un ANOVA se determinaron los efectos del grupo EGD sobre la ganancia de peso corporal en los lechones (Parte 1) o sobre diversas características de la glándula mamaria (Parte 2).

Resultados: Las camadas de cerdas HIGH tendieron a tener una mayor ganancia de peso corporal durante la lactancia que las camadas de cerdas LOW (P < 0,10). Las cerdas con un EGD HIGH tenían más tejido parenquimatoso mamario y más proteína total y más ADN total que las que las MED o LOW (P < 0,05), lo que llevó a un mayor contenido de proteína total y de ADN total (P < 0,05). Hubo fuertes correlaciones positivas (P < 0,0001) entre el peso del parénquima y la proteína total, ADN total y ARN total.

Conclusión: Los resultados sugieren que es beneficioso que las cerdas primerizas tengan un mayor EGD (es decir, 20-26 mm) a final de gestación para conseguir un desarrollo mamario óptimo y una mayor ganancia de peso corporal de la camada en la lactación.

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