El cerdo gana terreno en la mesa argentina: qué pasa en la etapa donde se define hasta el 75 % del costo de producción?
La carne de cerdo empieza a ocupar nuevos lugares en la mesa argentina. Ya no se trata solamente del tradicional pechito para la parrilla: nalga, bola de lomo y cuadrada para milanesas, además de carne picada y hamburguesas porcinas, aparecen cada vez con mayor frecuencia en carnicerías, supermercados y otros canales de comercialización.
El precio explica parte del fenómeno. Un relevamiento realizado en septiembre por la Federación Porcina Argentina muestra que, en carnicerías, los cortes vacunos analizados cuestan en promedio un 128 % más que sus equivalentes porcinos; en hipermercados, la diferencia promedio alcanza el 95 %. En uno de los ejemplos más contundentes, por el valor de un kilo de asado vacuno pueden comprarse casi 2,8 kilos de pechito de cerdo, pero detrás de lo que sucede en el mostrador existe otra historia.
Argentina registra actualmente un consumo porcino cercano a los 19 kilos por habitante al año y una producción en crecimiento. En agosto, la producción del sector aumentó un 12,4 % interanual, según datos oficiales citados por la Federación Porcina Argentina. ¿Qué implica para el productor acompañar ese mercado con eficiencia y rentabilidad?
El "eslabón olvidado" donde se juega gran parte del negocio
La respuesta obliga a mirar especialmente una etapa de la producción porcina: el denominado Sitio 3, que comprende el crecimiento y la terminación de los animales. Según explica la MSc. Cintia Fracaroli, especialista de Provimi, es allí donde se concentra entre el 65 % y el 75 % del costo de producción, principalmente porque corresponde a la fase de mayor consumo de alimento. Sin embargo, paradójicamente, muchas veces es también una de las etapas menos observadas y medidas de la granja.
El dato adquiere todavía mayor importancia en un contexto de márgenes ajustados. La alimentación representa el principal costo de la producción porcina y, por eso, el desafío no consiste simplemente en reducir el costo de la dieta, sino en analizar cuánto cuesta producir cada kilo de carne y qué retorno genera la inversión realizada en nutrición.
Provimi ya venía trabajando sobre este concepto al desarrollar soluciones específicas para Sitio 3, con programas nutricionales adaptados al potencial productivo y a las exigencias fisiológicas de los animales.
No se puede mejorar lo que no se mide
La eficiencia no depende únicamente de qué come el animal, también requiere información. Fechas y pesos de ingreso, cantidad de animales, consumo de alimento en cada fase, peso y edad de salida y mortalidad son algunos de los registros básicos que permiten saber qué está ocurriendo realmente dentro de un sistema productivo. Uno de los indicadores centrales es la conversión alimenticia, es decir, la relación entre el alimento consumido y los kilos producidos. Según Fracaroli, incluso un desvío de apenas 0,1 punto puede representar miles de dólares, dependiendo de la escala de la explotación.
También existen variables que a primera vista pueden parecer menores y tienen impacto directo sobre el desempeño. El suministro de agua, las condiciones ambientales, la disponibilidad y funcionamiento de comederos y bebederos, la densidad de animales y el estrés pueden alterar el consumo y, en consecuencia, la eficiencia de todo el sistema.
Por eso, además de la tecnología, una parte importante de la gestión sigue dependiendo de algo tan sencillo como observar y registrar.
Producir más no siempre significa gastar menos
Uno de los cambios de enfoque que propone la nutrición de precisión consiste justamente en dejar de mirar únicamente cuánto cuesta el alimento. Una dieta más barata no necesariamente produce el kilo de carne más barato. El indicador económico relevante pasa a ser el costo por kilo producido y, en un análisis más preciso, el ingreso obtenido en relación con el costo de alimentación. Esto permite comparar estrategias nutricionales no solamente por su precio, sino por el resultado que generan.
En este punto entran herramientas desarrolladas específicamente para la etapa de crecimiento y terminación. La línea Utmost de Provimi, por ejemplo, trabaja sobre variables como digestibilidad de nutrientes, conversión alimenticia, ganancia de peso, respuesta frente a desafíos ambientales y calidad de carne y carcasa. La propuesta incorpora además herramientas de nutrición de precisión como PorkMax y Cargill Nutrition System, que permiten modelar programas nutricionales de acuerdo con los objetivos productivos, las características de cada sistema y las condiciones del mercado.
El abordaje se completa con el acompañamiento de equipos técnicos multidisciplinarios para identificar oportunidades de mejora e implementar estrategias adaptadas a cada establecimiento.
Del mostrador a la granja
Que hoy un consumidor pueda comparar cuánto cerdo compra por el precio de un kilo de carne vacuna es una fotografía visible de un mercado que está cambiando. Pero detrás de ese precio existe una cadena productiva completa. El crecimiento del consumo y la incorporación de nuevos cortes a los hábitos cotidianos pueden abrir oportunidades para la producción porcina argentina. Para aprovecharlas, la discusión también pasa por otro lugar: cuántos kilos se producen, con cuánto alimento, en cuánto tiempo y a qué costo.
En una actividad en la que hasta tres cuartas partes del costo pueden concentrarse en una sola etapa, pequeñas mejoras en conversión, manejo, nutrición y medición pueden tener un impacto significativo sobre el resultado final. Y quizá allí esté la otra cara del fenómeno que hoy empieza a verse en las carnicerías: si el cerdo gana espacio en la mesa de los argentinos, producir cada kilo con mayor eficiencia será cada vez más importante para acompañar ese crecimiento.
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