Esta sección presenta diversas estrategias para la mejora de la producción en épocas de calor a través de quince artículos.

Necesidades de ventilación y refrigeración

Ventilo, luego refrigero, luego erro

Mucha gente cree que al ventilar está refrigerando y con ello comete un grave error. Ventilar surge de la necesidad de renovar el aire y refrigerar de la necesidad de bajar la temperatura.

La renovación del aire se debe hacer siempre y bajar la temperatura sólo en algunos momentos, básicamente en aquellos en los que superamos la temperatura crítica de evaporación (como ya hemos visto anteriormente).

En verano es cuando más mezclamos estos dos conceptos y creemos que hiperventilando conseguimos refrigerar. Nada más lejos de la realidad, si bien es cierto que un aumento de la velocidad del aire o una renovación superior nos puede dar la sensación de bajada de la temperatura, nunca estos dos factores terminarán siendo una refrigeración.

Si pienso "ventilo, luego refrigero" estoy cometiendo un gran error.

¿Por qué ventilar?
Para la mayoría de nosotros es normal al levantarnos cada mañana abrir las ventanas de nuestra habitación un rato. Este hecho que vemos como cotidiano no lo es en una granja de cerdos. Es raro que veamos necesario abrir las ventanas de una habitación en la que han dormido como mucho dos personas y que no entendamos que sea necesario hacerlo en una nave en la que pueden haber más de 1000 animales.

En una situación en la que los cerdos están confinados, ventilar será una necesidad. Esta necesidad viene de la producción de gases, humedad, polvo y componentes orgánicos que en concentración elevada son nocivos para los animales. Entre los gases que se producen destacaremos:

  • Dióxido de carbono: el CO2 se produce al respirar y también se desprende del estiércol y de las fuentes de calor. El CO2 es un claro indicador de la calidad ambiental. Tendríamos que usar este gas y no otros parámetros para saber la calidad ambiental. Buscaremos valores nunca por encima de 1500-2000 ppm y en base a estos parámetros ventilaremos.
     
  • Amoníaco: el amoníaco es producto de las fermentaciones que se producen en el purín y el estiércol, y en niveles elevados puede ser responsable de irritaciones en las mucosas de ojos y vías respiratorias.
     
  • Monóxido de carbono: el CO es producto de una mala combustión del gas o del carbón. El problema que presenta es que es altamente tóxico ya que ocupa el lugar del oxigeno en la sangre bloqueando el aporte de oxígeno.
     
  • Ácido sulfhídrico: este gas tiene un típico olor a huevos podridos. Se produce con la putrefacción del purín y se libera al remover, bombear o extraer purín.
     
  • Metano: la producción es debida a fermentaciones del estiércol, produciendo un burbujeo que puede acumularse en forma de espuma. Es un gas extremadamente volátil.

Es básico realizar un control (por lo menos una vez al año) de la calidad de ventilación de nuestras instalaciones si no queremos tener problemas. En este sentido se pueden hacer diferentes mediciones y pruebas de humo para ver la correcta distribución del aire.


Ventilación, cuestión de mínimos y de máximos
Fruto de la acumulación de los gases aparece la necesidad de ventilar. Cuando hablamos de ventilación es importante que tengamos claro los conceptos de ventilación mínima y ventilación máxima.

La ventilación mínima es aquella que debemos mantener siempre con el fin de eliminar los gases formados. Estas condiciones se deben mantener tanto en invierno como en verano.

Durante el verano no solemos tener problemas para mantener las condiciones de ventilación ya que es el momento en el que mezclamos el concepto ventilación-refrigeración. El problema más normal es el de no respetar las condiciones de ventilación mínima en invierno puesto que en condiciones de frío somos algo celosos de perder temperatura y evidentemente la mejor manera de no perder temperatura es la de no ventilar, aquí nace el verdadero problema.

Necesidades de ventilación mínima y máxima
Las necesidades de ventilación irán ligadas al peso vivo de los animales que queramos ventilar. En las siguientes gráficas podemos ver como el abanico se abre a medida que los animales crecen. Los valores se expresan siempre en metros cúbicos por lechón y hora.


Como podemos apreciar, las necesidades de ventilación irán ligadas a los quilos de peso vivo que se encuentran en aquel momento en la sala que queramos ventilar. De aquí nace otro de los problemas que nos surgen en la ventilación, el de la carga de animales que tenemos en la sala. Las salas se diseñan para alojar a un número de animales, es frecuente que si hemos pensado la sala para 500 animales encontremos 550 o 450 animales, esto evidentemente generará unas necesidades diferentes.


Lo veremos con un ejemplo: suponiendo que tenemos una sala con 100 animales de 25 kg PV, las necesidades de ventilación mínima son de 1100 m3 hora (puesto que para un animal de 25 kg se necesitan 11 m3/hora). Si en lugar de 100 tenemos a 130 entonces las necesidades son de 1430 m3/hora, con lo que si no reprogramamos nuestro ventilador no estaremos ventilando correctamente.

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