8 de octubre de 2026 | 333 Argentina
09-oct-2026 (hace 15 días)"The Good Pig no empezó con una familia de productores porcinos. Empezó como un proyecto de inversión. Una serie de eventos desafortunados — o afortunados, depende de cómo se los mire— terminó transformando la composición societaria y convirtiendo a algunos de sus socios en criadores de cerdos sin tener un gramo de experiencia".
"La historia comienza en 2014 con un proyecto de 500 madres en General Las Heras, sobre la Ruta 40, provincia de Buenos Aires, pagando el derecho de piso con todas las letras: tres constructores fallidos, créditos que nunca se concretaron, deudores incobrables y algún cuento más que quedará para algún asado". Así lo afirmaron directivos de la empresa.
Finalmente, el proyecto quedó en manos de sus dos socios principales, Carlos Vesprini y Marcelo Riva. Este último asumió el rol operativo junto a sus hijos, Matías y Nicolás.

En 2018, cuando la granja todavía no había alcanzado una estabilidad productiva, tomaron una decisión importante: ampliar a 1250 madres. La apuesta partía de una convicción bastante clara: el futuro de la producción porcina iba a requerir escala, eficiencia y profesionalización.
Hoy The Good Pig cuenta con 1600 hembras y más de 50 personas trabajando, y ya proyecta una nueva ampliación que llevará la granja a 3000 madres.
Productivamente, la granja alcanza actualmente los 3900 kilos vendidos por hembra por año, un número que parecía impensable apenas un año atrás y que hoy la ubica muy cerca del objetivo de los 4000 kilos por hembra por año que se propusieron como referencia de una granja estabilizada y eficiente.
Alcanzar estos niveles productivos les permitió empezar a poner más energía en otros aspectos que consideran fundamentales para la sustentabilidad de la empresa en el largo plazo.
Uno de ellos son los recursos humanos, un área sumamente importante y que muchas veces queda fuera del foco dentro de las empresas agropecuarias.
En The Good Pig implementaron sistemas de incentivos ligados a la producción, capacitaciones constantes dentro y fuera de la granja y distintas iniciativas orientadas al bienestar de quienes trabajan allí.
Entre ellas desarrollaron su propio almacén para empleados. Cuentan con un gallinero de ponedoras y una huerta, y ofrecen una canasta básica al costo con vegetales, huevos y carne de cerdo envasada al vacío.
La idea es bastante sencilla: darle prioridad no solamente a la economía de su gente, sino también a la calidad y trazabilidad de los alimentos que ponen arriba de la mesa.
En materia ambiental también hubo mucho desarrollo, en buena medida por iniciativa de los propios socios y no solamente por exigencias regulatorias.
La granja cuenta con sistemas de recolección y tratamiento de efluentes, separación de sólidos, biodigestores, lagunas impermeabilizadas y generación de energía mediante paneles solares.

Más recientemente dieron otro paso: comenzar a comercializar parte de su producción bajo la marca Porco Rosso. A través de Porco Rosso llegan directamente al consumidor final, restaurantes, frigoríficos y mayoristas, además de trabajar en el desarrollo de nuevos productos.
Esta integración les permite evitar intermediarios, entender mejor qué demanda cada cliente y acercar al consumidor información sobre el origen y la trazabilidad de la carne que consume.

Después de más de diez años, The Good Pig sigue siendo un proyecto en construcción.
Pasaron de aprender a criar cerdos prácticamente desde cero a pensar una empresa integrada que busca combinar escala, eficiencia productiva, personas, sustentabilidad y comercialización. Con 3.000 madres en el horizonte, todavía queda bastante historia por escribir.

