Antes de desinfectar, limpiar bien: Claves para elegir el detergente adecuado

18-jun-2026
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Desinfección eficaz empieza con la limpieza correcta. Elegir el detergente adecuado es clave para retirar materia orgánica, biofilm e incrustaciones de minerales de forma eficiente

En bioseguridad, la desinfección suele ocupar un lugar central dentro de los protocolos sanitarios. Sin embargo, su eficacia depende de un paso previo que no debe ser subestimado: la limpieza. Para que un desinfectante actúe correctamente, primero es necesario retirar la materia orgánica, biofilm, incrustaciones de minerales, restos de suciedad y los residuos que pueden proteger a los microorganismos presentes en las superficies.

En el proceso de L&D, esta etapa adquiere una importancia estratégica. Galpones, salas, pasillos, equipos, comederos, bebederos y materiales de trabajo están expuestos diariamente a suciedad de origen orgánico y mineral. Si esta no se elimina de forma adecuada, puede reducir la eficacia de los programas de desinfección y favorecer la persistencia de patógenos en el ambiente.

Por eso, el uso de detergentes no debe entenderse como un simple complemento, sino como una herramienta esencial dentro de cualquier protocolo de Limpieza y Desinfección. Su función no es únicamente “hacer espuma”, sino facilitar que el agua pueda desprender, emulsionar y arrastrar la suciedad adherida a las superficies.

JABÓN Y DETERGENTE: CONCEPTOS QUE NO SON IGUALES

Aunque muchas veces se utilizan como sinónimos, jabón y detergente no significan exactamente lo mismo. El jabón actúa gracias a una estructura química que le permite unirse tanto a la grasa como al agua, facilitando que la suciedad pueda ser arrastrada.

El detergente, en cambio, es una formulación más compleja. Puede incluir jabones, pero también incorpora tensioactivos, adyuvantes y otros componentes diseñados para mejorar la capacidad de limpieza, adaptarse a diferentes condiciones de trabajo y reducir efectos no deseados, como la corrosión o la pérdida de eficacia en aguas duras.

Esta diferencia es especialmente relevante en el entorno de la producción, donde la suciedad suele estar compuesta por grasa, heces, restos de alimento, sangre, polvo, biofilm, incrustaciones de minerales y materia orgánica de difícil eliminación. En estos casos, no basta con aplicar agua a presión: es necesario utilizar productos formulados para desprender y arrastrar esa contaminación.

EL PH TAMBIÉN IMPORTA

 

Los detergentes pueden clasificarse, de forma general, en alcalinos, neutros o ácidos, según su pH. Esta clasificación no es menor, porque cada tipo responde mejor frente a un tipo de suciedad.

Los detergentes alcalinos son los más indicados para retirar materia orgánica, grasas, restos de heces, sangre, biofilm y residuos similares. Por esta razón, suelen ser los más usados en las diferentes zonas del galpon, donde la carga orgánica es elevada y la limpieza debe preparar la superficie para una desinfección eficaz.

Los detergentes ácidos, por su parte, resultan útiles para eliminar incrustaciones minerales, especialmente en superficies o sistemas donde este tipo de depósitos puede acumularse como por ejemplo paneles evaporativos y sistemas de bebederos.

Los detergentes neutros se emplean con mayor frecuencia en contextos de higiene personal, sin embargo, se pueden usar para el baño de las cerdas previo a pasarlas a la zona de maternidad.

La elección, por tanto, no debería basarse únicamente en el precio o en la cantidad de espuma visible, sino en el tipo de suciedad, los materiales a limpiar, la dureza del agua y las condiciones reales de aplicación.

LA FORMULACIÓN MARCA LA DIFERENCIA

Un buen detergente no depende solo de su carga alcalina o ácida. La calidad de su formulación es determinante para lograr una limpieza eficiente y segura.

Los tensioactivos son uno de sus componentes principales. Su función es reducir la tensión superficial del agua, permitiendo que esta penetre mejor en las superficies y grietas, poros y zonas de difícil acceso. Este “poder humectante” es clave para alcanzar los puntos donde pueden quedar acumulados microorganismos, restos de materia orgánica y biofilm.

A ellos se suman otros componentes que potencian la acción del producto: agentes que ablandan el agua, quelantes que reducen la interferencia de minerales, estabilizadores de espuma, enzimas que ayudan a degradar restos orgánicos e inhibidores de la corrosión que protegen los materiales.

Estos elementos, aunque puedan representar una parte menor de la fórmula, tienen un impacto directo en el rendimiento del detergente. En la práctica, son los que permiten que el producto funcione mejor en distintas condiciones de campo y que mantenga un equilibrio entre eficacia, seguridad y cuidado de las instalaciones.

QUÉ DEBE TENER UN DETERGENTE IDEAL

El detergente ideal para la producción debe reunir varias características. En primer lugar, debe ofrecer alto rendimiento, es decir, ser capaz de limpiar una superficie amplia y retirar una cantidad importante de suciedad con una dosis adecuada de producto.

También debe tener buen poder humectante, para llegar a las zonas donde el agua por sí sola no penetra con facilidad. Esta capacidad es especialmente importante en superficies porosas, juntas, fisuras o rincones donde pueden persistir microorganismos y formarse biofilm.

Otro criterio clave es la resistencia frente a aguas duras. La dureza del agua puede reducir la calidad de la espuma y limitar la eficacia del detergente, por lo que la formulación debe estar preparada para mantener su capacidad de limpieza incluso en condiciones difíciles.

Además, el producto debe ser eficaz a bajas temperaturas, ya que en muchas granjas el agua se utiliza directamente de la red. Si el detergente pierde eficacia en estas condiciones, el resultado final de la limpieza puede verse comprometido.

La capacidad de arrastre también es fundamental. El detergente debe ayudar a desprender y emulsionar la materia orgánica para que el aclarado posterior con agua a presión pueda retirarla de forma efectiva. Sin embargo, aumentar esta capacidad no debería significar incrementar la agresividad del producto hasta el punto de dañar los materiales o elevar el riesgo para el operario.

Por último, un buen detergente debe facilitar el aclarado y proteger las instalaciones. La limpieza debe completarse sin dejar residuos, optimizando el uso de agua y evitando efectos corrosivos sobre superficies, equipos o estructuras.
 

LIMPIEZA RESPONSABLE PARA UNA BIOSEGURIDAD MÁS EFICAZ

La limpieza previa a la desinfección no es una tarea menor dentro del protocolo sanitario: es la base que permite que la desinfección funcione. Por ello, elegir el detergente adecuado debe formar parte de una estrategia técnica, no de una decisión improvisada.

Cada granja, nave o instalación tiene condiciones específicas: tipo de producción, carga orgánica, materiales, calidad del agua, temperatura ambiental, frecuencia de limpieza y nivel de presión sanitaria. Todos estos factores deben considerarse al seleccionar el producto y definir su modo de aplicación.

También es indispensable respetar las indicaciones del fabricante en cuanto a dosificación, tiempo de contacto, aclarado y equipos de protección individual. Un detergente mal aplicado puede perder eficacia, incrementar costos o generar riesgos innecesarios para el personal, los animales y el medio ambiente.

Desde Kersia, el acompañamiento a los productores se orienta a integrar soluciones de Limpieza y desinfección adaptadas basadas en un proceso de 7 etapas. El objetivo es que la limpieza deje de verse como una tarea rutinaria y se consolide como una herramienta estratégica para mejorar la bioseguridad, proteger la sanidad y optimizar el desempeño productivo.

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