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Balance de un año triste

Guillem Burset analiza el mercado porcino en 2022 y comparte sus previsiones para el año que viene.

Como todos los años, publicamos el último comentario del ejercicio antes de Navidad, reconocida fecha en la que la concordia, la paz y la armonía deberían prevalecer.

El año que termina ha sido excepcional desde todos los puntos de vista; a la crisis financiera en la ganadería porcina hay que sobreponer la crisis geopolítica (léase guerra), los coletazos de la crisis del COVID, la crisis energética, los problemas de suministro… Todo ello bañado en dosis masivas y hasta tóxicas de incertidumbre, angustias e inseguridades.

La reducción de cabaña en la Unión Europea -clara e indiscutible- y la explosión de los costos de producción y del alimento han propiciado unos precios del porcino jamás vistos, sobre todo en esa época del año. Sin excepción, en todo el territorio europeo los precios del cerdo están a niveles que son récords históricos.

Los altos precios, tanto del alimento como de la energía, auguran un precio del cerdo muy por encima de la media; en 2023 parece seguro que el precio del cerdo se moverá bastante más arriba de lo acostumbrado y muy cerca de los precios de costo. Esperemos que por encima, aunque no será nada fácil.

En Europa el consumo de carne de cerdo se está reduciendo. Las causas de este retroceso son muchas y variadas: la inflación que disminuye el poder de compra de los hogares, el “ruido de fondo” protagonizado por animalistas, veganos y conservacionistas, también el impulso de la llamada “carne vegetal” cuya presencia en el mercado, aunque minoritaria de momento, ya es notable e innegable (esta “carne” parece destinada a ser más y más patente). Probablemente también el abandono de las tradiciones por parte de los jóvenes. Nada parece fácil de cara al futuro para las actividades de nuestro sector.

En Norteamérica (Canadá y Estados Unidos fundamentalmente) los precios del cerdo están bastante por debajo de los europeos; eso dificulta las ventas a países terceros de la carne de la Unión Europea.

China -el gran factor desestabilizador- está bajando el precio de sus cerdos a toda velocidad. La supresión de la política de Covid Cero está causando una proliferación de casos nunca vista allí. El Financial Times acaba de publicar un estudio donde se pronostican decenas de miles de muertos entre la población china por esa enfermedad. En general no nos parece la mejor situación para poder esperar grandes consumos…

Con una Europa con menos cerdos, el liderazgo español se reforzará. El balance de la exportación española se decantará mayoritariamente hacia los países miembros de la UE en detrimento de las exportaciones a países terceros: en realidad esto ya está sucediendo, pero se acentuará.

En diciembre hemos visto un muy tímido repunte de los precios del vivo como reacción a la tardía demanda navideña (la incertidumbre ha retrasado las decisiones de compra hasta el último momento). De todos modos, la Navidad pasará y mucho nos tememos que enero y febrero serán largos, fríos y oscuros. Es muy posible que, pasadas las fiestas, el mercado se reajuste abruptamente: la UE continuará siendo excedentaria en carne y nuestros competidores americanos (EE.UU., Canadá y Brasil) en las exportaciones a países terceros tienen una materia prima (el cerdo) mucho más barata que aquí. Todo ello nos induce a pensar que ya en enero, pero más en febrero, los cerdos bajaran claramente en toda la UE. Probablemente la carne bajará primero como ya está sucediendo (los jamones en Italia ya valen bastante menos ahora que hace unos días…). Serán los primeros compases de la lucha precio de venta versus costo de producción que será de actualidad durante todo el año 2023.

Termina el año bastante mejor para el porcicultor de lo que podría pensarse allá por los inicios de marzo, aunque al final pocos podrán presentar balances positivos. Para la planta de beneficio ha sido un año duro en que la acostumbrada bajada otoñal (que solía “arreglar” el resultado del año) ha llegado muy tarde y con mucha timidez. El industrial sigue sin poder repercutir las alocadas subidas de la carne de abril. Decididamente, no ha sido un buen año para ninguno de los eslabones de la cadena productiva del porcino en España.

En un entorno tan cambiante e inseguro como el actual resulta necesario encontrar referentes fijos y fiables. En un ambiente inhóspito y hostil es importante diferenciar claramente el grano de la paja. Sabemos todos que debemos reducir costos, minimizar los dispendios evitables y, quizás, posponer decisiones comprometidas. Como siempre, la tormenta pasará y el Sol nos alumbrará y tranquilizará con su calor habitual y rutinario. El inconveniente es que no sabemos cuando sucederá todo eso. Pero sucederá, con total y absoluta seguridad.

En un modo u otro, muchos factores de incertidumbre terminarán por decantarse, aclarando el panorama. Esperamos y deseamos que eso se produzca más pronto que tarde.

Es Navidad. Tiempos de Paz, armonía y vida familiar. Por unos días démonos permiso para aparcar las preocupaciones y dejemos que nuestro espíritu se empape de buenos deseos. Aprovechemos para pensar en cómo limar aquellas asperezas de carácter que puedan molestar a nuestro entorno próximo y procuremos que nuestro corazón se embeba de buenos deseos.

Que la suerte nos sonría a todos. Digamos adiós al miedo, los disgustos y la tristeza. Esperemos fervientemente que 2023 sea más propicio que el año que termina. Deseamos a todos nuestros lectores unas Muy Felices Navidades y un Próspero Año Nuevo.

Guillem Burset

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