El verraco: por qué su registro individual condiciona toda la sala de cubrición
Cualquier granja revisa la ficha de una cerda antes de decidir su descarte, pero rara vez revisa la del verraco, y sin embargo un problema en un macho no se paga con una camada sino con todas las hembras servidas con su semen mientras nadie lo advierte. Es el grupo del que menos animales hay y del que más depende lo que viene después —sin semen no hay servicios, y sin servicios no hay partos—, de modo que una caída de motilidad, un episodio febril que pasó desapercibido o un tratamiento que afectó la espermatogénesis dejan de ser un caso individual y se reparten entre todas las dosis que salieron esa o varias semanas.
A esto se suma el retraso con que se manifiesta: entre la extracción y el diagnóstico de gestación pasa alrededor de un mes, y hasta el parto casi cuatro, así que cuando la tasa de partos aparece por debajo, de lo esperado, el episodio que la originó ya terminó, por lo tanto, la detección rápida de problemas en este grupo de animales es esencial para asegurar el flujo productivo que requiere el sistema para ser rentable.
La vida del verraco explica su rendimiento
Un verraco no rinde distinto por azar: su edad, su genética, la alimentación, el programa sanitario y cada tratamiento aplicado forman un historial que casi siempre explica lo que después se ve en el eyaculado. No todos esos factores se manejan igual: la estación del año, la edad o una enfermedad ya superada explican la caída, pero no se corrigen, mientras que la frecuencia de extracción, la condición corporal y el protocolo sanitario sí están en manos de la granja; esa distinción exige fechas, y las fechas solo existen si alguien las anotó cuando ocurrieron. Porcitec mantiene el historial de vida completo de cada macho —entrada, genética, extracciones seminales, alimentación, programa sanitario, tratamientos y otros, de modo que una caída en la productividad en una semana en particular, se puede analizar integrando estos datos, con datos de la hembras y observaciones en terreno, para así obtener una visión más amplia de lo que puede haber sucedido.
De la extracción a la dosis: donde se pierde el rastro
El punto más frágil de la cadena está entre el macho y la hembra. De cada extracción seminal salen los datos que definen todo lo que sigue —volumen, motilidad, concentración y número de dosis obtenidas—, y esas dosis viven después su propio ciclo, con fecha de extracción, caducidad y una existencia que baja con cada inseminación; cuando ese inventario se lleva en papel o de memoria, lo habitual es descubrir tarde que se usaron dosis después de su vida útil o que el stock no alcanzaba para el lote de la semana. Porcitec registra los parámetros de cada extracción seminal y las dosis producidas, y controla el inventario con datos de caducidad y existencias, un control que aplica igual cuando no hay macho propio: la granja que compra dosis a un centro externo sigue necesitando saber qué verraco, qué genética y qué fecha hay detrás de cada dosis.

Cerrar el círculo: qué pasó con cada dosis
La información del verraco solo se vuelve útil cuando llega hasta el resultado, y ese enlace es el que casi nunca existe: alguien anotó la extracción, alguien anotó el servicio, pero los dos extremos viven en registros distintos. Porcitec une la dosis utilizada en cada servicio con lo que ocurrió después, y sobre esa base el análisis de rendimiento por verraco deja de ser una impresión para convertirse en una comparación por genética, temporalidad, lote de servicio y lote de parto.

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