Lee este artículo en:

La gestión integral de purines

Un plan de gestión integral de purines debe permitir valorarlos como recurso y transformar lo que se percibe como problema en una oportunidad.

No hay duda que los purines representan un problema de gestión en muchas explotaciones, que se ha mejorado de forma muy significativa en los últimos 30 años y que todavía hay mucho trabajo por hacer. Mientras que la alimentación, la genética o en general las condiciones de manejo de los animales han mejorado de tal manera que se ha llegado a índices de conversión no pensables hace tres décadas, con los purines, que se llevan un porcentaje elevado del nitrógeno contenido en el pienso, no se han modificado demasiado las percepciones. Es necesario adoptar una cultura tecnológica que los valore como recurso, y una visión que transforme un problema en una oportunidad.

Figura 1: Laguna anaerobia de purines: un foco de emisiones de gases de efecto invernadero y de amoníaco.
Figura 1: Laguna anaerobia de purines: un foco de emisiones de gases de efecto invernadero y de amoníaco.

Actuar desde el origen (alimentación animal), pasando por actuaciones de diseño y manejo de las naves, como la retirada automática y diaria de purines para evitar emisiones de gases contaminantes, y tomar decisiones sobre el almacén y eventual tratamiento, así como planificar el uso agrícola, constituyen la base del concepto de gestión integral. En el marco de esta gestión integral, debe definirse con precisión el problema a resolver para encontrar la solución adecuada para minimizar el impacto ambiental sobre la atmosfera, suelo y aguas.

Un plan de gestión de nutrientes es un programa de actuaciones, individual o colectivo, que conduzca a adecuar la producción de nutrientes de los purines a las necesidades de los cultivos, en el espacio y en el tiempo. Un plan de gestión ha de contemplar como mínimo actuaciones en los tres ámbitos siguientes:

  • Medidas de reducción en origen, de caudales y de componentes que limiten su uso posterior, tales como un excesivo contenido en agua, nitrógeno, fósforo o metales pesados, lo cual implica revisar las técnicas de manejo en la granja y adoptar nuevas dietas;
  • Plan de aplicación a suelos y cultivos. Este plan de fertilización se ha de confeccionar a partir del conocimiento de los suelos, de los requerimientos de los cultivos, tanto dosis como estacionalidad, y de las características climatológicas e hidrológicas;
  • Estrategia de tratamiento a aplicar. Una estrategia es una combinación de procesos con el objetivo de modificar las características de los purines para su adecuación a la demanda como producto de calidad.

Un plan de gestión también ha de incluir el cálculo de las balsas de almacén, cuyo volumen ha de permitir la adecuación entre la producción continua de purines y el consumo discontinuo como fertilizantes. Un plan de gestión se debe contemplar como un proyecto, un plan de acción o una planificación estratégica, que ha de servir como marco de referencia para las decisiones.

Los cambios en la alimentación, a fin de obtener unos purines con menor contenido en nitrógeno y fósforo han de permitir reducir el problema de excedentes de nutrientes y reducir costes de gestión, con menores necesidades de superficie agrícola. La minimización en el consumo de agua ha de permitir un menor caudal de purines, menor requerimiento de volumen de almacén y reducción de costes de transporte. La cooperación entre ganaderos y agricultores, para la gestión colectiva del valor fertilizante de las deyecciones, ha de permitir optimizar la logística de transporte y aplicación.

La idoneidad de un proceso de tratamiento dependerá de cada zona geográfica, de las necesidades que haya puesto de manifiesto el plan de gestión, de la calidad deseada del producto final obtenido y de los costes económicos asociados. Los objetivos particulares pueden ser múltiples, pero el objetivo básico ha de ser el de aumentar la capacidad de gestión, esto es, la capacidad de tomar decisiones.

Figura 2: Granja de cerdos en la comarca del Segriá (Lleida, España), con producción de biogás para autoconsumo de energía térmica y eléctrica.
Figura 2: Granja de cerdos en la comarca del Segriá (Lleida, España), con producción de biogás para autoconsumo de energía térmica y eléctrica.

Tecnológicamente se puede hacer prácticamente todo en el campo del tratamiento de purines, pero abordar la problemática sólo con tecnologías de procesado es un error. Así, invertir en plantas de biogás para purines que han estado almacenados varios meses bajo el emparrillado puede ser contraproducente, ya que durante este tiempo ya han desprendido biogás, amoníaco y compuestos orgánicos volátiles, que los animales habrán respirado. Los sistemas de separación son también menos eficientes con purines envejecidos.

Figura 3: Laguna anaerobia cubierta con recuperación y aprovechamiento energético del biogás en el Plantel El Campesino (Agrícola AASA, Chile). Foto: Alejandro Gebauer.
Figura 3: Laguna anaerobia cubierta con recuperación y aprovechamiento energético del biogás en el Plantel El Campesino (Agrícola AASA, Chile). Foto: Alejandro Gebauer.

Queda claro que el ganadero está obligado a tomar decisiones en un entorno complejo y cambiante, caracterizado por no ser su situación igual a la de una explotación parecida. Es importante tener información de tecnologías de tratamiento, pero todavía lo es más disponer de herramientas para tomar decisiones, para caracterizar el tipo o gravedad del problema a resolver, y para disponer de criterios para evaluar la solución apropiada. A menudo no son necesarias tecnologías sofisticadas, si no modificar hábitos, rediseñar algunos aspectos de la explotación o colaborar con otros ganaderos y agricultores.

Comentarios del artículo

Este espacio no está orientado a ser una zona de consultas a los autores de los artículos sino que pretende ser un lugar de discusión abierto a todos los usuarios de 3tres3
Publica un nuevo comentario

Para comentar debes registrarte en 3tres3 y acceder como usuario.

Artículos relacionados