El año 2025 se caracterizó por presentar matices diversos. A pesar del contexto económico imperante, el sector porcino argentino volvió a demostrar su capacidad de expansión, logrando un incremento tanto en el volumen de animales faenados como en la producción total de carne.
En lo que respecta a la faena, se alcanzó la cifra de 8 517 500 cabezas, lo que representa un crecimiento del 2,5 % en comparación con el ciclo 2024.
Asimismo, la producción de carne de cerdo (res con hueso) ascendió a 812 272 toneladas (t), reflejando una expansión anual del 3,4 %. Si bien estos indicadores son positivos (ya que marcan la continuidad del desarrollo sectorial a pesar de los altibajos de la economía), es importante observar que el ritmo de expansión se ha enlentecido, situándose por debajo del promedio del 7,3 % anual registrado en la última década.
El mercado interno sigue siendo el principal impulsor de este crecimiento. Durante 2025, el consumo alcanzó los 18,9 kg por habitante/año, logrando un incremento interanual del 8,8 %.
Sin embargo, el análisis del mercado también revela aspectos negativos. El nivel de las importaciones alcanzó las 53 475 t, lo que implica un salto interanual cercano al 136%
En contrapartida, las exportaciones sufrieron un retroceso del 14 %, con un volumen de apenas 12 370 t. Esta disparidad configura una radiografía comercial compleja: mientras se importan mensualmente más de 4400 t, solo se logran exportar 1300 t. Esto ratifica que el crecimiento actual depende casi exclusivamente del impulso del mercado interno; de hecho, en el periodo 2015-2025, el 99 % de lo producido se destinó a dicho fin.
El balance de los indicadores de 2025 permite proyectar el escenario para el año que comienza. El sector se enfrenta a un mercado interno amenazado por volúmenes preocupantes de carne importada y condicionado por una macro y microeconomía que implica un poder adquisitivo complicado en la mayoría de la población.
Esta situación determina que el consumo crezca bajo la presión de un precio del cerdo en pie muy planchado, lo que dificulta la rentabilidad en las granjas. Como referencia, en 2025 el costo de producción aumentó casi un 47 %, mientras que el precio máximo del capón apenas superó un 16 % de incremento.
Es altamente probable que este escenario se repita durante el 2026. Sin un volumen importante de carne exportada que descomprima el mercado interno, el precio del cerdo en pie mantendrá poca variación para asegurar la competitividad de la carne en el mostrador. Se convivirá nuevamente con altos volúmenes de carne importada, mientras que el mercado de exportación avanzará al ritmo pausado que exige la consolidación de nuevos destinos.
La dependencia del mercado interno genera la necesidad de revisar los objetivos a largo plazo. Surgen dudas sobre la factibilidad de alcanzar las metas del Plan Estratégico FPA para 2032, que proyecta 28 kg de consumo y 300 000 t exportadas. La lógica del desarrollo de los mercados externos obliga a ser cautos respecto a los volúmenes proyectados.
Para estimar racionalmente el techo de la carne de cerdo en el país, es fundamental observar el comportamiento de las otras carnes preferidas por los argentinos:
Dado que el consumo total de carnes promedia los 113 kg (con picos de hasta 116 kg), el crecimiento porcino futuro estará sujeto a cuánto pueda disminuir el consumo de carne bovina. En este marco, el aumento constante en la faena y el tamaño de las granjas asegura una oferta mayor orientada a un único mercado que podría estar alcanzando su límite. Esto plantea un terreno poco alentador: un mercado sobreofertado y sin la descompresión del exportador podría derivar en una concentración de la actividad en pocas grandes empresas.
El análisis de lo ocurrido en 2025 sirve como GPS para predecir lo que viene y permite revisar o recalcular el futuro inmediato.
Con el mercado interno únicamente, será difícil alcanzar las metas propuestas para el 2032; el sector necesita abrir con urgencia la ventana del mercado exportador. Sin esa descompresión, se transitarán años de rentabilidades muy ajustadas para que el precio se adecue al bolsillo de los argentinos. Bajo estas condiciones, el negocio se desplazará hacia el volumen de producción, propiciando que las granjas más pequeñas desaparezcan o se integren en procesos de mayor escala para poder sostenerse.
Med. Vet. Jorge Brunori
INTA EEA Marcos Juarez