Estrés por calor y el intestino del cerdo: por qué el intestino debe ser una prioridad en verano

20-Jul-2026
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Descubra cómo el estrés por calor afecta la salud intestinal, la absorción de nutrientes y la función barrera en cerdos durante el verano.

En artículos anteriores analizamos por qué el calor estival aumenta el riesgo de Síndrome del Intestino Hemorrágico (SIH) y de mortalidad súbita. En este artículo profundizamos en lo que el estrés por calor provoca específicamente en el intestino del cerdo y por qué proteger la salud intestinal debería ser una prioridad durante los periodos de altas temperaturas.

El estrés por calor suele detectarse inicialmente a través de cambios en el comportamiento: los cerdos reducen el consumo de pienso, beben más agua, aumentan la frecuencia respiratoria y pasan más tiempo tumbados. Estos signos visibles son importantes, pero solo cuentan una parte de la historia. Detrás de ellos, uno de los órganos más afectados por el estrés térmico es el tracto gastrointestinal.

El intestino no es únicamente un órgano de digestión. También actúa como una barrera protectora, una interfaz inmunitaria y un regulador clave de la utilización de nutrientes. Debido a que el estrés por calor afecta directamente al intestino, protegerlo debe convertirse en una prioridad de manejo durante el verano.

El estrés por calor cambia las prioridades del organismo

Cuando la temperatura ambiente supera la zona de confort térmico del cerdo, la prioridad del organismo pasa a ser la disipación del calor. El flujo sanguíneo se redistribuye desde los órganos internos hacia los tejidos periféricos. Esta respuesta fisiológica ayuda al animal a perder calor, pero puede reducir el flujo sanguíneo visceral y el aporte de oxígeno al intestino.

La literatura científica describe reducciones del flujo sanguíneo visceral de entre un 30 y un 50 % bajo condiciones de estrés por calor, contribuyendo a fenómenos de isquemia e hipoxia intestinal.

Figura 1. Matriz del Índice Temperatura-Humedad (THI) en porcino y umbrales de nivel de riesgo

Al mismo tiempo, la disminución del consumo de pienso no es únicamente una respuesta conductual. También constituye una estrategia metabólica para reducir el calor generado por la digestión y el metabolismo de los nutrientes. El estrés por calor puede afectar al consumo de alimento, la digestión, la absorción, el metabolismo, el equilibrio oxidativo y la diversidad microbiana.

La barrera intestinal se vuelve más vulnerable

La barrera intestinal está formada por varias capas de protección. La primera es la barrera epitelial, donde proteínas de las uniones estrechas (tight junctions), como la ocludina y las claudinas, regulan el paso de sustancias entre las células intestinales.

El estrés por calor puede alterar la expresión y la función de estas proteínas, aumentando la permeabilidad intestinal. Diversos estudios han descrito concentraciones más elevadas de diamino oxidasa sérica y D-lactato, ambos indicadores de una mayor permeabilidad intestinal, junto con alteraciones en los marcadores de las uniones estrechas en cerdos sometidos a estrés térmico.

La segunda capa es la propia estructura física del intestino. El estrés por calor se ha asociado con una reducción de la altura de las vellosidades y cambios en la morfología de las criptas, disminuyendo la superficie disponible para la absorción de nutrientes. Los estudios indican que el estrés térmico puede reducir la altura de las vellosidades intestinales entre un 20 y un 40 %, comprometiendo la capacidad de absorción.

Esto ayuda a explicar por qué las pérdidas productivas durante los periodos cálidos pueden ir más allá de la simple reducción del consumo de pienso.

Moco y microbiota: dos defensas conectadas

La capa de moco constituye otra defensa fundamental. Protege la superficie epitelial y ayuda a estructurar el ecosistema microbiano. Durante el estrés por calor, la expresión de genes relacionados con la producción de mucina puede verse reducida, debilitando esta barrera protectora.

Una vez que esto ocurre, la microbiota también puede verse afectada. Grupos bacterianos beneficiosos como Lactobacillus y Bifidobacterium pueden disminuir, mientras que bacterias oportunistas pueden encontrar condiciones más favorables para proliferar.

Se ha observado que un estrés por calor de corta duración modifica la microbiota de la mucosa del íleon y del ciego, asociándose con cambios en el estrés oxidativo, los perfiles de citoquinas, la morfología intestinal y la producción de ácidos grasos de cadena corta, incluidos el propionato y el valerato.

Estos hallazgos sugieren que el estrés térmico afecta al intestino como un ecosistema completo y no únicamente como un órgano digestivo.

De la permeabilidad intestinal a la presión sistémica

Cuando la función barrera se debilita, componentes bacterianos como las endotoxinas pueden atravesar con mayor facilidad la luz intestinal y pasar a la circulación sanguínea. Esto puede contribuir al desarrollo de una presión inflamatoria sistémica y aumentar la susceptibilidad a enfermedades.

Diversos estudios han demostrado que un estrés por calor cíclico de corta duración puede deteriorar la función de la barrera intestinal e incrementar la concentración de endotoxinas circulantes.

Principales conclusiones

El estrés por calor no solo reduce el consumo de pienso. También modifica las prioridades del flujo sanguíneo, debilita la función de barrera intestinal, altera el ecosistema formado por el moco y la microbiota y aumenta la presión inflamatoria sistémica.

Durante el verano, el apoyo a la salud intestinal no debería considerarse un aspecto secundario; es uno de los pilares fundamentales para mantener la salud, el bienestar y el rendimiento productivo de los cerdos.

Referencias

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Xia, B., Wu, W., Fang, W., Wen, X., Xie, J., & Zhang, H. (2022). Heat stress-induced mucosal barrier dysfunction is potentially associated with gut microbiota dysbiosis in pigs. Animal Nutrition, 8, 289–299. https://doi.org/10.1016/j.aninu.2021.05.012

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