Proteína bruta en la dieta de lechones

La inclusión de fuentes proteicas altamente digeribles es una forma de mantener las producciones a la vez que la salud.

Miércoles 1 octubre 2008 (hace 8 años 2 meses 8 días)

Introducción

Las dietas de iniciación de alta concentración en proteínas se han empleado especialmente para lechones destetados tempranamente, con la finalidad de hacer más fácil la transición de la alimentación láctea a la sólida. Sin embargo, las dietas con alto contenido en proteína pueden favorecer la proliferación de bacterias patógenas en el tracto gastrointestinal (Prohászka y Baron, 1980). La eliminación en la UE del uso de los promotores de crecimiento antimicrobianos en el pienso, debida en parte a la preocupación por el aumento de la resistencia a los antibióticos de las infecciones bacterianas en humanos, junto a las dietas de iniciación altas en proteínas pueden aumentar la incidencia de diarreas post-destete, suponiendo pobres producciones o aumentos en el uso de aditivos medicamentosos en el pienso. Manipular el suministro de proteína en la dieta mediante la reducción de contenido proteínico y/o incrementando su digestibilidad con el fin de reducir la cantidad del sustrato disponible para la proliferación bacteriana puede ser un recurso efectivo que preserve la salud de los lechones con dietas sin antibióticos. Ambas opciones se discuten a continuación.

Reducción del contenido proteico en la dieta

Numerosos estudios han contemplado las posibilidades de reducir las diarreas post-destete disminuyendo los niveles de proteína en las dietas de iniciación y de ese modo limitar la disponibilidad de la proteína no digerida para las bacterias entéricas potencialmente patógenas. Wellock et al. (2006; 2008a,b) observaron que reduciendo el nivel de proteína en la dieta del 23 al 13% se conseguía que las heces fuesen más consistentes, con menos bacterias patógenas y una mejor salud intestinal con una mayor proporción de bacterias beneficiosas respecto a las nocivas, con la consiguiente disminución del riesgo de diarreas post-destete. Esto fue especialmente cierto en lechones expuestos a una infección experimental de Escherichia coli enterotoxigénico, los patógenos se asociaron principalmente con la diarrea post-destete, y con los lechones destetados a las 4 en lugar de las 6 semanas de edad.


Efecto infección ETEC en lechones destetados
Figura 1. Efecto de la infección experimental con E. coli enterotoxigénico en las producciones de lechones destetados a la edad de 4 y 6 semanas a los cuales se les ofrecieron dietas bajas o altas en proteínas respecto a aquellos cerdos no infectados (0-3 días post-infección; infectados a los 3 días de destete). (Wellock et al.,2008a).

En estos experimentos se mantuvo un contenido de aminoácidos en relación a la proteína constante en el que la lisina representaba el 7% de la proteína bruta. La disminución proteica al 13% tuvo un considerable efecto perjudicial en el crecimiento, pero no fue el caso de los lechones con dietas del 18% de proteína donde las producciones del período inmediatamente posterior al post-destete fueron similares a las dietas con un 23% de proteína.

Efecto nivel proteína sobre producción lechones destetados
Figura 2. Efecto del nivel de proteína bruta sobre las producciones a las 2 semanas post-destete en lechones destetados a 4 semanas de edad, a los cuales se les ofrecieron dietas con un contenido en proteína bajo, medio o alto. (Wellock et al.,2006).

Para minimizar el efecto perjudicial en la producción de los bajos niveles proteicos en la dieta, a la vez que se mantienen los efectos beneficiosos sobre la salud entérica, Nyachoti et al. (2006) suplementaron dietas bajas en proteína (210, 190 o 170 g CP/Kg.) con aminoácidos cristalinos para lograr un contenido de lisina y metionina más cistina, treonina y triptófano digestible ileal estandarizada igual en todas las dietas. Sin embargo, se describió una disminución en las producciones cuando la proteína de la dieta se redujo a 190 g PB/Kg o por debajo. Aunque la suplementación con aminoácidos es cada vez una práctica comercial más común, es más difícil de aplicar en dietas de iniciación sin causar una deficiencia potencialmente grave de aminoácidos no esenciales. Esto es una realidad y en concreto en la UE dado que en la actualidad únicamente hay disponibles 4 aminoácidos sintéticos, no pudiéndose aun emplear la valina y la isoleucina. Así parece que mientras una reducción moderada (aproximadamente del 2 al 3%) de la proteína de la dieta es bastante factible con un impacto poco relevante sobre la producción, una reducción superior al 4%, aun manteniendo el equilibrio en aminoácidos esenciales, es cada vez más difícil y de esperar que reduzca las producciones.

Mejorar la calidad de la proteína

El uso de fuentes de proteína más digeribles en las dietas de iniciación, como por ejemplo las fuentes de proteína animal en lugar de proteínas vegetales, ha mostrado que mejora la salud intestinal y por lo tanto representa una mejora en el crecimiento. Por ejemplo, el experimento de Wellock et al. (2006) demostró que los lechones con dietas a base de leche descremada en polvo consumían más pienso, tenían mayores crecimientos y mejoraban su índice de conversión respecto a dietas a base de soja. Aunque todos los lechones estuvieron clínicamente sanos los resultados indicaron que el riesgo de diarreas post-destete era superior en los lechones alimentados a base de soja debido a un aumento de la fluidez de las heces y una reducción en la salud intestinal como indica la reducción de la relación lactobacilos/enterobacterias y el aumento del pH gastrointestinal. Esta mejora del índice de crecimiento post-destete puede reducir la edad al sacrificio (Tokach et al., 1998; Lawlor et al., 2003). Mientras que lo explicado anteriormente se centra en la calidad de la proteína determinada por su digestibilidad, debe considerarse que algunas fuentes de proteína, como la leche en polvo, también pueden proporcionar otras proteínas que tienen un papel secundario no relacionadas con el suministro de nutrientes, como las inmunoglobulinas y los factores de crecimiento, que pueden ser igualmente importantes en la nutrición del lechón. Por ejemplo, Miller y Toplis (2000) indicaron que el suministro adicional de 60 g/d de concentrado de proteína de suero, el cual generalmente contiene un nivel de Ig del 4% de la proteína, durante 4 días después del destete aumentó el peso de los lechones en 0,5 kg (12,7 contra 12,2 kg) a los 20 días post-destete.

Conclusión

Para aplicar el régimen de alimentación más apropiado para los lechones recién destetados es importante equilibrar el balance entre el efecto perjudicial de los niveles de proteína demasiado bajos sobre las producciones y los que aumentan el riesgo de diarreas post-destete. Esto dependerá también tanto del sistema de manejo como de las condiciones de alojamiento, y especialmente en lechones destetados tempranamente y en los ambientes donde los promotores de crecimiento antimicrobianos ya no están permitidos. La inclusión en dietas de iniciación de fuentes proteicas altamente digeribles es una forma de mantener las producciones a la vez que la salud.

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