Lesiones en pezuñas y decomisos de canales: una relación más cercana de lo que parece

Ton Kramer
20-oct-2026 (hace 4 días)

La producción porcina moderna ha logrado avances considerables en genética y rendimiento durante las últimas décadas; sin embargo, este progreso ha traído consigo un efecto secundario que las plantas de beneficio conocen muy bien: un marcado aumento de los decomisos de canales relacionados con trastornos locomotores. La prevalencia de lesiones graves en pezuñas en el momento del beneficio casi se duplicó en diez años —pasando de aproximadamente un 30 % a más del 60 %—, por lo que comprender este fenómeno resulta crucial para quienes buscan proteger la rentabilidad en toda la cadena de producción.

El problema comienza mucho antes del beneficio

La causa principal radica en un desajuste fundamental entre la velocidad del crecimiento muscular y la maduración del sistema esquelético. Al seleccionar genéticamente animales para que crezcan más rápido y alcancen mayores pesos de beneficio, sometemos a las articulaciones y a las pezuñas a exigencias mecánicas para las que dichas estructuras a menudo aún no están preparadas. El resultado es un sistema locomotor intrínsecamente más vulnerable, que acumula microtraumatismos a lo largo de la fase de engorde y compromete progresivamente la integridad de la pezuña.

El entorno de cría agrava considerablemente el problema. Los suelos de rejilla, las superficies abrasivas, húmedas o deterioradas y la alta densidad de animales incrementan diariamente el impacto mecánico sobre la pezuña. Se trata de una combinación de factores acumulativos que convierte un tejido ya sometido a estrés en un punto de fallo previsible.

La línea blanca: donde todo empieza a fallar

Entre las lesiones en las pezuñas, las lesiones graves de la línea blanca merecen especial atención. La línea blanca, que es la unión entre la pared de la pezuña y la suela, está compuesta por un tejido córneo menos denso y más poroso, lo que la convierte en el punto estructuralmente más débil de toda la pezuña. La sobrecarga mecánica, el exceso de humedad y la acumulación de suciedad encuentran precisamente en esta zona una vía de entrada.

Las microfisuras en la línea blanca permiten la penetración de bacterias y materia orgánica, creando condiciones idóneas para el desarrollo de procesos inflamatorios e infecciosos. Clínicamente, la consecuencia más frecuente es la laminitis, acompañada de cojeras moderadas a graves. Un animal que cojea y siente dolor reduce su consumo de pienso, pierde ganancia diaria de peso y desplaza su carga hacia las extremidades contralaterales, agravando todavía más el cuadro clínico.

<p>Vistas frontal y posterior de la pezu&ntilde;a del cerdo, mostrando las zonas anat&oacute;micas evaluadas en cada pezu&ntilde;a. Pared: capa externa dura de cada pezu&ntilde;a; tambi&eacute;n puede denominarse c&oacute;rnea. Tal&oacute;n: epidermis queratinizada blanda situada en la cara plantar de la pezu&ntilde;a. Suela: parte inferior de la pezu&ntilde;a; es ligeramente m&aacute;s blanda que la pared y, en los cerdos, ocupa una superficie relativamente peque&ntilde;a. Uni&oacute;n tal&oacute;n-suela: l&iacute;nea de uni&oacute;n entre el tal&oacute;n y la suela. L&iacute;nea blanca: l&iacute;nea que bordea la suela y que constituye la uni&oacute;n entre esta y la pared en la cara inferior de la pezu&ntilde;a. (FP, FM y FD: falanges proximal, media y distal).</p>

De la granja a la planta de beneficio: la vía de infección

Lo que muchos productores aún no valoran suficientemente es que una lesión en la pezuña no es solo un problema de bienestar o rendimiento en la granja. Con frecuencia, constituye el punto de partida de una infección sistémica que solo se hace evidente durante la inspección postmortem y, en ocasiones, afecta a estructuras anatómicas muy alejadas de la pezuña afectada. Y este aspecto suele subestimarse.

Una vez vulnerada la barrera cutánea o córnea, patógenos como Trueperella pyogenes, Staphylococcus spp. y Streptococcus spp. pueden acceder al sistema linfático y circulatorio. A partir de ahí, la diseminación sanguínea puede generar focos sépticos en huesos y articulaciones de diferentes zonas del animal. La osteomielitis vertebral y mandibular figuran entre las posibles consecuencias y ya representan la mayor parte de los decomisos totales de canales en algunas plantas de beneficio con un gran volumen de beneficio. La presencia de abscesos óseos o múltiples focos purulentos es suficiente para que los servicios oficiales de inspección veterinaria ordenen el decomiso total de la canal y su destrucción. Sin excepciones.

Más allá de las secuelas infecciosas, los animales con problemas locomotores son mucho más propensos a sufrir caídas y fracturas durante el transporte y manejo antemortem. Los hematomas extensos resultantes a menudo obligan a realizar recortes agresivos o decomisos parciales de piezas de alto valor, como el jamón.

<p>Imagen de la izquierda: Lesi&oacute;n grave de la l&iacute;nea blanca; Imagen de la derecha: Lesi&oacute;n grave de la l&iacute;nea blanca; Fisuras verticales.</p>

¿Cuál es el costo real?

Las pérdidas económicas asociadas a los trastornos locomotores son considerablemente mayores de lo que suelen reflejar los registros a nivel de granja. Las pérdidas directas, como los decomisos totales o los parciales que penalizan la categoría debido a recortes en las piezas, son las más visibles. Sin embargo, las pérdidas indirectas que se producen durante todo el ciclo productivo son igualmente importantes:

En un mercado donde cada vez existe un mayor control sobre los estándares de bienestar animal, una alta tasa de lesiones locomotoras en la planta de beneficio también empieza a afectar al acceso a programas de primas y segmentos de mercado de mayor valor; se trata de un costo competitivo que va mucho más allá de la planta de beneficio.

¿Qué se puede hacer?

El seguimiento sistemático de las lesiones en las pezuñas y la evaluación de cojeras deben convertirse en componentes habituales de los protocolos de manejo, tanto en granja como en planta de beneficio. La detección temprana, el ajuste de la densidad de los animales, el mantenimiento riguroso de los suelos y unos criterios de selección genética que tengan en cuenta la robustez esquelética, y no solo el rendimiento productivo, constituyen los pilares de cualquier estrategia eficaz.

Reconocer que una lesión de la línea blanca detectada en granja es precursora del decomiso de la canal en la planta de beneficio cambia radicalmente el enfoque de este problema. No se trata simplemente de una cuestión de bienestar animal individual o de rendimiento en la fase de engorde: es una cuestión de sostenibilidad económica en toda la operación.