El enemigo invisible en la granja: cómo el amoníaco compromete tu producción sin que lo notes

20-abr-2026
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El amoníaco es uno de los factores ambientales más subestimados en la producción porcina. Su presencia es constante y su impacto es acumulativo.

En la mayoría de las granjas, el foco está puesto en genética, alimentación y sanidad. Son variables visibles, medibles, con impacto directo en los números. El ambiente, en cambio, opera en segundo plano. Y dentro del ambiente, el amoníaco es quizás el factor que más daño hace de forma silenciosa.

El NH₃ se genera de manera continua a partir de la descomposición bacteriana de la urea presente en la orina. La enzima ureasa, producida por bacterias del entorno, cataliza esta reacción de forma constante. Cuando las condiciones son favorables —temperatura elevada, humedad alta, acumulación de materia orgánica sin tratar— la producción de gas se acelera y los niveles en el ambiente suben rápidamente.

El problema no es que haya amoníaco. El problema es cuánto hay y por cuánto tiempo los animales están expuestos a él.

Los umbrales que importan

A 10-15 ppm ya se detecta irritación leve en mucosas. A 25 ppm —un nivel que en muchas granjas mal ventiladas se alcanza sin que nadie lo note— comienza la afectación del epitelio respiratorio. Por encima de 50 ppm la ganancia media diaria puede caer entre un 8 y un 12%, la conversión alimenticia se deteriora y la susceptibilidad a patógenos respiratorios aumenta de forma significativa. Niveles superiores a 100 ppm representan un riesgo agudo tanto para los animales como para los operarios.

El dato relevante es que muchas granjas operan de forma crónica entre 30 y 60 ppm sin saberlo, porque el olfato humano se adapta rápidamente y deja de percibir concentraciones que siguen siendo dañinas para los animales.

El costo que no aparece en el registro

El impacto del amoníaco rara vez se contabiliza de forma directa. Lo que sí aparece en los registros son sus consecuencias: mayor variabilidad entre lotes, incremento en tratamientos respiratorios, peor conversión en engorde, más días a faena. Cuando no hay una causa sanitaria o nutricional clara que explique esas caídas, el ambiente es el primer lugar donde buscar.

A esto se suma el impacto sobre el personal. La exposición crónica a concentraciones de NH₃ por encima de 25 ppm genera irritación ocular y respiratoria, fatiga acumulada y menor tolerancia al trabajo en confinamiento. Un equipo que trabaja en condiciones ambientales deficientes rinde menos y comete más errores operativos. Por otro lado, el operario se encuentra menos tiempo dentro de las zonas de producción o dentro de casetas.

Cómo identificar el problema antes de que impacte en la producción

No siempre se requiere equipamiento de medición para detectar un problema de amoníaco. Hay señales previas que, si se observan en conjunto, permiten anticiparse. Un olor fuerte y persistente incluso después de limpiar, animales con mayor frecuencia respiratoria o lagrimeo, inquietud en los lotes sin causa aparente, y ambientes con humedad elevada o ventilación deficiente son indicadores que justifican una evaluación más detallada.

La medición con equipos de detección de gases sigue siendo la herramienta más confiable. Existen sensores electroquímicos de bajo costo que permiten monitorear concentraciones en tiempo real y establecer registros históricos por área de la granja.

El abordaje correcto: preventivo, no solo reactivo

Mejorar la ventilación, controlar la humedad y manejar correctamente los purines son medidas necesarias pero no siempre suficientes. En condiciones de alta densidad animal o en sistemas donde la renovación de aire tiene limitaciones estructurales, el origen del problema —la degradación de materia orgánica— necesita ser abordado de forma directa.

Aquí es donde la biotecnología ofrece una herramienta concreta. UmBak® actúa sobre el equilibrio microbiológico del entorno introduciendo microorganismos que compiten directamente con las bacterias ureolíticas responsables de la producción de NH₃. Al reducir la actividad de esas bacterias sobre la materia orgánica acumulada, se frena la generación del gas desde su origen, no solo se diluye o enmascara su concentración. Los beneficios de UmBak® para los animales y el personal son:

  • Reducción sostenida de los niveles de Amoníaco.
  • Reducción de Problemas Respiratorios y destrucción del cornete nasal.
  • Mayor ganancia de peso.
  • Disminuye mortalidades en lechones.
  • Reduce el estrés de los animales y mejora el bienestar animal.
  • Disminuyen agentes patógenos (Salmonella ssp., E. Coli y Coliformes)
  • Degrada la materia orgánica.
  • Mejora el bienestar para los operarios de granjas y tienen zonas más seguras.

A diferencia de estrategias que actúan sobre el síntoma —como la ventilación forzada o el uso de absorbentes— este tipo de solución trabaja sobre el proceso biológico que genera el problema.

El amoníaco como indicador de gestión

Más allá de su impacto directo, los niveles de NH₃ en una granja funcionan como un indicador del estado general de la gestión ambiental. Una granja con amoníaco controlado es, en general, una granja con mejor manejo de residuos, mejor ventilación y mayor atención al entorno productivo.

Incorporar el monitoreo y control del amoníaco como parte del protocolo estándar no es un costo operativo: es una inversión en productividad, salud y bienestar que impacta directamente en los resultados al final del ciclo.

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