Bioseguridad interna: la sanidad sigue empezando por la higiene
"Nunca olvides lavar tus manos luego de haber tocado a una persona enferma." Esta idea fue enunciada por el médico cordobés Maimónides a finales del siglo XII. Pero no fue hasta bien entrado el siglo XIX cuando se comenzó a vincular empíricamente la higiene del personal sanitario con la incidencia de determinadas patologías, como la fiebre puerperal y el fallecimiento de madres y bebés tras el parto. A finales de ese mismo siglo, Louis Pasteur presentó su célebre "Teoría de los gérmenes y su aplicación en la medicina y la cirugía".
Estamos en el siglo XXI. Hoy, al personal sanitario se le instruye sobre cómo mantener la higiene de sus manos para evitar convertirse en vectores de patógenos. Las autoridades sanitarias insisten a la población sobre la importancia del lavado de manos ante brotes de gripe, para prevenir contagios y contener las resistencias a los antibióticos. Incluso se ha establecido el 15 de octubre como el Día Mundial del Lavado de Manos.
Todo esto es perfectamente extrapolable a la producción agropecuaria actual, donde cada detalle cuenta a la hora de alcanzar los exigentes objetivos productivos: reducción del uso de medicamentos, especialmente antibióticos, cumplimiento de los estándares de bienestar animal y garantía de la seguridad alimentaria. Y esto aplica a todo tipo de producción: maternidades y engordes porcinos, plantas de incubación, granjas avícolas de cría o puesta, instalaciones lecheras modernas, entre otras.
En este contexto, la bioseguridad interna engloba todos aquellos procesos orientados a reducir el riesgo de difusión de patógenos dentro de las producciones: acciones de higiene sobre el personal y los animales, manejo, profilaxis vacunal o combinaciones de todas ellas. Se trata de las medidas que se adoptan mientras se trabaja con los animales, no solo en los vacíos sanitarios.
La higiene del personal: mucho más que una ducha
La higiene del personal abarca todas las medidas aplicadas una vez superada la ducha preceptiva al ingreso a la producción. Esa ducha puede potenciar su efecto de barrera utilizando jabones con componente antiséptico en situaciones de mayor riesgo: visitas externas, granjas de alta bioseguridad, centros de inseminación o momentos críticos vinculados a determinadas patologías.
Más allá del simple lavado, la desinfección de manos resulta clave para evitar el contagio entre camadas, salas o lotes. No olvidemos que virus como el del PRRS pueden vehicularse a través de las manos de un animal a otro. Además, el lavado frecuente y concienzudo de manos, en ocasiones con agentes antisépticos, también protege al propio trabajador frente a microorganismos como el Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SARM): el riesgo de infección por este patógeno es hasta seis veces mayor en personas en contacto con ganado porcino, según un estudio de 2015 de las universidades de Iowa, Kent y el National Cancer Institute de Estados Unidos.

Microorganismos en una mano aparentemente limpia. Foto: T. Sturm.
Vestimenta y útiles de trabajo
El mismo celo higiénico debe aplicarse a la ropa y los materiales de trabajo. La desinfección de los útiles utilizados con los animales debería ser rutinaria entre lotes, para evitar contaminaciones cruzadas. Lo mismo aplica a la indumentaria: monos, toallas, trapos. Un lavado convencional con detergente puede no ser suficiente, ya que ciertos patógenos sobreviven a los ciclos de lavado e incluso pueden contaminar la lavadora, convirtiéndola en un reservorio. Por ello, es necesario someter la ropa a tratamientos periódicos de desinfección con productos formulados específicamente para este fin, asegurando que el propio mono de trabajo no se convierta en un fómite de transmisión entre lotes.
Calzado y pediluvios: El detalle que marca la diferencia
En lo que respecta al calzado, los pediluvios entre naves pueden ser un sistema útil de prevención, pero frecuentemente fallan por dos razones principales: el envejecimiento de la solución desinfectante y el escaso tiempo de contacto aplicado.
La solución desinfectante debe reponerse a diario, o cada dos o tres días como máximo según el nivel de uso. Una vez contaminada con materia orgánica, se inactiva y se convierte en un caldo de cultivo para los propios patógenos que se pretende eliminar. Por otro lado, es imprescindible respetar un mínimo de tiempo de contacto: hay que detenerse completamente en el pediluvio durante unos segundos para que el desinfectante cubra bien toda la suela.

Cuadro 1. Vías de propagación del virus PRRS.
Fuente: Dr. Scott Dee, Universidad de Minnesota, EUA, 2013
Higiene de los animales
Otro capítulo esencial de la bioseguridad interna es la higiene de los propios animales. En porcino, por ejemplo, es una práctica cada vez más extendida lavar las cerdas antes de su ingreso a la sala de partos y realizar una desinfección de la zona vulvar y las mamas uno o dos días antes del parto. Sus efectos positivos sobre la sanidad de la camada en los primeros y críticos momentos de vida son evidentes, y además contribuye a prevenir patologías como la epidermitis exudativa.
Circuitos de alimentación líquida
En las producciones donde se emplea alimentación líquida o soluciones de leche maternizada para lechones lactantes, los circuitos de conducción deben considerarse parte inexcusable de la higiene durante la producción. Han de limpiarse con frecuencia tras su uso con un detergente específico para circuitos que elimine los restos de materia orgánica adheridos a las superficies; idealmente, cada vez que se utilizan o en veces alternas. Semanalmente, deben someterse a un tratamiento de desinfección con un producto autorizado para uso en industria alimentaria, ya que la legislación de biocidas los clasifica así por estar en contacto con alimentos o alimento concentrado.
Existe la creencia de que estos circuitos no deben limpiarse con demasiada frecuencia para preservar una "flora láctica beneficiosa". Esta idea no es exacta: sería equivalente a proponer a una industria láctea que no limpiara sus instalaciones entre producciones. Dado el ambiente interior de estos circuitos, alta actividad de agua y temperatura, pueden convertirse en una plataforma ideal para el desarrollo de biofilms y la proliferación de bacterias anaerobias y hongos. En climas cálidos, con un mantenimiento deficiente, el resultado en verano puede ser que la tubería "cobre vida propia", con consecuencias sanitarias y productivas muy negativas.
Bioseguridad: Una filosofía de trabajo continua
La bioseguridad interna, como la externa, no puede ser una práctica puntual. Debe interiorizarse, asumirse e implantarse como una filosofía continua de trabajo. Esto implica formar al personal sobre sus bases y explicar que cada paso y cada detalle cuentan. Más aún en un contexto en el que las exigencias productivas, sanitarias y de imagen del sector ganadero ante la sociedad son cada vez mayores.
Desde Kersia acompañamos a las producciones con soluciones específicas de higiene y desinfección para cada etapa del proceso, contribuyendo a que la bioseguridad sea una realidad efectiva en el día a día de la granja.
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