Retirada de promotores e infecciones digestivas

La Unión Europea obliga a retirar en el próximo mes de julio cuatro promotores del crecimiento: la virginiamicina, la tilosina, la bacitracina y la espiramicina.

Domingo 27 junio 1999 (hace 17 años 5 meses 12 días)

La Unión Europea obliga a retirar en el próximo mes de julio cuatro promotores del crecimiento: la virginiamicina, la tilosina, la bacitracina y la espiramicina. En septiembre se retirarán además el carbadox y el olaquindox.

Hay una lógica preocupación en el sector sobre las consecuencias de esta retirada, cuyas razones son mucho más políticas que científicas (y que no se va a aplicar en otros países que compiten con los productores de ganado porcino europeos). En lo que se refiere a las infecciones del aparato digestivo cabe preguntarse hasta qué punto se incrementarán y qué alternativas quedan para su control.

Es difícil responder a ambas preguntas. Indudablemente, los problemas digestivos aumentarán. Estos promotores regulan la flora intestinal y reducen los daños que algunos de los componentes de esta flora causan en el aparato digestivo, mejorando indirectamente los índices productivos a través de un aprovechamiento mejor del pienso. También actúan reduciendo la activación del sistema inmune del cerdo y, en consecuencia el catabolismo que causa ésta.

Teniendo en cuenta la patogenia de las infecciones digestivas, principalmente de las de etiología bacteriana, aumentará la gravedad de las enfermedades que causan o aparecerán clínicamente en granjas donde pasaban desapercibidas. La eficacia de los promotores es más evidente en granjas con peores condiciones sanitarias y, en consecuencia, su retirada será más problemática en estas granjas que en aquellas con un estado sanitario mejor.

Actualmente en la mayor parte de las infecciones digestivas, debido a diversos problemas, no se puede contar con una profilaxis vacunal eficaz. Sabemos que hay factores de riesgo que influyen tanto en la aparición de enfermedad en los cerdos infectados como en la gravedad de esta enfermedad.

El primero es la alimentación. El pienso debe adaptarse todo lo posible a las necesidades del cerdo en cada fase. Es posible que, como sucede en otros países, se llegue a la fabricación de dietas específicas para cada granja. También es importante que el pienso tenga una digestibilidad óptima, que no contenga factores antinutricionales y que haya una supervisión constante del control de calidad de todo el proceso de fabricación, desde la recepción de materias primas hasta la granulación.

Las condiciones de alojamiento y manejo de los cerdos: densidad, temperatura y cambios de temperatura, ventilación, suelo, tipo de pienso etc. tienen también un peso considerable en las pérdidas que originan estas infecciones y su mejora contribuirá a disminuirlas.

Los tratamientos terapéuticos aumentarán. Con el fin de que los costes sean los mínimos posibles, deberán ser realizados previo diagnóstico exacto de la enfermedad que se pretende controlar y en el momento en que tengan la máxima eficacia económica. El problema es que, en algunos casos, no conocemos con suficiente detalle la epidemiología de la infección como para establecer con certeza absoluta cuál es este momento. La disponibilidad de nuevas técnicas de diagnóstico puede ayudar en este sentido.

En resumen, será necesario adaptarse a una situación nueva en la que van a aumentar los costes y hacerse más difícil la producción especialmente en aquellas granjas con peores instalaciones y con condiciones sanitarias más deficientes.

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