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Tener un gran número de cerdos alojados en un único corral no es
algo nuevo, especialmente en la industria norteamericana. No hay que remontarse
muy atrás para pensar en grandes extensiones con, literalmente, cientos
de cerdos vagando por las colinas en sistemas de manejo extensivo. A medida que
la industria avanzó, los cerdos de engorde se alojaron en naves de vacuno
de leche reconvertidas, con un gran número (de nuevo, cientos) de cerdos
ocupando un espacio definido. Incluso hoy en día podemos encontrar grandes
grupos de cerdos alojados en granjas tipo tubo. Pero, en la última década,
el manejo intensivo ha desarrollado técnicas utilizables en grandes grupos
alojados en un espacio cerrado.
La clasificación automática (“auto-sorting”)
forma parte de estas técnicas. La clasificación automática
utiliza ordenadores, básculas electrónicas y compuertas automatizadas
para pesar y clasificar a los animales según su peso a medida que avanzan
voluntariamente a través de un pasillo para obtener su ración diaria
de pienso.
Los productores americanos están descubriendo, a través de su experiencia,
las consecuencias de la clasificación automática en grupos de cebo
de gran tamaño. El tiempo ha demostrado que hay verdaderas ventajas, pero
hay que hacer consideraciones importantes y, para algunos productores, algunas
son negativas y sorprendentes.
Tal vez las mayores ventajas de la clasificación automática y las
cuadras de gran tamaño (100-800 animales por grupo) sean las que son más
difíciles de medir: el bienestar y la imagen pública. No cabe duda
de que la percepción del público está a favor de los grupos
grandes con espacios abiertos, libertad de movimientos y peleas reducidas al mínimo.
Los cerdos parecen tranquilos y pacíficos cuando se tumban uno al lado
de otro, sin tener que competir por el lugar más confortable en cuanto
a temperatura y corrientes de aire. Si se gestiona debidamente (con inspecciones
y actuaciones humanas frecuentes), los cerdos no se espantan por los operarios
que se encuentren cerca de ellos. Las peleas son escasas o nulas dentro del grupo
porque los cerdos más apocados pueden evitar fácilmente a los agresores
y perderse en el grupo. Incluso después de retirar los animales más
pesados, no se producen rivalidades sociales.
La
moral del operario es mejor en general y son menores los perjuicios para el trabajador.
A los operarios les gusta desplazarse por el establo sin tener que trepar por
encima de las cuadras. Los vigilantes pueden observar a los cerdos con facilidad
a varias distancias y moverse entre ellos sin perturbarles. Con la clasificación
automática, el proceso de carga es más rápido, más
fácil y con menos lesiones (tanto humanas como porcinas) porque los cerdos
se acostumbran a seguirse uno a otro por las pasarelas estrechas. El Swine Vet
Center (Mankato, MN) ha comprobado que la incidencia de muertes y caídas
en la instalación del matadero es menor en los grupos de clasificación
automática que en las corralinas pequeñas.
Hay
factores económicos que rápidamente están a favor de los
grupos grandes y la clasificación automática. Los costes de la instalación
en cuanto a estabulación y comederos son reducidos. El mantenimiento y
la gestión de los comederos y abrevaderos son más fáciles
porque están localizados en un área más reducida. El trabajo
se reduce considerablemente durante la carga y la limpieza: es mucho más
fácil lavar a presión estas instalaciones de grupos grandes. La
programación de los cambios de dieta es mucho más exacta atendiendo
a la información del peso y la curva de crecimiento disponible a partir
de la escala de clasificación. Verdaderamente, nadie cuestiona el potencial
para ajustarse a los pesos del mercado que propicia la tecnología de la
clasificación automática.
Pero los productores han descubierto que hay aspectos confusos y algunos negativos.
En primer lugar, los productores deben desarrollar técnicas ganaderas ligeramente
diferentes. Si bien es verdad que no tienen que trepar por encima de las cuadras
para observar a los animales, ya no pueden observar eficazmente a los cerdos desde
el pasillo en grupos pequeños. Deben desarrollar técnicas de observación
que se centren en el individuo dentro de grupos más grandes y más
móviles. Deben aprender a hacer un aislamiento eficaz y técnicas
de tratamiento apropiadas para estos grupos. Las suspensiones de una medicación
toman una perspectiva diferente.
El adiestramiento de los animales para que pasen por la clasificación automática
requiere también paciencia y agudeza visual. Hay que añadir el trabajo
de identificar a los animales que no aprenden el procedimiento y ayudarles hasta
que lo hagan bien.
Esos son evidentemente los desafíos exclusivos de los sistemas de clasificación
automática en sí mismos. Los costes de la puesta en marcha son
considerables. El mantenimiento no ha sido un problema por lo general, pero,
naturalmente, hay que sumarlo.
Algunos de los primeros en adoptar la tecnología de clasificación
automática se sorprendieron al observar una reducción de la ingestión
que provocaba como promedio ganancias diarias más bajas y tiempos más
prolongados hasta alcanzar el peso del mercado. Puede haber múltiples razones
para la disminución de la ingesta alimentaria:
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El propio proceso de adiestramiento se lleva su tiempo; los cerdos no
comen de la manera habitual durante este período de adiestramiento.
• La desgana de pasar desfilando por la entrada para acceder a la
comida, aún cuando los cerdos sepan cómo se hace.
• Espacio insuficiente en el comedero para los de más peso,
ya sea porque no hay comederos suficientes o porque no hay suficiente
espacio entre ellos para que los animales grandes coman uno al lado de
otro.
• Espacio insuficiente en la propia zona de alimentación,
limitando el movimiento en dicha zona. |
El potencial genético de engorde puede resultar significativamente limitado,
en algunos casos supone más de 10 días para alcanzar el peso del
mercado (120 kg). Cuando se diseñan estos sistemas, se debe tener en cuenta
el diseño, la colocación de los comederos y la posible repercusión
sobre el flujo de producción.
En
resumen, la adopción por parte de los productores americanos, de corrales
de grupos grandes y de las tecnologías de clasificación automática
ha supuesto un cambio. La mejora de la percepción del público, la
reducción en el número de animales que sufren muerte o caídas,
la reducción de los costes de construcción, el menor número
de penalizaciones por falta de clasificación y la reducción de tareas
son incuestionables y todavía llaman la atención. Aprender nuevas
técnicas ganaderas, mantener el equipo adicional y la reducción
de la ganancia de peso diaria han hecho que algunos de los primeros en adoptarlo
renunciaran. En definitiva, no se ha llegado a un veredicto final; nuevos diseños
y una mejor gestión pueden enseñarnos todavía a usar mejor
estas herramientas.
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