Es hora de repensar los protocolos de vigilancia frente a Mycoplasma para la introducción de primerizas en granjas de cerdas negativas

Alyssa BetlachMaria Pieters
08-oct-2020 (hace 2 años 1 meses 24 días)

Vigilancia de enfermedades en primerizas de reemplazo

Las primerizas de reemplazo son literalmente "sangre nueva" para los rebaños, y son esenciales para la productividad de la granja de cerdas, ya que proporcionan avance genético y mantienen la distribución de partos. Sin embargo, también representan un riesgo de entrada de patógenos (incluso en la granja más biosegura) debido a su introducción frecuente, repartida durante todo el año, en las granjas de cerdas receptoras. Varios patógenos de gran importancia, incluido Mycoplasma hyopneumoniae (M. hyopneumoniae, generalmente denominado micoplasma ), se transmiten principalmente a través del contacto directo entre cerdos infectados y susceptibles. Por lo tanto, las prácticas de bioseguridad, que incluyen diferentes periodos de aislamiento y pruebas de vigilancia, se implementan de forma rutinaria en las poblaciones de primerizas de reemplazo para ayudar a prevenir enfermedades. En general, los protocolos de vigilancia están diseñados para evaluar con precisión el estado de salud de una población y detectar patógenos específicos de interés de manera temprana y activa. Por lo tanto, la vigilancia de enfermedades es la columna vertebral de un programa de bioseguridad sólido.

Estrategias actuales para la vigilancia de M. hyopneumoniae y sus posibles limitaciones

Para la vigilancia de micoplasma se recogen muestras de sangre, individuales, y fluidos orales, a nivel de corral, y se suelen analizar para la detección de anticuerpos y material genético, respectivamente. Las muestras de sangre y los fluidos orales han sido los tipos de muestras más utilizados hasta la fecha, en gran parte debido a la facilidad de recolección y al hecho de que los mismos tipos de muestras pueden usarse para detectar múltiples patógenos, como el virus del síndrome respiratorio y reproductivo porcino y el de la diarrea epidémica porcina, para los cuales también debería analizarse a las primerizas. El uso de muestras de sangre y fluidos orales para las pruebas de micoplasma maximiza el uso de tiempo y esfuerzo en el programa de vigilancia. Aunque pueda parecer una ventaja, esto ha llevado a utilizar rutinariamente unas muestras clínicas que pueden ser subóptimas para la detección de M. hyopneumoniae, especialmente durante las primeras semanas posteriores a la infección.

Por otro lado, varios estudios en los últimos años han señalado que la detección de micoplasma en cerdos vivos es extremadamente sensible al tiempo tras de la infección inicial y la variación en las muestras clínicas. Dicha información plantea varias preguntas con respecto a la precisión de los protocolos de vigilancia actuales y su capacidad para detectar una infección reciente por micoplasma en una población naïve de primerizas.

En un esfuerzo por evaluar los desafíos de la detección de micoplasma en condiciones similares a las encontradas en el campo, nuestro equipo de investigación diseñó un estudio dirigido a recrear protocolos de vigilancia comunes para las pruebas de primerizas antes de su introducción a las granjas de cerdas. También se incluyeron en el estudio otros tipos de muestras y ensayos que pueden considerarse de última generación para la detección de M. hyopneumoniae.

Un modelo de transmisión natural de micoplasma entre primerizas

Se introdujo una primeriza infectada de manera natural con M. hyopneumoniae en un corral, alojada con un grupo de cerdas jóvenes naïve de la misma edad (n = 30 en total) durante ocho semanas. La primeriza infectada de manera natural se encontraba en la etapa temprana de la infección y se cambió su identificación después de la introducción (de esa manera ni siquiera los investigadores podían discernir entre las primerizas naïve y las infectadas, evitando cualquier sesgo en el muestreo). Se recolectaron muestras de todas las primerizas varias semanas después del contacto (figura 1). En cada evento de muestreo se recolectaron catéteres traqueales profundos, hisopos laríngeos y muestras de sangre de cada primeriza individual, junto con una muestra de fluido oral por corral. Además, se recolectaron frotis bronquiales individuales al final del estudio para confirmar la infección. La presencia de anticuerpos específicos contra M. hyopneumoniae se evaluó en muestras de sangre mediante ELISA, mientras que la detección de material genético en todas las demás muestras se evaluó mediante PCR en tiempo real.

Se utilizó un modelo de infección natural para evaluar la detección de Mycoplasma hyopneumoniae después del contacto con una primeriza infecciosa

Sin sorpresas en la detección de micoplasma

Como era de esperar, la transmisión de M. hyopneumoniae entre cerdas naïve se produjo lentamente y la mayoría de las muestras clínicas en cerdas vivas naïve resultaron negativas para el patógeno, especialmente durante las primeras semanas posteriores al contacto con las primerizas infectadas (ver figura 2). Solo después de ocho semanas, 8 de las 29 cerdas naïve se infectaron con micoplasma. A las seis semanas después del contacto, una primeriza no tratada resultó positiva frente a micoplasma en catéteres traqueales profundos y frotis laríngeos y no fue hasta ocho semanas después del contacto cuando esta cerda recién infectada resultó positiva para anticuerpos. Es importante señalar que los fluidos orales permanecieron negativos para la detección de micoplasma durante las ocho semanas completas del estudio, independientemente del hecho de que una primeriza positiva formaba parte del grupo de la muestra.

Proporción de primerizas positivas por contacto de Mycoplasma hyopneumoniae

Aunque se detectó M. hyopneumoniae a lo largo de todo el estudio utilizando catéteres traqueales profundos y/o hisopos laríngeos en las primerizas infectadas de manera natural, la seroconversión se retrasó y solo se identificó por primera vez seis semanas después de la infección.

Oportunidades para optimizar los protocolos de vigilancia de micoplasma

A raíz de los resultados de esta investigación el mensaje está muy claro: el tiempo tras la exposición y el tipo de muestra empleada para las pruebas de M. hyopneumoniae son cruciales e influirán significativamente en la capacidad para detectar este patógeno. Las muestras recogidas del tracto respiratorio inferior, por ejemplo los catéteres traqueales profundos, ofrecieron la mayor sensibilidad entre los tipos de muestras. Sabiendo que un programa de vigilancia integral es clave para prevenir brotes de enfermedades en las granjas de cerdas, es fundamental que los profesionales veterinarios revisen los protocolos existentes y los rediseñen basándose en la información de diagnóstico más actualizada. Los protocolos de vigilancia tradicionales no deberían convertirse en una tradición. Los profesionales porcinos pueden confiar en la investigación de campo para mejorar la estrategia para la prevención de la enfermedad por micoplasma.

Este estudio fue financiado por el Minnesota Pork Board y Pork Checkoff.