La betaína como modificador metabólico en el cerdo

La betaína, químicamente trimetilglicina (N,N,N-trimetilamonioacetato), es un compuesto que está presente en todos los organismos vivos en cantidades variables.

Miércoles 30 abril 2003 (hace 13 años 7 meses 8 días)

La betaína, químicamente trimetilglicina (N,N,N-trimetilamonioacetato, Figura 1), es un compuesto que está presente en todos los organismos vivos en cantidades variables. Materias primas con niveles elevados son la remolacha azucarera (de donde se obtiene industrialmente), la semilla de algodón o el germen de trigo. La primera forma de la betaína es betaína anhidro, producto cristalino, con un 97 % de pureza y de color marronáceo claro. Su uso como ingrediente en dietas de animales domésticos data de mediados del siglo pasado como sustitutivo de la metionina y la colina en dietas para aves. En 1990 se publicó un trabajo en el cual se indicaba que la suplementación de la dieta con betaína reducía la cantidad de grasa en las canales de pollo y, a raíz de ello, creció el interés de la utilización de betaína en los piensos como compuesto lipotrópico.

La betaína es un compuesto intermediario en el catabolismo de la colina y actúa donando grupos metilo a la homocisteína para formar metionina (si se desmetila completamente formaría glicina, ver Figura 1). Las relaciones entre la colina, metionina y betaína son importantes en nutrición. Los tres compuestos comparten la función de ser donadores de grupos metilo, necesarios para varias funciones en el cuerpo. Tanto la colina como la metionina tienen funciones esenciales en las cuales no pueden ser reemplazadas por otros nutrientes (formación de membranas o síntesis proteica, respectivamente). Sin embargo, la betaína podría reemplazar a estos dos nutrientes una vez que las necesidades esenciales estuvieran cubiertas. Un posible modo de acción de los donadores de grupos metilo incluye la sustitución parcial de la metionina en procesos como la metilación de ácidos nucleicos y otros substratos (síntesis de carnitina, creatina, fosfatidilcolina) que requieren la transferencia de grupos metilo solamente desde S-adenosil-metionina, liberando metionina adicional para otras funciones metabólicas. De hecho, hay autores que encontraron que la betaína podía reemplazar en parte a la metionina en dietas de acabado de porcino deficientes en aminoácidos azufrados.

Diversos estudios han constatado una reducción en la deposición grasa y un aumento en la deposición magra por suplementación de betaína. La colina y la betaína actúan como lipotropos aumentando las concentraciones de betaína y betaína-homocisteína metil transferasa hepáticas. El aumento de betaína-homocisteína metil transferasa es responsable de la transferencia de grupos metilo de la betaína a la homocisteína, resultando en la producción de metionina y dimetilglicina. La degradación normal de la homocisteína, en ausencia de biosíntesis de metionina puede conducir a la formación de acetil Co A, lo que podría ser utilizado como substrato en la lipogénesis. Aunque el papel metabólico exacto de la betaína en la regulación del tejido adiposo no se conoce exactamente, la metilación de la homoscisteína a metionina, y la subsecuente transaminacion de la metionina, podría reducir el pool disponible de homocisteína para la producción de acetil Co A y así reducir la cantidad de substrato disponible para la síntesis de ácidos grasos, y su consecuente deposición. Esta teoría tiene más aceptación que la de que la betaína fomenta la oxidación de ácidos grasos, pues diversos estudios indican que no ocurre este fenómeno.

La betaína, además de ser un donador de grupos metilo activo y por su efecto lipotrópico, también juega un importante papel en la regulación del balance osmótico intracelular. Se ha demostrado que la betaína aumenta la osmo y criotolerancia de Listeria monocytogenes cuando es sometida a alto estrés por nivel de sal o bajas temperaturas. De este modo, estas propiedades osmo-protectoras de la betaína podrían afectar a la calidad de la carne de cerdo asumiendo que la betaína se acumula en el tejido muscular de los animales que la consumen. Sus características osmoprotectoras probablemente induzcan a mayores efectos cuando los animales están sometidos a diferentes situaciones de deshidratación por estrés, enfermedad o a altas temperaturas, aunque este extremo no está suficientemente contrastado.

El interés por la utilización de betaína en las dietas para porcino ha aumentado desde que en 1993 se observó una importante disminución en la grasa dorsal. Posteriormente, aunque algunos investigadores han encontrado que la inclusión de betaína en la fase de cebo mejora la ganancia media, disminuye el consumo de pienso o mejora la eficacia alimenticia, en general no se observa efecto alguno sobre la productividad. Sin embargo, el efecto de la betaína sobre la reducción de la deposición grasa es bastante más consistente, aunque depende del tipo de animal (es más esperable el efecto en razas más grasas, y en castrados más que en hembras o machos enteros) y de dieta (nivel energético y aminoacídico). Asimismo no se ha observado efecto de la betaína sobre la digestibilidad de los nutrientes, y en general tampoco sobre la calidad de la carne, aunque en algunos trabajos se han encontrado ligeras mejoras sobre las pérdidas por cocinado o en el color, además del enriquecimiento de betaína de la carne.

Los niveles de betaína utilizados normalmente varían entre un 0,125 % y un 0,5 %. En principio, el efecto de la betaína sobre la disminución de espesor graso y concentración grasa de la canal se comporta linealmente en este intervalo de utilización.

En conclusión, la betaína es un suplemento nutricional con importantes implicaciones biológicas, cuyo efecto más contrastado es la disminución del contenido graso de las canales. Sin embargo, el efecto de la betaína es variable, y a la hora de evaluar los resultados debemos tener en cuenta el sexo de los animales (hembras, machos enteros o castrados), el contenido en energía de la dieta, el nivel y equilibrio de aminoácidos de la dieta (en especial los azufrados) y el grado de estrés (restricción, densidad, temperatura) al que estén sometidos los animales, ya que son factores que interaccionan en cierta medida con el efecto de la betaína. Sin duda, es necesaria más investigación para dilucidar y cuantificar los efectos y los mecanismos de acción de este suplemento nutricional, resultados que posicionarán a dicho producto en el mercado.

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