La casa no se empieza por el tejado: lo que va antes de la intervención hormonal en reproducción porcina
Las hormonas reproductivas llevan años en el mercado y, bien usadas, funcionan. Cuando el resultado no llega, el fallo rara vez está en el producto. Suele estar antes: una cerda fuera de condición, un diagnóstico hecho a ojo, un producto mal conservado o una dosis aplicada fuera de hora. Sobre esa idea se construye la serie de cápsulas de la Virbac Swine Bio-Academy sobre hormonas en reproducción porcina, que este artículo resume.
Sincronizar nulíparas: primero, la selección
El progestágeno frena temporalmente el eje hipotálamo-hipófisis y, al retirarlo, las hembras retoman el ciclo a la vez. Para eso tiene que haber un ciclo que retomar: una nulípara impúber o en anestro no responde. Por eso la selección va antes que el protocolo (crecimiento, edad, grasa dorsal, estímulo con verraco), y la ecografía ayuda a identificar a las impúberes.
Con altrenogest durante 18 días, la meta es que al menos el 95 % de las hembras salga en celo, en general entre 5 y 6 días después de la última dosis. Cuanto más agrupados estén esos celos, mejor es la fertilidad y más fácil es cumplir el objetivo de servicios de cada lote. Los fallos más habituales tienen que ver con el horario (siempre a la misma hora, con un margen de una hora), con dosis incompletas y con la conservación del producto. En cuanto a la duración, los tratamientos de menos de 5 días o de más de 15 funcionan bien; los intermedios rinden menos.
La tabla 1 resume qué hace cada grupo hormonal y cuándo se usa.
Tabla 1. Grupos hormonales: acción principal y uso más frecuente.

Las gonadotropinas, aplicadas en torno a 24 horas después del destete, adelantan el celo y también la ovulación. En un esquema de tres inseminaciones a horas fijas, la tercera puede llegar cuando la ventana fértil ya se cerró (figura 1).

Figura 1. Ventana de fertilidad en torno a la ovulación y efecto de la ovulación adelantada sobre la 3.ª inseminación del programa. La posición de la 2.ª inseminación se estima a partir del intervalo de 24 h entre inseminaciones.
Diagnóstico: tratar sin saber sale caro
En reproducción, muchos diagnósticos se quedan en presuntivos y la ecografía se usa poco. El caso típico empieza con una retención placentaria o una endometritis que mantiene el cuerpo lúteo activo y la progesterona alta. La cerda no sale en celo, se trata como si estuviera en anestro y recibe una gonadotropina que, con progesterona presente, termina en quistes foliculares (figura 2).

Figura 2. Cómo un diagnóstico presuntivo encadena errores: la cerda en fase lútea, tratada como si estuviera en anestro, puede recibir gonadotropina y desarrollar quistes foliculares. La ecografía reproductiva ayuda a distinguir el anestro real de la fase lútea.
La ecografía despeja la duda. En el anestro real, con ovario pequeño y folículos de 3 a 4 mm, la gonadotropina está indicada si la cerda está sana y en buena condición corporal. En fase lútea, no.
Como referencia, el 90 % de las cerdas debería estar en celo a los 7 días del destete y el 97 % a los 10 días.
Manejo: lo que pesa tanto como el producto
El producto es sensible a la luz y al calor, se degrada con aplicadores sucios y debe conservarse y dosificarse según la ficha técnica.
La cerda solo destina recursos a reproducirse cuando tiene cubierto lo demás, así que la nutrición tiene que estar planificada en todas las fases. El flushing ayuda en el posdestete y en hembras delgadas, pero aporta poco a las que ya llegan en buena condición. El ambiente también influye: el estrés ambiental y social altera la secreción de LH y compromete el mantenimiento de los cuerpos lúteos.
En la detección de celo, quien estimula mucho a la cerda tiende a detectarlo antes, y quien espera el reflejo de inmovilidad lo detecta más cerca de la ovulación. Las dos formas sirven si el momento de inseminar se ajusta a la manera de detectar. El verraco detector sigue siendo imprescindible.
El objetivo de cada protocolo se fija antes de empezar: 95 % de hembras en celo en la sincronización, y celo de calidad entre 4 y 7 días después en la inducción con gonadotropina.
Tiempo fijo: eficaz, pero exigente
En la inseminación a tiempo fijo se aplica, normalmente, un análogo de GnRH a una hora definida y se insemina a hora fija, sin esperar al celo. Reduce la subjetividad de la detección, ahorra mano de obra y dosis y agrupa los partos. A cambio, los protocolos son estrictos, hay que tratar a todas las hembras y los productos son caros. Fertilidad y nacidos son muy similares a los de la inseminación convencional, así que la decisión depende de si la granja puede sostener esa exigencia.
Los protocolos combinados, con altrenogest seguido de gonadotropina, dan buenos resultados en nulíparas en épocas desfavorables y en primíparas que necesitan recuperar condición. El riesgo vuelve a ser aplicar la gonadotropina sin diagnóstico.
Las cápsulas lo resumen en una frase: «no empecemos la casa por el tejado». Cada tema de este artículo se desarrolla en una de ellas en la Virbac Swine Bio-Academy
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